lunes, 4 de mayo de 2015

Los polos opuestos de una misma nación



Por: Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
La VII Cumbre de las América dejó para los cubanos la amarga experiencia de lo que puede la intolerancia y el irrespeto hacia el pensamiento diferente.
La delegación oficialista, según sus integrantes, fue en representación de doscientas organizaciones de la sociedad civiles. Algo que sorprende .Llamar sociedad civil a apéndices del régimen como son los Comités de defensa de la revolución, la Federación de mujeres cubanas, la Central de trabajadores de Cuba, los miembros del parlamento y del Comité Central, los informantes de la seguridad del estado, y las pandillas de represores nucleados en las llamadas brigadas de respuesta rápida, bien conocidas por sus constantes arremetidas contra la oposición pacífica, como lo hicieron en Panamá.
Lo anterior no amerita el menor análisis tratándose del castrismo. Para sostener sus verdades no le queda otro remedio que acudir a las mentiras y al camuflaje para confundir.
Estos representantes del oficialismo, fuertemente adoctrinados hasta que se demuestre lo contrario, trataron de impedir que otros cubanos, representantes de una parte de la oposición civilista, expresaran sus puntos de vista. Catalogarlos de mercenarios, apátridas, contrarrevolucionarios y un sinnúmero de improperios, fue el bautizo oficialista a la oposición pacífica cubana en tierra ajena-Al exportar la violencia y la razón de la fuerza, hicieron recordar las marchas de odio durante el éxodo del Mariel en 1980 y todas cuantas hasta hoy se han sucedido con el marcado propósito de silenciar por cualquier medio las voces discordantes a la política oficial.
Los opositores cubanos, entre insultos y golpizas supieron capear el temporal y llevar a vías de hecho el objetivo que se habían propuesto. Dejaron de capa caída a los apapipios del castrismo, sin la mínima razón de aquella absurda negativa a dialogar en un espacio que convocaba a la diversidad de opiniones y al debate civilizado.
Panamá es un país libre, donde ninguna voz es pequeña .Su pueblo es receptivo, capaz de sopesar las diferencias, aun cuando canten al compás de los acordes doctrinarios de Silvio Rodríguez.
Los apapipios quisieron hacer en patio ajeno lo que acostumbran hacer en Cuba con los opositores: prohibirles el acceso a espacios públicos, perseguirlos, calumniarlos, golpearlos. Luego se encargarían de desinformar al pueblo cubano para que no pudiera sopesar los argumentos de las partes en discordia y sacar sus propios razonamientos.
La sociedad civil oficialista, en nada representa el sentir de los de abajo. Apedrean y acosan, y tratan, mediante la fuerza bruta, de impedir que compatriotas pacíficos muestren al mundo, la desigualdad, la pobreza, la falta de libertades civiles y políticas, el racismo y la discriminación ideológica, la muerte cívica, las políticas selectivas para cursar estudios superiores, la prohibición de acceso al trabajo por pensar de forma diferente, y los privilegios de los militares y los altos funcionarios gubernamentales.
Estas son algunas de las calamidades que los gobiernos del mundo deberían tener en primerísimo lugar en sus agendas a la hora de relacionarse con el gobierno castrista, que ni por asomo es democrático, y convierte a muchos de sus súbditos, como estos que presenta como “sociedad civil”, en bueyes cornetas y máquinas de matar. Como dijo el poeta. “Que se avergüence el amo”.
mal26755@gmail.com

martes, 21 de abril de 2015

Por el bien de todos


Por: Manuel Aguirre Labarrere
            (Mackandal)
Los cambios no importa cuáles sean sus objetivos siempre provocan traumas y resquemores. El tema del negro y su plena inclusión en la sociedad cubana, provocó  en un principio esos efectos, tanto con el sistema actual como en los distintos procesos de inclusión social que lo antecedieron.
Siempre hay una cúpula inflexible y reacia a todo lo que no considere  de su entorno, un rechazo hacia lo social y culturalmente diferente.
En Cuba no ha sido distinto. Los cambios que se avecinan y los que se han dado, ameritan de una urgente revisión que sea equivalente a los pasos anunciados por el oficialismo, tanto en materia económica como en las demás ramas involucradas en esta nueva mentalidad de hacer política sin llegar al  fondo, con lo que no se logra la voluntad del bien para todos y sí excluye a la gran mayoría.
Los aborigenistas que durante el periodo colonial abogaron por el fin de la esclavitud y la inmensa mayoría de cubanos herederos de esa propia mentalidad, suponen que los negros, aunque hombres y hermanos, continúan clasificados como hombres y hermanos inferiores,  por lo que su cultura, aunque inmersa en la macrocultura nacional, es más dada a la barbarie que a la civilización. Esa mentalidad poco cambia de generación en generación. Según  los aires que corran, tendrán un mayor o menor efecto en las tomas de decisiones del poder político.
En Cuba,  en el momento actual, el saldo de inclusión social es desde los puntos de vista del color, visiblemente negativo.
Programa como la Mesa Redonda  de la televisión cubana, la voz  del oficialismo, pintan una Cuba  idílica. En los últimos tiempos ha dado todo un compendio de razonamientos más o menos aceptados,  pero no siempre convincentes en cuanto a marginalidad y racismo en la sociedad cubana. Eso demuestra que la persistencia del racismo en Cuba, cuyo origen exógeno es un fenómeno plural.
La democracia no admite soberbias raciales ni hegemonías. Son los grupos de poder los que marcan las diferencias entre las personas. Es la ideología  racista la que lanza las coordenadas y tira del cordón para marcar las pautas de su propia mentalidad conveniente, siempre, al beneficio de una ínfima minoría.
En la Cuba actual esta ínfima minoría  está constituida por la cúpula gobernante y el alto mando militar. El sistema  dictatorial y militarista debe mantener satisfecho a su fuerza bruta,  racista, engreída y poco dada a la solidaridad de su pueblo.
Este distanciamiento de la realidad, más la poca voluntad de resolver  los problemas sociales han  agudizado las diferencias tanto de género como de raza, porque la mujer negra, aunque muchas veces no se asuma como discriminada, es también victima de ese racismo exógeno que vive a diario la sociedad cubana.
Necesario sería la tolerancia a las manifestaciones pacíficas en favor de un equilibrio entre los distintos grupos que cohabitan en la sociedad cubana. Necesario que el régimen permita y legalice a los movimientos de lucha contra el racismo, y que acepte la creación visible y realista de una  junta cívica independiente donde se puedan generar ideas que sean aceptadas de forma obligatoria en el parlamento cubano, para una inmediata puesta en marcha con resultados positivos.
Entonces, no habría duda de que se lucha  por el bien de todos, y que al menos un fragmento del ideario  de José Martí ha calado en la conciencia de los políticos cubanos.


jueves, 2 de abril de 2015

La exclusión del negro en la narrativa cubana de los ochenta

.
Por: Manuel Aguirre Labarrere
              (Mackandal)
El segundo periodo de la narrativa cubana que bien se puede enmarcar  a partir de la segunda mitad  de los años ochenta, adolece, tanto en su estructura narrativa como en el arquetipo de sus personajes, de un silencio y la invisibilidad racial del componente negro,  que hace que esta llamada novísima narrativa cubana que nace  partir del triunfo del régimen castrista en 1959,  y continuaría en sucesivas generaciones aun cuando haya dado obras emblemáticas donde entran entonces obras que las antecedieron, como Adire y el tiempo roto, Expediente de hombre, de Manuel Granados, de quien se puede analizar también su libro de cuentos País de Coral, publicado por Letras cubanas en 1988, y sucedidas por otras como   
En El vuelo del gato, su  autor, Abel Prieto trató de mostrar a una familia negra sin lograrlo,
La ausencia del negro en la narrativa del periodo revolucionario, es más que visible, preocupante. ¿Cómo puede la literatura cubana deshacerse de un segmento de la población sin cuya presencia sería muy difícil pensar a Cuba?
Ha sido  el teatro cubano más prolifero  en mostrar al negro en su contexto sin caer en los aullidos y lamentos que muchas veces ponen en su boca  y que únicamente muestran una ínfima parte del problema que pudiera ser inherente también a los personajes blancos.
Evadir  la realidad  hace más inverosímil el discurso narrativo.
  No se trata de tener a nano un compendio de remanentes lingüísticos africanos hablados en Cuba ni poseer tampoco un diccionario yoruba o lucumí. Se trata de ser conscientes del  problema y no dejar fuera del juego ni disfrazar verbalmente a los personajes  afrodescendientes, que en la mayoría de los casos, y  más en esta novísima generación, son narrados desde la visión y los conceptos de escritores blancos.
El castrismo dio pasos fundamentales referentes al racismo, la exclusión y la discriminación racial. Pero en sus más de cincuenta años de existencia no ha dedicado al problema del prejuicio  en cuanto a la temática negra, ni  siquiera diez minutos, porque no llegan a diez minutos el tiempo que tanto Fidel como Raúl Castro­ que han   hablado bastante­ han dedicado al problema de la discriminación en Cuba.
Este fenómeno de la invisibilidad de un  tema que  por sí solo llama al debate abierto y conciso, es lógicamente trasplantado a la literatura sin tener que forzar nada.
Los narradores reciclan de diversas maneras un mismo problema,  pero el problema es el mismo.
El poco empeño por divulgar masivamente materiales sobre raza y discriminación acentúa de forma subliminal los prejuicios, y legaliza  de forma real los racismos.
De modo que si un problema surge ventilarse en la hora actual de Cuba, es el racismo, porque  tuberculiza a la nación y hace decaer la autoestima y amor a la patria misma.

mal26755@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2015

Una victoria demócrata

Manuel Aguirre Labarrere
               (Mackandal)





…ajustemos las leyes de nuestra tierra original a su composición histórica, y a sus defectos, y a su naturaleza,- fundamos en el concepto uno y superior del país común,- que unió con el sacrificio lo que el déspota procuró apartar con la astucia,- las quejas de vecindad y las pequeñas lealtades regionales”. José Martí (Discurso “Con todos y para el bien de todos.”)
 No ha existido jamás ningún conflicto entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos. Cubanos y norteamericanos estuvieron juntos en las luchas para la liberación de ambos países. No fueron pocos los cubanos que contribuyeron a la eliminación del régimen esclavista en el país norteño. Estados Unidos ha sido -junto a México y Venezuela- el país que a través de la historia ha acogido la mayor cantidad de exiliados cubanos.
Fue en Estados Unidos donde nuestro Apóstol de la Independencia, José Martí, fundó el Partido Revolucionario Cubano. A modo de observación, dicho partido no tuvo nada que ver con la idea castrista de un partido único en una nación como Cuba, tan dada a la polémica y a la libertad.
Fue en Estados Unidos donde Martí cuajó definitivamente como intelectual multifacético. Criticó con maestría todo lo que consideró dañino de ese país, al mismo tiempo que admiraba todo lo bueno. Advirtió la importancia para Cuba de una respetuosa relación con el país norteño. Tuvo, por muchas razones, como paradigma del progreso y las libertades políticas y civiles, la ejemplar Constitución norteamericana, que lo llevó a escribir un elogioso artículo sobre esa Carta Magna.
No es extraño que el actual presidente norteamericano, Barack Obama, aún con conocimiento de las marcadas diferencias existentes entre democracia y dictadura, haya decidido dar un paso de buena voluntad con el castrismo a favor del bienestar del pueblo cubano, aun cuando muchos desconocen lo que significa un estado de derecho y persisten aferrados en seguir su apoyo al insolvente modelo castrista, paradigma de la traición al ideal supremo del concepto de Patria en José Martí.
Desde su llegada al poder, el antidemocrático régimen castrista no ha dejado de instigar sistemáticamente en contra de cada uno de los gobiernos y presidentes que han pasado por la Casa Blanca. Fidel Castro fue el máximo exponente del odio antinorteamericano. Con un enfermizo rechazo a todo lo que viniera del Norte, llamó –como el Gran Hermano de Orwell- a intensos minutos de odio contra Estados Unidos, sembrando en la conciencia y visión de los cubanos una miopía asistida que provocó el miedo y el rechazo, sin decir por qué ni cuestionar lo que sin ser legislado se convertía en ley.
El cambio de la política norteamericana hacia Cuba anunciado por Obama es una victoria de la democracia.
Ya fueron liberados los cinco espías que decidieron resistir el embate carcelario con Internet y televisión por cable. Falta ahora que con el mismo entusiasmo que celebró el regreso a casa de sus espías, el gobierno cubano decida poner fin a las restricciones políticas y permita la legalización de al menos un partido de oposición y de los movimientos independientes de lucha contra el racismo, como el Movimiento de Integración Racial “Juan Gualberto Gómez”, que la prensa independiente deje de ser cuestionada como “mercenaria y antipatriótica”, que deje de hostigar a las manifestaciones pacíficas que reclaman derechos y legisle de forma abierta y con inclusión sobre las discriminaciones políticas por maneras de pensar diferente una nación para todos.
Hay entusiasmo mayoritario de la población sobre una futura normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Hay el anhelo entre los cubanos de que el gobierno castrista levante las restricciones que mutilan las aspiraciones humanas y se ponga a tono, sin manipulación ni cortapisas, con el legado de José Martí, y repare una constitución que muy poco tiene que ver con el anhelo del Apóstol y es una abierta bofetada a todos los que como él lucharon por legarle a los cubanos una patria libre.
Tiene el castrismo en sus manos, la oportunidad, ahora más que nunca, de aprobar la ley complementaria contra el racismo plasmada en la Constitución de 1940, de limpiar su imagen y legar a la actual y futuras generaciones de cubanos una patria con todos y para el bien de todos. Señalarse a sí mismo las reiteradas violaciones que comete mediante la fuerza bruta contra la ciudadanía, particularmente contra la oposición, que obstaculiza la franca convivencia entre los cubanos.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com


jueves, 15 de enero de 2015

Los afrocubanos y la exclusión social
Por: Manuel Aguirre Labarrere
        (Mackandal)·
En 2015, en Cuba, como uno de los países de mayor mestizaje en América, negros, blancos y mestizos  seguirán en pos del sueño de cada día a pesar de las diferencias que conlleva el color de la piel.
El racismo seguirá retroalimentándose de todo aquello que le dé la
oportunidad de hacerlo y a través de sus mecanismos de resistencia
pacífica, los marginados encontrarán estrategias de sobrevivencia.
El problema racial, que se empezó a visualizar desde los años ochenta y
que tomaría cuerpo de segregación a partir del período especial, pasa
fundamentalmente por la falta de voluntad política del régimen para
atajar las diferencias sociales.
Aun cuando en las primeras décadas del totalitarismo castrista se notó
cierta mejoría respecto al racismo, la realidad actual muestra un retroceso.
Los mecanismos no son ya los mismos que existían antes de 1959, pero el
propósito continúa siendo la exclusión del otro. De ahí las invenciones
y el reciclaje de estereotipos negativos contra negros y mulatos.
He tenido que soportar horrores y ofensas a mansalva cuando me he
atrevido a plantear el problema, por personas defensores del castrismo.
Es cierto que las manifestaciones racistas de hoy no son las mismas que
tuvo que soportar el negro en cualquiera de las etapas republicanas que
vivió Cuba, pero eso no justifica el presente, puesto que se trata de
una deuda histórica no saldada hasta el presente.
El racismo sigue siendo el mismo, aun cuando hoy se trate de hablar de
racialidad con la intención de aminorar el impacto de la palabra.
No existe justificación posible. Ni los defensores del castrismo ni sus
actores fundamentales son merecedores de un átomo de confianza.
La promesa del régimen, en la voz de su máximo exponente, fue acabar con
todas las manifestaciones racistas, y con todo tipo de marginalidad y
discriminación. La realidad muestra que hasta el día de hoy, eso no ha
sido logrado.
Cada vez son más los afrodescendientes que observan con tristeza el
descalabro de sus vidas.
No hay un solo analista en Cuba que no considere el racismo como un
problema cultural. Cada día son más los historiadores, sociólogos,
psicólogos y comunicadores sociales apegados a este concepto errado y
con marcadas intenciones de dilatar su definitiva solución.
El racismo es fruto de una determinada ideología. Sea de izquierda o de
derecha o de cualquiera de los puntos cardinales a la que se apegue, su
resultado es la exclusión del otro.
Al encontrar asideros en el color de la piel más que en la clase social,
se da por sentado el erróneo concepto de razas superiores y razas
inferiores, lo cual es ya un obstáculo para la eliminación del racismo.
El racismo, la exclusión social y la discriminación, tanto política como
por color de la piel, es la consecuencia de una ideología impuesta a
través del poder, en cualquier tiempo y en cualquier lugar del planeta.
Podría incluir elementos culturales, pero no es un problema cultural
propiamente dicho.
Los afrocubanos de hoy ya no llevan cadenas ni visten pantaloneta,
camisola y cinta en la frente para evitar que les caiga el sudor en los
ojos, como se les obligaba vestir a los esclavos. Hoy visten como
cualquier ciudadano de estos tiempos, pero siguen discriminados. Ni la
etnia de procedencia ni la cultura originaria son quienes los hace
objetos de discriminación, es la ideología política, y eso funciona
perfectamente en la Cuba de hoy.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com
Source: Los afrocubanos y la exclusión social | Primavera Digital –
http://primaveradigital.net/los-afrocubanos-y-la-exclusion-social/

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martes, 13 de enero de 2015

Telefonía móvil: una masacre económica,


 Manuel Aguirre Labarrere
                   (Mackandal)
Un mensaje de Etecsa me avisa sobre el vencimiento de mi crédito. Debo recargar el teléfono pero me encuentro sin
dinero.
También me inquieto al pensar cómo haré pagar la cuenta del servicio eléctrico, que para colmo este mes ha sido el más alto desde que asumí la responsabilidad de llevar una casa. Pero sé que no es un error. Mi hermana, que ahora vive conmigo, de forma temporal, mientras arregla sus problemas maritales, ha sido la causante del descalabro de mi vida metódica. Hablo con ella y le explico, recibo en mano, la situación. Me ayuda a pagar la cuenta y salgo de esa deuda, gracias a Dios.
No tengo dinero ni para comprar en la bodega la cuota que me asignan por la libreta de abastecimiento, que es bastante menos de lo que debe consumir un ser humano, por lo que luego de agotada la limosna estatal hay que arreglárselas a como dé lugar para alimentarse y alimentar a los suyos.
Pero aún bajo esta presión, lo que más me preocupa es el mensaje de Etecsa.
¿Cómo pagar el crédito para no perder mi línea telefónica, justamente ahora que ya no caduca a los dos meses, sino que le han extendido la vida hasta 330 días?
Un amigo de esos que no abundan nota mi preocupación y me pregunta el por qué de tanta inquietud. Le cuento sin rodeos y rápidamente pone en mis manos el dinero que justamente necesito. Salgo ligero para la primera oficina que encuentro para estos trámites, y pago.
Estoy tranquilo y sonrío. Pero la curiosidad me lleva a comprobar el saldo. Para mi sorpresa veo que tengo veintitrés pesos con dos centavos. Es decir, que antes de esta última recarga aún me quedaban dieciocho pesos con dos centavos, lo suficiente para hacer varias llamadas y enviar algunos mensajes de texto. Pero no, la regla exige el pago.
Es algo que aun no comprendo: ¿Por qué suspenderme el servicio cuando aún me quedaba dinero en el móvil?
Pero más inquietante es mi otra reflexión: ¿Por qué anularme la línea, la cual compré al estado al abusivo precio de 50 CUC, cuando la lógica indica que una vez efectuada una compra, lo que compré es de mi propiedad?
Cualquier cubano vive con la misma inquietud y sobresalto que yo cuando piensa que sus derechos penden de un mensaje de ETECSA.
Al régimen cubano le gusta ufanarse de sus logros con relación a otros países. Pero es una realidad irrefutable que en ningún país del mundo un ciudadano está obligado a pagar un servicio de telefonía móvil cuando a la empresa telefónica le dé la gana.
Me dicen cubanos que han tenido la oportunidad de viajar al extranjero que les resulta muchas veces incómodo el acceso a muchos servicios por la cantidad de facilidades de que disponen, y porque son bien tratados.
En Cuba el régimen impone trabas al acceso a las NTI. No en balde se negó de forma reiterada a que el acceso a Internet fuera considerado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), un derecho humano, propuesta que fue acogida de forma entusiasta por la casi totalidad de los países del mundo.
El régimen, a cada paso, se opone a la democracia y a los derechos y libertades de los cubanos. En el mundo sólo es apoyado por ciertos viajantes-golondrinas equivocados.
Soy un cubano que ha sufrido todo tipo de restricciones y discriminaciones políticas y civiles, y que ahora confirma, con solo un teléfono móvil, lo que es un gobierno en contra de su pueblo.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com
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Sociedad

Las

jueves, 8 de enero de 2015

Demanda conjunta de la oposición cubana, al Parlamento y gobierno de la República de Cuba.

Demanda conjunta de la oposición cubana, al Parlamento y gobierno de la República de Cuba.
 1. La libre circulación de  la Declaración Universal de los  Derechos Humanos y su cabal cumplimiento por parte del Estado
2. Derogación de la ley de libertad extrapenal,  por constituir un mecanismo represor de las libertades políticas y civiles los ciudadanos
3. Aplicar leyes de acciones afirmativas   que ayuden a eliminar los racismos y la discriminación  por motivos políticos y de color de piel.
4. Legalizar a los grupos y movimientos independientes que ayudan a buscar un equilibrio justo y martiano dentro del componente étnico de la nación cubana.
5. Legalizar la prensa independiente de Cuba, teniendo en cuenta que la crítica es un derecho sagrado, y de ayuda para  el saneamiento y el mejoramiento de la nación.
6. Permitir y legalizar  la creación de un nuevo partido o Mesa de oposición,  cuyo derecho debe ser  sagrado, basados en el concepto martiano, y como reconociendo a su legado, de que, “siempre es desgracia para la libertad, que la libertad sea un partido”.
7. Emprender los debates para la  revisión o creación de una nueva constitución, basados en el concepto martiano, de que, “una constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elemento ideológicos”.
8. Permitir una barra opositora en el Parlamento cubano, con derecho a voz y voto.
9. Permitir a la oposición cubana, el derecho a recibir equipos y materiales, de forma libre y por las vías aduanales cubanas, sin el temor de ser detenidos, encarcelados, o expropiar los materiales, siempre que estén vinculados al desarrollo de sus proyectos, y no constituyan peligro  ni amenaza para la vida humana, ni para la seguridad de la nación.

10. Permitir la candidatura de uno o varios opositores, a todos los niveles de la política cubana, mediante la creación de un nuevo partido como contrapartida al unipartidismo  vigente en la nación cubana.