jueves, 17 de abril de 2014

Eusebia Cosme: la declamación en carne viva,




          Manuel Aguirre Lavarrere
                   (Mackandal)

Con “Eusebia Cosme, la rosa canela” la editorial santiaguera Ediciones Caserón da a conocer a las jóvenes generaciones a la más relevante y talentosa figura de la declamación afroantillana.
El libro da fe del cuidado que pusieron sus editores, quienes a través de entrevistas a personas que la conocieron, nos acerca a la vida de esta artista.
Mujer negra, nacida en 1911 en Santiago de Cuba, su nombre completo era Eusebia Adriana Cosme Almanza. Fue fruto de los amores de Leocadia Almanza y Germán Cosme, quienes fallecieron cuando era niña, por lo que fue adoptada por una familia de prestigio en su ciudad natal.
Muy joven decidió probar suerte en La Habana. Ingresó en la Escuela Municipal de Música y Locución, donde estudió música y teoría de piano. Estudió declamación en la Academia de Declamación del Conservatorio Municipal.
Comenzó su carrera como declamadora en 1930, vinculada a la corriente negrista que había surgido desde finales de los años 20 y que en Cuba encontró sus máximos exponentes en Nicolás Guillén y Emilio Ballagas.
A todos cantó Eusebia Cosme, y surgió así un vínculo entre poetas y declamadores que llevó muchas veces a algunos autores a escribir poemas para que fueran declamados por ella. Tal es el caso de Andrés Eloy Blanco, cuyo poema, Píntame angelitos negros, fue escrito especialmente para ser declamado por Eusebia Cosme.
No faltaron en su voz los trabajos de intelectuales afroestadounidenses como Langston Hughes y Paul Laurence Dunbar, ni de antillanos como el puertorriqueño Luis Palés Matos y de otros cultivadores de la poesía negrista.
En 1937 decidió abandonar Cuba e inició una gira artística que la llevó diversos escenarios del mundo. Viajó por América del Sur, Europa, Estados Unidos y el Caribe, donde a la vez que brindaba su arte, se nutrió de toda la sabia viviente de las distintas culturas del continente americano. Entró en contacto directo con lo real maravilloso y fortaleció su espíritu y su canto.
Sabiéndose mujer negra, la razón de ser de su raza le dio el aliento necesario para seguir adelante.
Fue aclamada donde quiera que se presentó y considerada la más alta exponente del verso afroantillano.
Ya radicada definitivamente en Nueva York, tuvo su propio programa radial, El show de Eusebia Cosme en la Columbia Broadcasting System, donde a través de poemas y lecturas dramatizadas vio el éxito en cada una de sus presentaciones.
Viuda de Frederick Laviera, con quien se había casado a mediados de la década del 40, emprendió una carrera como actriz que la llevaría a una compañía teatral mexicana y a participar en la película The Pawnboker, filmada en 1964, donde hizo gala de su propia naturaleza más que del histrionismo dramático.
En el cine y la televisión mexicana interpretó a la siempre bien recordada Mamá Dolores, en El derecho de nacer, obra surgida del talento creador del cubano Félix B. Caignet, con la que cosechó un éxito rotundo que le valió varios premios.
En la película Rosas blancas para mi hermana negra, Eusebia Cosme trabajó con Libertad Lamarque y otras aclamadas actrices de la época.
Se radicó durante muchos años en México, país que adoraba y que le había dado tanto. Allí puso a prueba sus múltiples talentos. Componía, cantaba, y motivada por la pintura abstracta, da a conocer su obra pictórica a través de varias exposiciones en México, Washington y Nueva York.
Tras una vida de éxitos, en la que no conoció el racismo, Eusebia Cosme murió en 1976, en Miami, a los 65 años.
Es imborrable su huella como actriz en el teatro, la radio, el cine y la televisión.
Esta mujer, cubana y a la vez universal, tuvo la suerte de poder mostrar su arte, su talento y valía en plena libertad.
Para conocerla mejor, el libro “Eusebia Cosme, la rosa canela” es un buen punto de partida.









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martes, 15 de abril de 2014

La Segunda Cumbre de la CELAC: un paso de retroceso para la democracia,



Manuel Aguirre Lavarrere
         (Mackandal)
… No es de buenos ciudadanos, sino de histriones, el cubrirse con la máscara del optimismo cuando en lo privado se confiesan nuestros males o cuando a lo mejor se es en parte causante de ellos y que la gravedad consiste en que los vicios y defectos de la nación existan, no en que se analicen y que el ciudadano verdaderamente patriota no puede cerrar los ojos ante las lacras (…) sino que (…) el amor a su patria y su deseo de su progreso y mejoramiento le obligan a enfrentarse con máculas y defectos , para estudiarlos y remediarlos.
Emilio Roig de Leuchsenring
Resulta curiosa la buena organización, esmero y empeño que puso el régimen cubano como país anfitrión de la Segunda Cumbre de la CELAC, para agraciar a los visitantes, de forma tal que no les diera tiempo a pensar, si realmente se cumple todo lo que el presidente Raúl Castro defendió durante los dos días que tuvieron lugar las discusiones y toma de acuerdos de los convocados a la cita de la
Habana.
Luego de militarizadas todas las calles y avenidas por donde pasarían los visitantes, por un itinerario elaborado de antemano, y de las operaciones policiales para encarcelar temporalmente a varios de los disidentes pacíficos más conocidos nacional e internacionalmente, quedaba el camino libre: la mesa sueca de la politiquería estaba servida.
De todo lo mencionado por el presidente cubano, mucho no es realidad. Son maniobras de estrategia ideológica, para hacerle creer al mundo, y principalmente a América Latina y el Caribe, que Cuba es un modelo intachable de humanismo democrático.
El régimen que tuberculiza a la nación y se mantiene en el poder violando todos los conceptos martianos, y donde ni por asomo se respetan los derechos humanos ni existe un estado de derecho por estar la Isla sometida a constantes imposiciones políticas, emanadas del partido único, habla de pluralidad, diversidad y democracia.
El régimen que traicionó a varios de los más representativos líderes de la revolución, como Hubert Matos, habla ahora, para América Latina y el Caribe, de humanismo, cuando prohibió los debates en espacios públicos y privados, amenaza y acosa el más mínimo intento de descontento ciudadano, hostiga y prohíbe el periodismo independiente y sigue apostando por la subversión y el espionaje en el continente.
La unidad conforta y enriquece la salud de los pueblos cuando es sincera, cuando proviene de la sana voluntad y no de satánicas intenciones, cuando son llevadas a cabo por países garantes de la voluntad popular, y cuando el ciudadano es el principal centro de interés de la polémica. Lo demás es puro teatro, una farsa.
Pobreza y desigualdad son dos elementos consustanciales al racismo. La mayoritaria población de negros y mestizos en Cuba sufren la discriminación sistemática, sin que aflore la solución al problema de tal desigualdad. La causa principal radica en la implementación histórica de una política de corte racista y excluyente. Un fenómeno en el que deben tomar partido todos los presidentes y funcionarios políticos de América y el Caribe, para exigir a Cuba la eliminación total de tales aberraciones, porque según la expresión acuñada por Nelson Mandela, “la eliminación
del racismo, no es un acto de caridad, es un acto de justicia”.
Dentro de todo el cotorreo llevado por la delegación cubana a la CELAC, existe una intención, que si bien no está en el pensamiento ni en la política de la mayoría de los gobernantes y demás dignatarios de esta cita, sí es una constante en la política del régimen cubano: enfrentarse a los Estados Unidos.
¡Pobres de aquellos países que se traguen el embuste de los que hoy pretenden mostrarse como buenos vecinos, para infiltrarles hasta la última gota de un proyecto ideológico que ha demostrado su fracaso y que sólo traería más miseria a los pueblos de América y el Caribe!
Como el calendario no falla, poca importancia tiene lo que diga la historia, esa que está para pensar el presente, y pensarlo con criterio propio.


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Fotos tomadas de internet.

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martes, 8 de abril de 2014

Homenaje a un esbirro historiador


Por: Manuel Aguirre Lavarrere
        (Mackandal)

Está próximo a celebrarse una nueva feria del libro. Miles de cubanos la esperan con la esperanza de encontrar algún texto que se salga un poco del adoctrinamiento político y a través de la lectura dar escape a las tantas y diarias tensiones que se viven en Cuba.
Esta vez la feria estará dedicada a una emblemática dama de la literatura infantil, la pinareña Nercy Felipe Herrera, cuya obra es disfrutada a plenitud por niños y adultos, y al aburrido historiador Rolando Rodríguez.
Entre ambos autores, la disparidad no es solamente de género literario, sino también de valía intelectual: el segundo dista bastante de la primera.
En Rolando Rodríguez es congénita la manía de desacreditar a figuras cimeras, como lo ha hecho con Manuel Moreno Fraginals, el cual por estar muerto, no puede defenderse de tan baja calumnia como decir que no había escrito su monumental obra investigativa El Ingenio.
La cada vez más pésima manera de historiar de Rolando Rodríguez sólo puede gustar a los irracionales que le dan el crédito para que sea uno de los intelectuales homenajeados en un evento tan esperado y seguido por el pueblo como lo es cada febrero la Feria del Libro de La Habana.
Descendiente de una familia propietaria de esclavos y racista de Santa Clara, Rolando Rodríguez vio su oportunidad de engreimiento cuando fue escogido al dedo para viceministro de Cultura en 1976, y luego escogido por Fidel Castro, junto a otro grupo de historiadores de valía y credibilidad, para escribir la historia de Cuba, la que el comandante quiso leer y que así quedara para la posteridad. Es esa lamentable historia que hoy se imparte en todos los niveles de enseñanza en Cuba.
Sobre el componente negro de la sociedad cubana, ahí está su libro La conspiración de los iguales. No supo ser original ni en el título. En dicho libro sobre los Independientes de Color, muestra su desapego por los esfuerzos de una raza cuyo afán único era que reconocieran todos sus derechos y ser tratados como seres humanos. No le importa tampoco, porque no lo analiza, la situación tan miserable de los afrodescendientes en el momento del alzamiento simbólico, porque no fue otra cosa aquella protesta armada, que fue ahogada en sangre a diferencias de otras que habían ocurrido en ese tiempo.
Tampoco toma Rolando Rodríguez en cuenta la apatía institucional ante el legado del apóstol, ni su sueño por una Cuba verdaderamente integrada, algo que no se ha logrado jamás y cada día luce más distante.
A Rolando Rodríguez sólo le importa la institucionalidad: toma partido por la represión y el racismo.
Cuando se ha peleado por treinta años en la manigua y se han dejado 82 000 muertos en los campos de batallas, y la institucionalidad no reconoce el esfuerzo de esa raza y todos los beneficios se inclinan para un solo lado, hay sobradas razones para protestar.
Son aspectos de la historia de Cuba que Rolando Rodríguez se aferra en no reconocer.
Aunque es dedicada fundamentalmente para los que ejercen el oficio periodístico, no deja de ser válido para cualquier investigador, y le viene como anillo al dedo a Rolando Rodríguez esta sentencia moralizadora de nuestro Apóstol José Martí, que ojalá sirva para la restauración de la vergüenza de aquellos que convertidos en bufones de una dictadura despreciable, hacen hasta lo imposible por llamar la atención, aun cuando sea, y es el caso de Rolando Rodríguez, como esbirros de la historia patria: “Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones, y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conveniencia, que está en el honor, y nunca fuera de él… No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballero”.
Manuel Aguirre Lavarrere
        (Mackandal)
Movimiento de Integración Racial Juan Gualberto Gómez

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Publicado por Primavera Digital 

martes, 11 de febrero de 2014

La mentira, otra cara oculta del racismo en Cuba


Por: Manuel Aguirre Lavarrere
        ( Mackandal)
Es hora ya de que el castrismo dé vía plena al derecho, la democracia y la verdadera integración racial.
Ni en la República ni en los procesos políticos posteriores le ha sido fácil la vida a los afrocubanos.
Hubo una etapa en la que se les hizo creer que a través de la
superación personal la situación de este grupo social mejoraría, y que el negro debía esforzarse en ese sentido.
Pero en la política de inclusión no figuraba el factor económico, eje fundamental para el avance ciudadano.
El afrocubano fue excluido de las políticas de inclusión económica y no se le dio la oportunidad de mostrar su talento, a no ser en el deporte o en ciertos sectores artísticos.
Hoy, esos son sectores importantes para el reciclaje financiero y el mejoramiento de las condiciones de vida. Pero en la mentalidad totalitaria del castrismo, es consustancial que el negro sólo sirve para divertir al blanco, y el dinero lo controla el Estado.
Hacia eso se encamina la nueva política cubana. Su variable de Nuevo Modelo Económico no ha hecho otra cosa que darle vía libre al que ya tiene y empobrecer más a los empobrecidos históricos, y así seguir engrosando los bolsillos de una buena parte de los dirigentes cubanos, desde el Comité Central del Partido Comunista hasta el último peldaño del engranaje político, a costa del hambre y las necesidades básicas de la ciudadanía.
No hay un solo medio de comunicación que se atreva a tocar el tema, hecho que facilita el bandidaje y la incurable corrupción política en Cuba. Todo amparado por los militares, que también se salpican y viven  de espaldas a sus obligaciones con el pueblo y sin conciencia del sentido de la Patria.
Luego de la crisis económica de 1929, hubo un proceso de inclusión entre los años 1940 y 1958, producto del auge económico experimentado en Cuba en esos años. En esa prosperidad económica, el negro no quedó al garete. Cuando se le aumentó el salario a los obreros azucareros, incluía tanto a negros como a blancos, Así pasó con el aumento a los trabajadores agrícolas, que sin distinción alguna, fueron beneficiados. El llamado plus pascual o Arturito, fue tanto para el blanco como para el negro. La legislación laboral se hizo pareja para todos, y las clínicas de maternidad estaban a disposición de las mujeres blancas y negras, por igual.
Las llamadas sociedades de color fueron fundamentales para visualizar las demandas de los afrocubanos. Figuras prominentes del ámbito político y cultural fueron el grupo de presión para hacerlas realidad.
Son hechos que el castrismo jamás ha querido reconocer.
¿Para qué tantas mentiras?
Cuando en 1945 don Fernando Ortiz publicó El engaño de las razas, puso al descubiertotodo lo que la antropología y la biología había mostrado como“científico”. El sabio cubano, en sintonía con el pensamientoantirracista de José Martí, expresó: “Hablar de razas congénitamente superiores o inferiores es negar todo el fundamento de la biología contemporánea. No hay razas predeterminadas, ni elegidas, ni malditas. Lo que si hay es racismo y este es sin duda uno de los más graves problemas que tiene América que resolver en todas sus latitudes”.
¿En qué latitud está Cuba?
Blancos y negros fueron parte de las transculturaciones ininterrumpidas que a través de siglos tuvieron lugar en Cuba. Blancos y negros son depositarios de la cultura nacional, que hicieron juntos. Por igual se jugaron el pellejo en la manigua por  una Cuba justa y de inclusión ciudadana. Blancos y negros se alucinaron con el triunfo de la revolución castrista, y blancos y negros se han desilusionado por igual, al comprobar la traición a la patria y al pensamiento y legado del Apóstol.
Blancos y negros no compartenhoy los mismos beneficios. Eshora ya de que el castrismo dé vía plena al derecho, la democracia y la
verdadera integración racial.
De no reconocer estos derechos,  la Patria de todos sus ciudadanos, blancos negros y mulatos, estarán cargando esa esclavitud de la que el socialismo es su heredero.
Como dijo Francisco de Armas y Céspedes: “La esclavitud no es otracosa que la negación de los derechosde la humanidad, la infracción de lospreceptos divinos, la superposiciónde la fuerza y el agravio sobre ladebilidad y la justicia”.

Publicado por Primavera Digital-

martes, 14 de enero de 2014

Develando la infamia


Por: Manuel Aguirre Lavarrere
                      (Mackandal)
 O progresamos juntos en la definitiva integración de la nación cubana o juntos nos hundiremos.
Fernando Ortiz
Más que un afán constante, hasido un desvelo de la revolución castrista el ocultamiento de las políticas de inclusión social emprendidas por los gobiernos anteriores y que pusieron cierto énfasis en sacar al negro de la precaria situación en que se encontraba.
En 1940, a sólo treinta y ocho años de constituida la República y a cincuenta y cuatro de haber sido abolida la esclavitud, en 1886 – fue el penúltimo país del hemisferio en hacerlo, luego de Brasil-, Cuba pudo exhibir una de las Constituciones más avanzadas del mundo. A ella contribuyeron todas las tendencias políticas vigentes en ese momento. La coalición comunista, liderada por Blas Roca, tuvo un espacio amplio para exponer sus puntos de vista, sin que en ningún momento fueran privados de ejercer sus derechos. Muchos de los constituyentes eran negros.
No fue el castrismo quien primero mostró preocupación por el sector más desfavorecido del país ni el que le dio mayores oportunidades de expresión ciudadana, sino todo lo contrario. Luego del triunfo de la revolución, la expresión ciudadana quedó totalmente prohibida, tanto para los negros como para los blancos.
El entusiasmo por la caída de la dictadurade Fulgencio Batista y la confusión del paradónde vamos fue muy bien aprovechadapor el castrismo. Conllevó al desplome total de los derechos civiles y políticos, violados constantemente en Cuba, lo que le ha costados la vida a muchos y ha llevado tras las rejas y al exilio forzado a miles de cubanos,
El negro en Cuba puede mostrar una historia bien distinta a la que muestra la historia oficial.
Los argumentos en provecho del castrismo donde el afrocubano es descrito como un cero a la izquierda y un ente marginal sin valor ni ética alguna, no hacen más que invalidar los esfuerzos de hombres como Gustavo Urrutia, Fernando Ortiz, Juan René Betancourt Bencomo y una infinita lista de hombres y mujeres de distinta coloración de piel que se volcaron de forma racional y sin prejuicios a los estudios sobre el legado africano en Cuba y su importancia en la formación de la cultura nacional, así como los avances que en materia social este sector poblacional venía adquiriendo desde mucho antes de que colapsara la democracia.
Desde1959, han sido saboteadas, mediante amenazas, palizas y cárcel, cualquier iniciativa independiente a favor de la verdadera inclusión del negro en todos los sectores cívicos y políticos de la sociedad cubana.
Cuba logró aciertos mucho antes del castrismo. En aquella época, el intelectualcubano Carlos A. Cervantes planteóuna realidad que sigue plena: “Hoy los profesionales de color son miles. Doctos, capacitados y honorables. ¡Lástima que no puedan mostrar su pujanza tal cual la poseen!”

Publicado por Primavera digital

martes, 3 de diciembre de 2013

Poder político y marginalidad

                    
 
Por: Manuel Aguirre Lavarrere
         ( Mackandal)


El método no es susceptible de ser estudiado separadamente de las investigaciones en que se lo emplea; o, por lo menos, sería éste un estudio muerto, incapaz de fecundar el espíritu que a él se consagre.”
                                                                                     Auguste Comte  
Vinculada indisolublemente a la marginalidad está la pobreza. El fenómeno de la exclusión de personas o grupos de pensar y modo de vida diferente a los códigos establecidos y supuestamente
correctos en una sociedad mayoritariamente receptora en sus costumbres, hacen ver a los otros como la escoria del entramado social.
Se margina siempre que un grupo humano no afina dentro del entramado político y social de la nación. Los marginados lo son tanto por la sociedad como por las políticas emanadas del poder,
En Cuba la marginalidad cubre a un amplio sector poblacional que en cierta medida se ve marginado debido a los controles de una ideología totalitaria que no deja espacio a modo de pensar diferente ni a iniciativas sobre cómo pensar la sociedad futura.
Enmarcar en la marginalidad solamente a un determinado grupo o personas de la periferia es desacertado, La marginalidad convive también entre aquellos grupos cuya solvencia económica los ha colocado en un lugar diferenciado, tanto por el lugar de residencia como por su poder económico. Pero habría que ver cuán realmente es lícita esa prosperidad, en un país que navega en la miseria, y donde la mayoría de la población vive por debajo del nivel de pobreza.
El color de la piel importa más en esa diferenciación que el nivel académico alcanzado y el comportamiento ciudadano.
Una población mayoritariamente marginada por una constitución que niega derechos elementales al desarrollo personal y al nombramiento electivo, margina la dignidad y los presupuestos elementales de un país, y tributados por el poder político trastoca también la convivencia nacional y plena de una nación. No es legal ni ético. No es digno ni merece respeto un régimen que manipule de semejante manera a sus ciudadanos.
En las dos primeras décadas del régimen castrista se activaron políticas de inclusión social sin que mediara el estatus social ni el color de la piel, y muchas familias que estaban en la miseria, tanto blancas como negras, se vieron beneficiadas. Al régimen, para consolidarse, le era necesario dar paso a acciones afirmativas para ganar la credibilidad de sus supuestas buenas intenciones.
La realidad del presente muestra un retroceso con respecto a lo que antes se había logrado. Ahora desmantelan ciertos beneficios sociales fundamentales y ponen en su lugar el interés político.
La población, mayoritariamente, dejó de creer en el modelo castrista, que ha devenido en cualquier cosa menos en un sistema democrático con inclusión ciudadana.
Se activan políticas de marginación hacia personas y grupos disidentes. Se marginó a los padres del derecho de decisión sobre sus hijos, y fue la escuela quien por mandato del poder asumió la responsabilidad de decidir lo que era bueno o no para el niño. Estas decisiones resultaron en el desmembramiento de las familias cubanas, y tuvo como colofón un proceso migratorio que llega potenciado a nuestros días.
En Cuba hay que pensar la marginalidad desde el Poder, porque precisamente es el Poder quien margina, tanto por color de la piel, como por posiciones políticas diferentes a sus códigos de ordeno y mando.
Publicado por Primavera Digital, 21 de Noviembre de 2013
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De blancos, negros y mestizos


Por: Manuel Aguirre Lavarrere
               (Mackandal)
 Una Cuba que no es blanca, ni negra, ni mulata, sino mestiza, fue el tema debatido en el programa televisivo Mesa Redonda del pasado miércoles nueve de octubre, la víspera del día que se considera como el del inicio de las guerras por la independencia.
El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, en el ingenio Demajagua-que fue su verdadero nombre- dio la libertad a sus esclavos y los convocó a la lucha por la Patria.
El protagonizado por Céspedes fue sin dudas un hecho memorable, aun cuando haya sido iniciado por uno de los más entusiastas anexionistas cubanos.
Los españoles llegados a Cuba durante la conquista y explotación ya hacía varios siglos que estaban mezclados a través de sucesivas generaciones con moriscos, árabes y otras etnias llegadas a la Península Ibérica, entre las que no faltó el componente negro, debido a la cercanía con África.
En 1492 arribó a las costas americanas el negro libre Pietro Alonso, timonel de La Niña, uno de los barcos de la expedición de Cristóbal Colón, hecho que atestigua la presencia de negros en la Península Ibérica muchos años antes de que por medio del trasplante forzoso como esclavos llegaran masivamente al continente americano.
En América se mezclaron españoles, indios y africanos. Tanto negros bozales como ladinos participaron en este proceso de retroalimentación racial.
México fue una de las colonias donde más mestizaje hubo. Sólo en un periodo de treinta años (1760-1790), la unión libre de negros con indias y mulatas, y de españoles con indias, mulatas y negras, fue tan intensa que dio lugar a lo que hoy se conoce como “pintura de castas” o “pintura demestizos”.
En Cuba, ilustrados supuestamente partidarios de las libertades, como José Antonio Saco, abogaron por una inmigración blanca con el propósito de blanquear la población y hacer desaparecer al negro.
Se pensó una Cuba para blancos. El negro no servía más que para el trabajo, era un bien que se podía vender o desechar al antojo de la clase dominante.
Vivir en la creencia de que bajo el régimen socialista no hay discriminación racial es tan deprimente como aceptar que la parálisis integracionista en Cuba se debe a los conflictos políticos con los Estados Unidos.
Si en coyunturas totalmente iguales se logró avanzar en las diferencias de género, ¿por qué no en las diferencias por el color de la piel?
El mestizaje constante que ha tenido lugar desde siempre en Cuba lo atestigua la gama de colores de su población. Pero de la discriminación contra negros y mulatos, hablan las políticas que históricamente los han marginado y excluido. Políticas que tanto ayer como hoy obstaculizan el ascenso social de este grupo étnico.
Sólo en democracia, con equidad y derechos, se podrán implementar las medidas necesarias para la definitiva eliminación de la discriminación racial. Bajo el régimen actual es imposible, no porque no pueda, sino porque no quiere.
Advertía Gastón Baquero: “Si los cubanos queremos reconstruir la nación, tenemos que comenzar por reconstruir interiormente, dentro de cada uno de nosotros la integridad psicológica, étnica, histórica, cultural, compuesta por las razas que enraizaron en la Isla y por la gente de todo origen que quisieron construir, a través de los siglos, el hermoso edificio de una Patria libre, justa y feliz, una Patria de todos.”

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