miércoles, 3 de diciembre de 2008

BRAGADO EN LA ESTACION EQUIVOCADA

Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)

Un pueblo poblado por fantasmas, un pueblo que no se puede abandonar, donde el dinero no vale nada y donde ocurren cosas insólitas, como el sacerdote que se pliega a la cruz mientras Cristo reposa en el suelo sobre una sábana blanca, es lo que narra “ La estación equivocada” de Reinaldo Bragado Bretaña ( La Habana 1953-Miami 2005).
Al crear este sugerente mundo, el autor rinde sencillo homenaje a novelas emblemáticas de la literatura hispanoamericana como Pedro Páramo, de Juan Rulfo; sólo que esta vez la fuente de inspiración no es ya personajes ni historia de ficción: es la propia historia de Reinaldo Bragado y los personajes que junto a él la construyen diariamente.
Al referirse a esta obra, el importante escritor, también cubano, Heberto Padilla, la califica como “uno de los libros más inquietantes de nuestra literatura”. Pienso que muchos son los signos que acuden a responder esta definición: inquietante por la atmósfera que describe , inquietante por el discurso narrativo que alude al hastió y a la vacuidad de una vida destinada a la rutina, sin posibilidad de escape.
-“Me aseguran que de aquí no se puede marchar nadie. Es más, me aseguraron que tampoco se podía llegar a ningún lugar” (forastero, p 63)
“la estación equivocada también ha sido calificada como una gran metáfora: el pueblo sin nombre ha sido destinado a vivir sin “trenes”, sin caminos, detenido en el tiempo, como seres que deambulan como zombis en pleno siglo veinte, donde ya el calor que respiran, de inaguantable es paradójicamente una broma, ante la asfixia que produce el encierro, la cárcel del cuerpo y el alma.
“La estación…” no escapa a sabidas fórmulas, y no por sabidas funcionales. Nuevamente el amor salva.
“En cuanto a Marina (…) La amé profundamente. Nos amamos profundamente hasta hacernos daño, ese tipo de daño que sólo pueden hacerse los amantes legítimos y valientes ( forastero, pp108-109)
Sólo el amor es capaz de sobrevivir a nuestras congojas. Sólo el amor es capaz de hacernos permanecer, aún cuando el hombre se encuentre en “La estación equivocada”.