miércoles, 10 de diciembre de 2008

SOBRE JUAN RENE BETANCIURT

La madurez adquirida en el largo y doloroso camino de crueles y sangriento enfrentamientos, la reconocida capacidad intelectual de algunos afrocubanos como Urrutia, García Agüero y el propio Juan René Betancourt hizo al afrocubano confiar en la Revolución. Para él ya era hora de ponerle coto al abuso, la ignominia y la preterición ,ya era hora de acabar con el avasallamiento de una raza sobre otra en una Cuba blanquinegra.
Y en este camino las esperanzas que puso Juan Rene Betancourt en la revolución que prometía el aniquilamiento total y completo de la discriminación racial en Cuba, lo demuestran estos dos artículos. Pero, ¿ a sido realmente así? Dejo esta interrogante a la conciencia de cada ciudadano.














HISTORIA ACTUAL
CHARLA Nro 10
Cuando triunfó la revolución el primero de Enero del pre­sente año, los elementos negros que tenían influencia en ella no mencionaban ni por broma el problema de la discriminación racial. Es más, condenaban toda gestión que se hiciese en tal sentido, alegando que desde el momento en que había triun­fado la revolución dicha, el problema negro había desaparecido, que era un pecado hablar de negros y de blancos, que aquí solo habían cubanos, etc., etc.
En realidad esos negros revolucionarios no creían nada de cuanto decían, lo que sucedía era que Fidel había hablado de todo, menos de eso, y existía el temor de que el Gran Comandante no quisiera tratar la cuestión, arriesgándose el impertinente que se atreviera a perder el favor oficial.
En tales circunstancias, el autor, que estaba consciente de que la revolución no tendría efectos automáticos contra la discriminación racial y que por otra parte no estaba dispuesto a pagar la amistad de nadie al precio de darle las espaldas a sus hermanos, publicó en el periódico "Revolución" de fecha 17 de Enero de 1959, un artículo intitulado "La Cuestión Racial"; emplazó en todos los periódicos nacionales al Gobierno para que dijera que pensaba de los negros, culminando esta campaña con la publicación en la revista "Bohemia" del 13 de Febrero de 1959, del artículo que a continuación copiamos. Después para el bien de todos, Fidel Castro habló sobre el problema negro, y lo hizo con gran valentía, y de entonces acá es que ciertos negros revolucionarios se han animado a hablar del discutido tema.
HE AQUÍ LOS ARTÍCULOS:
LA CUESTIÓN RACIAL
Por JUAN RENE BETANCOURT
Periódico "Revolución". Enero 17/59.

El régimen que acaba de ser derrocado no escatimó fórmulas ni reparó en medios, por escabrosos y nocivos que éstos fueran, para aplastar a la revolución triunfante. Así aparte de las torturas y los asesinatos, del soborno y la corrupción, hecho manos también, con desenfado inaudito, a las más repug­nantes calumnias. Tal es la falsa imputación que en más de una ocasión con malévola reiterancia le hizo al Dr. Fidel Cas­tro, presentándolo como un furibundo prejuicioso y un peli­groso anti-negrista.
Nadie mejor que los hechos deben de refutar los infundios y la maledicencia de los mal intencionados. La .triunfal en­trada del gran Comandante Rebelde con su glorioso ejército, integrado con una despreocupación racial sana y absoluta, nos hizo evocar la gesta maravillosa del 95, en la que negros y blancos se unieron en el afán común de la libertad.
Para los que conocíamos a Fidel Castro desde una época muy anterior al cuartelazo de Batista, del heroico asalto al Moneada y el ulterior desarrollo de aquella predestinada fi­gura de leyenda, las calumnias de Masferrer eran doblemente irritantes. Sabemos que no era capaz de asesinar y matar a un hombre en estado de indefensión, pues de un natural más bien caballeresco y romántica había que pensar por fuerza que otra bien distinta fuera su conducta.
Sin embargo, aquélla máxima histórica a la vez que amoral de Nicolás Maquiavelo: "Calumnia y calumnia que algo que­da..." No caben dudas que es cierta y que se cumple con exactitud matemática, y por ello, y no por ningún otro motivo es que publico el presente artículo, insertando en él una foto que tiene la fuerza probatoria de los documentos históricos. Data esta foto de una época "1949" en que nuestro héroe na­cional era solo un jovenzuelo estudiante de unos 22 ó 23 años de edad.
El autor del presente trabajo, que ha dedicado toda su vida a luchar en todas partes y en todos los frentes contra la discriminación racial que infecta al país, no dejó de hacerlo en. sus días universitarios, fundando en la célebre colina "El Comité Universitario contra la Discriminación Racial". Con un sentido amplio y cubanísimo de la cuestión, el comité fue integrado por blancos y negros, y henos aquí 'que entre los distintos compañeros del primer término, los que mayor calor nos dieron fueron el hoy famoso doctor Aramís Tabeada y nuestro actual héroe nacional Fidel Castro Ruz.
Al salir de unos de los distintos actos que celebramos en el interior del recinto Universitario contra la discriminación racial en Cuba, y en los cuales usaban de la palabra con sinceridad y talento, estudiantes de ambas razas, fue tomada la foto que hemos insertado. En esta ocasión especial, el compa­ñero Fidel Castro había pasado la noche anterior de guardia junto a la estatua que nuestro José Martí tiene en el Parque Central, en un acto de desagravio que los estudiantes le pre­pararon al Mártir de Dos Ríos por motivo de haber sido pro­fanada su estatua por unos marinos americanos. Fidel Castro Ruz respondió presente a nuestra llamada y se presentó en el acto que celebrábamos en el Salón de Ciencias Sociales con­tra la discriminación racial.
Posiblemente la foto insertada, en la que aparece también el hoy Comandante Calixto Morales, Gobernador Militar de Las Villas, con el presente trabajo explicativo de su historia, sea el único documento fehaciente, pudiéramos decir, que de­muestra que nuestro héroe nacional desde muy temprana edad, cuando no se obedece a ningún plan político ni a ninguna con­signa de partido, desde la época más sana y sincera de la criatura humana, se preocupaba ya por todo lo cubano, por todo lo justo y bueno, desde desagraviar a Martí hasta ayudar al hermano que se pudre y se extermina.
En la foto aparece la directiva del Comité Universitario de Lucha contra la Discriminación Racial, (1949), integrado por el Dr. Fidel Castro Ruz, el Dr. Juan Rene Betancourt que presidía aquel comité; el actual Comandante Calixto Mo­rales, hoy Gobernador Militar de Las Villas, ,1a señorita Emilia Camejo, Presi­denta de la Sección Femenina el doctor Aramís Taboada, en aquella época Presi­dente de la Escuela de Derecho el doctor Isidro Sosa, conocido líder agrario; el doctor Rolando Váidas Marín; el esforzado compañero Sergio Laurel; la doctora Vatia. Berrayarza y otros muchos más.

Ahora sólo resta, en la hora de la gloria y del triunfo des­lumbrante, cuando se tiene el poder para llenar de sangre y carne los más hermosos sueños juveniles, recordar que el hermano negro continúa desamparado, acorralado, discrimi­nado, permitiendo que la lumbre bienhechora de la revolución penetre también, purificándolo, en este importante sector de la ciudadanía, y que el mismo poder incontrastable que sirvió para derrocar la tiranía, librándonos, sirva ahora, en el mo­mento del recuento y de la paz para hacerle justicia a los eternos olvidados.

FIDEL CASTRO Y LA INTEGRACIÓN NACIONAL
POR JUAN RENE BETANCOURT
Revista "Bohemia". Feb. 13/59.
La historia de cada país gravita sobre sus naturales como una segunda atmósfera: matizando su idiosincrasia, normando su conducta, llenando de contenido su folklore y su cultura. El bien y el mal, como dos polos antagónicos presiden la vida social del hombre, escindiéndolos bajo sus banderas en dos grupos principales que se oponen sin cesar en todos los campos, arrojándose en definitiva por la borda los residuos nocivos a la felicidad.
Los que sé alinean en el partido del bien, se bifurcan y se estratifican en estratos varios dentro de la problemática de cada nación, constituyendo sectores, zonas o clases buscadores de justicia, peticionarios de reivindicaciones, que han de rea­lizarse, forzosa y naturalmente, dentro del cuadro nacional que los produjo. En nuestro país, uno de esos estratos o clases está integrado por los ciudadanos negros, los cuales, hermanados por el dolor común de la discriminación racial, tienen una misma y única demanda que establecer: ser funcionalmente ciudadanos iguales a los demás.
La esclavitud produjo el prejuicio racial, y la República cometió un gran error y creó un gran conflicto al convalidar el derecho de los esclavistas sobre todas las riquezas, conde­nando al negro a una ciudadanía de tercer o cuarto orden al concederle una libertad mentirosa más ilusoria que real, pues carecía del cimiento indispensable de la economía.
No puede ni debe hoy de repetirse el error del 95. La ex­periencia histórica nos ha enseñado que un problema econó­mico-social de la envergadura del problema negro en Cuba no puede liquidarse automáticamente, sólo por el hecho de que haya triunfado una revolución y menos por el simple imperio de un decreto. No es posible que nadie crea, en serio y de buena fe que no hablando más de negros y blancos, las gentes se van a olvidar de su existencia, liquidándose, merced a este método maravilloso, la discriminación racial. El espectáculo diario de la vida, que presenta a unos como titulares de todos los bienes materiales y morales, y a otros como depositarios de todas las miserias y afiliados a todos los dolores, influye en la mentalidad de los hombres, creando en las víctimas un ostensible complejo de inferioridad, y en los victimarios la absurda creencia en una superioridad racial.
Si se quiere librar al hermano negro de la injusticia secular que ha venido sufriendo, hay que ir directamente al medio económico-social, alterándolo, para que sus efectos queden alterados en la misma forma y proporción. Hay que organizar a los negros y a los blancos de buena voluntad con tales fines, pues sólo una fuerza social, amparada por un gobierno del prestigio y bondades del presente, puede realizar la tarea he­roica de desatar una nueva fuerza económico-social, reedu­cando por el método gráfico a los ciudadanos y arribando en definitiva a la ansiada integración nacional.
Afortunadamente el doctor Fidel Castro Ruz conoce am­pliamente el tema. Desde sus años mozos, cuando contaba ape­nas unos 22 ó 23 años de edad, comienza a preocuparse por la. suerte del hermano negro. Su espíritu alérgico a todas las injusticias, se sintió conmovido por el acorralamiento vergon­zoso que se practicaba contra éstos descendientes de patriotas y su natural caballeresco y soñador, seguro que se juró acabar con este crimen algún día. Fue aquella época, (1949), que se unió a nuestro Comité Universitario de lucha contra la dis­criminación racial, el cual, es obvio decirlo, estaba integrado por estudiantes de ambas razas.
Si ahora esperamos, seguros y confiados, la intervención bienhechora del gran Comandante Rebelde en aquél im­portante sector de la ciudadanía, es por que ya desde aquellos días estudiantiles todos nosotros estábamos convencidos de los mismos fundamentos doctrinales que sustentamos ahora en cuanto a la liquidación de la discriminación racial. Hasta tal punto esto es cierto, que el autor de este trabajo publicó por aquella época dos libros: ("Mi Opinión y Mi Raza" y "Prelu­dios de Libertad"), conocidos perfectamente por nuestro actual Héroe Nacional, a los cuales se refirió, en más de una ocasión, de manera encomiástica al hablar con el autor.
No hay temor de que Fidel pueda olvidarse del hermano negro, o caer en un estéril enfoque chauvinista de la cuestión: pues está animado de la mejor intención y conoce suficiente­mente el punto. El sabe que el problema no se resuelve con un puñado de puestos más o menos grandes, ni con una declara­ción halagadora; él sabe que una política de agitación en esta materia, por medio de la cual cada acto discriminativo sea contestado con un escándalo, no deja ningún sedimento posi­tivo y si solo consigue inflamar las pasiones y enervar los corazones. No... no: Fidel no puede caer en nada de esto, no puede hacer nada semejante, y sin embargo, tampoco puede dejar de hacer algo, está obligado históricamente a llevar la antorcha de la revolución aún a los más imperceptibles y huidizos intersticios de la nación.
No habrá revolución verdadera en Cuba mientras una por­ción importante de su población, discriminada y negada, gravite negativamente sobre el total de nuestra demografía. Una masa inculta y desposeída es una cantera propicia para el abasteci­miento de los peores demagogos, lo cual puede poner en peli­gro en los momentos críticos y transaccionales de la historia los mejores empeños de avance y de mayor justicia. La foto que insertamos con este trabajo, con la fuerza probatoria de un documento fehaciente, demuestra que nuestro Héroe Nacional, desde su primera juventud, entre los tópicos varios que aci­cateaban su espíritu reivindicador, el problema del negro era uno de ellos, pues la mencionada foto, tomada al salir de uno de los muchos actos que celebrábamos en el salón de Ciencias Sociales, representa la directiva del Comité Universitario de lucha contra la discriminación racial, del cual formaba parte, como puede observarse en la instantánea, el Dr. Fidel Castro Ruz, Calixto Morales, hoy gobernador militar de Las Villas; el Dr. Aramís Taboada, Presidente a la sazón de la Escuela de Derecho, la señorita Emilia Carmejo, Presidenta de la Sección Femenina, la doctora Marta Berrayarza, el doctor Isidro Sosa, el doctor Rolando Valdés Marín, el esforzado compañero Sergio Lauret, y otros más. El acto al que la foto se refiere se celebró en 1949, al día siguiente de haber sido irrespetada la estatua de nuestro José Martí por unos marinos americanos, y Fidel, que ya en aquella época había demostrado una gran devoción por los grandes de nuestras libertades, se había pasado la noche junto al querido monumento, haciendo guardia de honor, que fue la forma que usó la F.E.U. para desagraviar al Mártir de Dos Ríos. No obstante la prolongada vigilia y sus efectos con­siguientes, Fidel había prometido asistir y asistió, con los ojos inyectados de sangre, al acto que los compañeros negros ce­lebrábamos en Ciencias Sociales contra la discriminación racial.


Pero esto, con ser bastante, no es ni remotamente suficiente. Es necesario que el gran hombre de hoy transforme en cosas las inquietudes juveniles de ayer, de modo tal que los dos personajes se reconozcan y sean a la vez consecuentes, de lo contrario habrían motivos más que sobrados para sentirnos desilusionados. Creo oportuno expresar aquí que no sólo se defendió la causa del 26 de Julio con el fusil en la mano en el frente de batalla, si no que hubieron otras muchas formas, en ocasiones más peligrosas que el combate abierto, que se conjuraron con las acciones heroicas de los rifleros, hasta pro­ducir finalmente el triunfo de la revolución. Los que vendieron y compraron bonos, los que transportaron armas, la resistencia pasiva de la industria y el comercio a la dictadura, etc., fueron factores de gran importancia en la desintegración del régimen. A propósito: el autor de este trabajo a raíz de haberse publi­cado un artículo en esta bien leída revista "Bohemia", firmado por los señores Felipe Pazos, Raúl Chibás y Fidel Castro, quiso, en favor de la causa revolucionaria, suavizar un poco el des­contento que produjo en las masas negras el hecho de que ni siquiera se les mencionara en tan importante documento. Me fui a ver inmediatamente al doctor Manuel Bisbé, para que me orientara sobre tan delicado particular, y él, con su prosa sedante y convincente, me dijo que tal documento no era un programa general de los insurreccionales, que el verdadero pro­grama había sido expuesto en un folleto publicado en México, y que en el mismo estaba tratado con valentía y justicia el tema de la discriminación racial. Entonces escribí un artículo para "Bohemia" refiriéndome al asunto, cuya publicación iba a diligenciar el propio doctor Bisbé, pero nada... Batista sus­pendió sorpresivamente una vez más las garantías; el doctor Bisbé tuvo que exilarse, y el autor incluyó en un libro, aún inédito (1) por disposición del S.I.M., la parte esencial del men­cionado artículo que no pudo tampoco de esta manera ver la luz, por no agradarle a las autoridades imperantes. Después vino la campaña difamadora de Mas Ferrer, imprimiendo y re­partiendo sueltos que trataban de hacer creer que habían sido suscritos por el doctor Fidel Castro, en los cuales se ofendía y se atacaba a los ciudadanos de color.
Ahora, de seguro sin intención malsana, pero es cierto el hecho, no hay un solo Ministro, ni un solo puesto importante
(1) Hacíamos alusión al presente libro "El Negro: Ciudadano del Futuro", el cual fue ocupado por el S.I.M., en la en la ocasión en que fue asaltado y robado nuestro local social de 120 No. 6,303 en Marianao. A los pocos días, miembros de ese cuerpo represivo visitaron al autor, en nuestras oficinas de Aramburu 420 altos, para "aconsejarle" que no fuera a publicar el dicho libro, del cup' habían ocupado unos ejemplares mimeografiados.
fuera de la jurisdicción militar, en manos de hombres negros. Estamos de acuerdo en que un puñado de puestos no resuelven el problema de la discriminación racial, pero esa es solo una verdad doctrinal, no política, y la masa está acostumbrada a que se le resuelvan sus problemas en esa forma. No vemos por que un Gobierno que tenga interés en acabar con la discriminación racial, ha de discriminar en la administración pública.
Además, todavía no se conocen los grandes proyectos doc­trinales que van a atacar en su base a la discriminación racial, y sería bueno, mientras llegan esas nuevas, que los descendien­tes de Maceo y Moneada fueran aliviándose siquiera en algo.
Hasta hoy no se ha publicado absolutamente nada en relación al sufrimiento secular del negro. A pesar de ser un sector mucho más numeroso que el agrario o el obrero, y no menos necesitado de que se le haga justicia. A las Sociedades negras, dirigidas en su mayoría por Klanes de caciques que medran en la sombra y se afilian a las peores causas, no ha llegado aún la justicia revolucionaria, pues no se ha tenido respaldo oficial suficiente para poder expulsar de ellas los elementos Mujalistas y Batistianos que como un cáncer social continúan atentando contra la salud de la sufrida clase. Nadie se preocupa de la suerte del hermano negro. Todos piensan que no vale la pena hablar de ello. Ignoran que de esa cantera podríanse movilizar ochocientas mil criaturas adultas, trans­formándolas de rémora social en columna firme del progreso y de la libertad.
Ya Fidel Castro se ha cubierto de gloria como hombre va­leroso desde Cayo Confite y la osada evasión a nado por la bahía de Ñipe, hasta el heroico asalto al Moneada y su radi­cación en la Sierra Maestra; sus comandantes pasearon sus armas y su enseña desde el empinado Oriente hasta los inhós­pitos llanos de Camagüey y Las Villas; por la poética Matanza y la populosa Habana; su pueblo lo ha aclamado con un júbilo mayor que el que expresaban los romanos para vitorear a sus grandes; no hay un residente en la isla que no haya contem­plado con admiración su rostro de héroe, y los labios de seis millones de cubanos han pronunciado mil veces su nombre... pero para ganar la batalla de la paz es necesario no dejar nin­guna injusticia sin reparar ni ninguna enfermedad sin me­dicina. Fidel Castro Ruz, a mi se me ocurre más grande en los fines que todos los grandes capitanes de la antigüedad, pues no subyugó pueblos, sino liberó al suyo, más grande aún des­de el punto de vista estrictamente militar, pues aquellos or­ganizaban su ejército tranquilamente dentro de su ciudad y luego se lanzaban al combate contra sus vecinos, mientras que nuestro héroe se lanzó al infierno de sus enemigos y les construyó en su propio seno un cuartel y el ejército que ha­bría de derrotarlos.
Fidel Castro Ruz ha creado un nuevo estilo en el arte de la guerra, ha revolucionado la técnica tradicional de la más viril de las artes, produciendo una revolución sui géneris con­tra el ejército regular, venciéndolo, lo cual según los avisados era totalmente imposible. Fidel Castro Ruz es el héroe y el genio ¡Cuántas páginas tendrá que dedicarle la historia! Desde cuantos ángulos distintos podrá estudiarse su polifa­cética personalidad! Es gran guerrero; orador insigne; de­mócrata consecuente; patriota ejemplar.
Pero es bueno y necesario que luzca en su guerrera, junto a las múltiples medallas merecidas, la condecoración del gran integrador de nuestra nacionalidad; la que lo acredite como el Gran Cubano que completó y selló el ciclo que nació en la Demajagua al vibrar metálico de las campanas.
Aún los propios enemigos de Fidel Castro; aún los mismos que cegados por la envidia no logran hacerle justicia, tienen que aceptar que el muchacho constituye un caso único y ejemplar. La historia' nos ha demostrado como entran en las ciudades los generales victoriosos y su soldadesca, conocemos sus desmanes y sus extravagancias. Sin embargo, Fidel se pro­dujo con humildad y con una moderación que asombró a todos. Nada de "guapería", ningún alarde de "Fuerza", ningún yoísmo impertinente. Y esto, ya de por sí extraordinario, se convirtió en caso curioso e incomprensible al observar que todos sus milicianos usaban igual conducta ¿Cómo se las arregló Fidel para que esos hombres curtidos por los ventanales de las mon­tañas y el sol hiriente de los llanos, acostumbrados a obtener por la violencia desde el arma conque peleaban hasta el pan que se llevaban a la boca, se comportaran como caballeros de la mas refinada sociedad: cediendo el paso en las aceras; pi­diendo perdón al tropezar con alguien; dando las gracias cuan­do reciben un favor? Qué método pedagógico inventó para per­suadir a esos hombres barbudos, actores en cien combates, de que no podían atemorizar, y menos usar sus armas y su auto­ridad contra los ciudadanos pacíficos que los admiraban y los querían? No se me ocurre de que pueda haberse valido para obtener de su tropa resultados tan maravillosos, pero no caben dudas, que un hombre tan singular, tan especial, para corres­ponderse consigo mismo, ha de serlo en todos los aspectos de su vida. Ningún gobernante, de Don Tomás Estrada Palma para acá, ha hecho otra cosa en materia negra como no haya sido darle algunas dádivas a las sociedades y hacer algunas de­claraciones halagadoras. Fidel no puede reandar el trillo horadado y conocido: es necesario que haga en esta materia lo que ningún otro poderoso ha hecho hasta el presente: pres­tarle atención; estudiarla a fondo; hacerle justicia.
¡VIVA CUBA LIBRE!