miércoles, 17 de diciembre de 2008

TRAS LAS HUELLAS DE JUAN RENE BETANCOURT

NOTA ACLARATORIA
POR: MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)

Por la sorprendente vigencia que a más de cincuenta años de escritos siguen tenido en la Cuba de hoy muchos de los razonamientos que expresa en sus artículos Juan René Betancourt, es el deseo pleno del Movimiento Cultural Afrocubano seguir mostrando la valía de los mismos en un mundo que se tiende cada vez más xenofobia, y en una Cuba, que creída de que el racismo había desaparecido sólo por la llegada de una revolución al poder, y dio al negro goteados beneficios, brota hoy con fuerza el prejuicio y la discriminación, brota hoy de forma inquietante la subordinación d una raza sobre otra, algo contra lo que luchó Antonio Maceo y que tanto señalara nuestro Apóstol, cuando dijo que hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro
De forma distinta, pero en la realidad viene a resultar lo mismo, es cuando Juan Ramón señala que “El negro no es ni el dueño ni el parroquiano en la industria, el comercio o la banca, por esto mismo está ausente de todas las magistraturas, de todos los honores, de la dirección de todos los partidos, etc, etc”. Hoy hay un partido único en Cuba y en él se cuenta al negro a cuenta gota. Pero trasvolando la comparación su vigencia está presente en los llamados Poder4s Populares donde solamente en la Habana no hay un solo negro en puesto de relevancia; pero no sólo en la Habana, baste con dar un paneo por la provincia de Camaguey, donde el negro, más que preterido, vive en un constante apartheid cubano como también lo experimentan las provincias de Cienfuegos, Villa Clara y otras que solo se acuerdan del afrocubano a la hora de asistir a las urnas.

Los que refuten estas líneas, dirán que al hombre se escoge por sus cualidades. Entonces estaremos de acuerdo; el negro cubano no tiene condiciones ni cualidades suficientes para ser acreedor de un empleo en el turismo, nuestras mujeres negras se marean y por eso no pueden ser aeromozas, y así hasta el infinito…Y esto es algo que ya demuestra el germen racista d la mayoría de los dirigentes cubanos.











LOS TRAIDORES
POR JUAN RENÉ BETANCOURT
TEMA # 10
Cuando una raza ha sido vencida y despojada de todos los bienes materiales de la vida, inmediatamente cunde el temor, la sensibilidad se atrofia anulando en los más los valores del espíritu y entonces les nacen a la raza dada sepultureros propios que la empujan cada vez más hacia el abismo.
Nuestra raza está en ese caso. De sus propias entrañas les nacen tremendos destructores engendrados por diversas causas: hora es la envidia, ya el interés miope o la cobardía despreciable de tiranizar a sus hermanos creyendo así alagar al vencedor, etc., lo cierto es que a la raza le sobran perturbadores de oficio, críticos injustos, apáticos culpables, etc., que la conducen a un terrible destino. Todos aquellos quienes por acción u omisión perjudiquen o entorpezcan de alguna manera el desenvolvimiento de la raza, caben dentro del epígrafe genérico de traidores.- (Quien no está conmigo está contra mí)- Martín Lutero.-) Pero las mismas circunstancias que engendran al traidor en su acepción más amplia, engendran también al líder y a sus acólitos: de el predominio de uno de estos dos poderes está el hundimiento o la salvación de la raza.
Conocer la génesis amoral del traidor no es justificarlo y menos perdonarlo, pues políticamente su destrucción es tan necesaria como en el orden de las especies la muerte de cuantos individuos amenacen y pongan en peligro la existencia del hombre. A nadie se le ocurre juzgar desde el punto de vista moral al tigre o la hiena, pero todos están convencidos de la necesidad de que mueran, de que sean destruidos. Lo mismo sucede con los traidores. La Organización y la raza necesitan su liquidación política y social, y no se puede ser blando en esto ni andar con miramiento alguno.
Esa lucha intestina de la lealtad contra la traición, de lo trascendente contra lo rutinario, de lo verdadero contra lo falso…etc., lleva inhíbito un proceso de selección que la raza necesita y quiere, pero es preciso, y en ello va nuestra responsabilidad histórica, que el dicho proceso culmine en progreso, de modo que lo sobrevivan los lideres genuinos, los hombres verdaderamente extraordinarios que salvarán a la raza.
Los traidores caerá…los leales vencerán…la raza será feliz.






















NUESTRO AJUSTE HISTORICO
POR JUAN RENE BETANCOURT
TEMA # 11

Cuando la tentativa de organizar a un pueblo coincide con el momento en que la historia le plantea a ese pueblo la inapelable disyuntiva de la vida o la muerte, de hacerse fuerte o morir, decimos que la dicha tentativa está ajustada históricamente, ya que por instinto el pueblo optará siempre por la vida y en ninguna ocasión, por su destrucción o muerte.
El negro en Cuba ha llegado a ese momento crítico; durante la esclavitud era sustentado por el dueño en todos los sentidos. A comienzos de la Republica, a pesar de existir la discriminación racial, encontraba aún ocupación en los trabajos reservados a los negros, principalmente en los más rudos y peor retribuidos, incluyendo muchos oficios. Podía pues vestir elegantemente, (hecho explicable por su necesidad de hacerse considerar,) y disfrutar de sus frugales comidas y de la única diversión que sus reducidos medios económicos les permitían: bailar. Pero cuando los Estados Unidos, de una parte, compulsados por sus remolacheros internos y por sus compromisos internacionales restringieron la compra de azúcar cubano, toda la actividad económica de la Isla, que gira alrededor de aquella industria, se resintió y se produjo el desempleo en masa, el cual como es natural en un país discriminador, afectó a los discriminados más que a nadie. Por otra parte las corrientes feministas, con el voto de la mujer, determinaron un desempleo considerable del varón blanco, que en competencia con su hembra perdía y se veía obligado de rivalizar y derrotar al obrero negro, ejecutando ahora los trabajos que antes estaban reservados exclusivamente a aquel. Todo esto desempleó al negro, lo hambreó, aumentó escandalosamente el prejuicio racial y arrastra a pasos de gigante hacia la tumba a la raza afligida.
La crisis del negro en Cuba ha llegado a su clímax. Cada efecto se convierte en nueva causa extendiendo más la discriminación racial. El negro no es ni el dueño ni el parroquiano en la industria, el comercio o la banca, por esto mismo está ausente de todas las magistraturas, de todos los honores, de la dirección de todos los partidos, etc., etc., y esto robusteciendo la fobia histórica de la raza dominante ha hecho que así mismo se discrimine a la servidumbre domestica, a los estibadores, a los dadores de pico y pala, hasta llegar a la prostitución y a la limosna: la mayor parte de las prostitutas y de los limosneros no solicitan el favor de los negros. En función de esto podemos deducir cual es el futuro inmediato que le espera a la raza, si tenemos en cuenta, por añadidura, que cada vez es mayor el número de mujeres negras que se entregan incondicionalmente en brazos de los varones de la raza dominante.
Sólo organizándonos con todas las implicaciones económicas, políticas y psicológicas que tal hecho determina, podremos salvar a la raza de su inminente desastre. En esa urgentísima necesidad de salvación consiste precisamente nuestra oportunidad y nuestro ajuste histórico.
Ni las maquinaciones de los anti-negristas, ni la indiferencia de los apáticos, ni la traición de los renegados podrá detenernos ni evitar la realización de nuestro destino.
Aquellos serán vencidos por el ímpetu irrefrenable de nuestro movimiento, y estos serán envueltos por el torbellino revolucionario e incorporados a la lucha o socialmente liquidados.








PECADO SOCIAL
POR JUAN RENÉ BETANCOURT
TEMA # 14
Desde la época de don Juan Gualberto Gómez, con mayores o menores variantes, se ha tratado de resolver por medios legales el problema del prejuicio y de la discriminación racial en nuestro país. Primero se ha tratadote establecer la igualdad entre negros y blancos declarándolo u ordenándola imperativamente en algún recepto legal, pero sin señalar sanciones para los infractores, luego, con mayor audacia se ha luchado por respaldar la orden legal con una sanción de sabor penal, convirtiendo así el problema de la discriminación racial en pecado social. La ley en el mejor de los casos es impuesta al poder político por la presión de una clase organizada o por la voluntad social pasivamente expresada y en el peor es el gobierno que disponiendo de sus fuerzas hace cumplir aquello en que tiene interés. No siendo los negros aun una clase organizada ni su problema nada que mueva positivamente la voluntad social, no hay en que apoyar la efectividad de una legislación anti-discriminativa, ya que resulta inconcebible que pueda contar con el poder político, pues ni forma parte del mismo ni podrá formarla mientras que no esté clasistamente organizado.
Detrás de toda ley, y aún del derecho mismo, está en última instancia la fuerza militar. Las relaciones de las clases con el poder político no es más que un continuo tanteo entre la fuerza electoral o económica de aquella y la fuerza ofensiva de éste. Y nos vemos forzados a llegar a esta amarga pero no menos real conclusión: Quien no tiene fuerza no tiene derecho. La ley no lo protege, ni la religión lo absuelve, ni la sociedad lo estima.
La petición de una ley con su sanción para liquidar la discriminación racial es tan ingenua como ineficaz y sólo le fue útil al Partido Comunista como materia de agitación y provecho electoral, y hoy día sigue sirviendo a todo aquel que quiere pescar algunos miles de votos en el “rió revuelto” de los negros.
Exasperar a una clase oprimida, azuzar sus odios, hacerle creer que va a asistir a la revancha con el arma en las manos de una ley que lo mismo sirve para encerrar en la cárcel al discriminador que para conseguirle empleo, es sencillamente ponerla en actitud sospechosa a los ojos de los discriminadores, obligando a éstos a reaccionar por su parte, preparando así las condiciones para la producción de los peores acontecimientos. Pedir la intervención legal es pedir inconcientemente la guerra, es hacernos la ilusión de que tenemos en nuestras manos la fuerza coactiva del estado, desde el poder judicial hasta las bayonetas. Pero realmente no tenemos nada de esto y sería bueno no olvidarlo. Cuando la Ley, por su parte, ha declarado la igualdad entre los ciudadanos, ya hizo cuanto podía hacer. Lo demás es cuestión de hechos, de realizaciones prácticas en la vida. Si una ley establece el derecho de los negros a comprar automóviles, la compra efectiva de éstos es cuestión de los negros mismos. Tendrán que hacer un plan honesto para conseguir el dinero y adquirir automóviles, pues lo que no es posible es que la ley provea también su adquisición real. Lo mismo sucede con la discriminación racial. La ley declara la igualdad, pero en la práctica el negro sabe que no existe tal igualdad: (se niegan a alquilarle casa, no le dan empleo, le prohíben la entrada a ciertos lugares públicos, etc.) y entonces el negro meditando sobre el hecho y preguntándose por su causa, descubre que todo se debe a su falta de economía, a su absoluta dependencia de los discriminadores. A tal altura no se concibe que el negro quiera que la propia ley le dé la economía que le falta, basta con que no le prohíba crearla. Y sólo creándola se hace digno de la ley que le reconoció su derecho a ser hombre.