martes, 19 de agosto de 2014

La cultura en la revolución.


Manuel Aguirre Labarrere                     
        (Mackandal)
En 1961 se manifestó el interés de la Revolución por asumir políticas culturales, con la participación de creadores dispuestos a echar suerte al lado de este nuevo proceso de refundación.
Ya desde La Historia me absolverá, los cambios en la cultura y la educación bullían en la mente de Fidel Castro.
Sin responder a una política estrictamente cultural, desde sus inicios la revolución adoptó medidas como la creación, el 24 de marzo de 1959, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) y la reorganización del Ballet Nacional de Cuba, para lo cual Fidel Castro le ofreció a Fernando Alonso 200 mil pesos.
El 28 de abril de 1959, se creó la Casa de las Américas, que proclamó el sentir latinoamericano y caribeño de la Revolución.
Hubo un programa televisivo, en CMQ-TV, en el que comparecieron algunos dirigentes como Armando Hart, Alejo Carpentier, Vicentina Antuňa, y otros intelectuales que explicaban las proyecciones culturales de la Revolución.
En 1960 se creó Danza Moderna, se dio nuevos aires la Orquesta Sinfónica Nacional y se reorganizó el Instituto de Derecho de Autor.
El 4 de marzo de 1960 se creó la Imprenta Nacional. Como director fue nombrado Alejo Carpentier. El primer libro editado fue Don Quijote de la Mancha.
Pero una empresa de tan abarcadores propósitos como la de refundar la cultura nacional, tenía que traer también un lado negativo y polémico. Serían marginados unos para ensalzar a otros, sin reparar en la dureza de las medidas.
Al encargarse el Estado de las políticas culturales, surgió el interés por la reevaluación ideológica de la cultura, unas veces para empoderar la ideología y otras para distanciar las diferencias. Y en ese punto hicieron hasta lo imposible para desacreditar aquellas ideas y conceptos que no cuadraban a sus objetivos.
Virgilio Piñera confesó que se moría de miedo cuando fue convocado a la Biblioteca Nacional, en junio de 1961, para oír a Fidel Castro en lo que luego se conocería como Palabras a los intelectuales. En la novela Presiones y diamantes Piñera ridiculiza al líder de la revolución a través de Delfi (Fidel al revés), hecho que casi lo llevó a prisión. Los horrores de esa experiencia se reflejarían en su obra teatral Dos viejos pánicos.
Además de Piñera, fueron incomprendidos y marginados muchos intelectuales y artistas que eran verdaderos ejemplos en sus esferas culturales, como Eugenio Hernández Espinosa, Antón Arrufat, Reinaldo Gonzales, Lezama Lima y la pintora Antonia Eiris  fueron siquitrillados intelectualmente. Muchos de ellos quedan en la memoria colectiva como ejemplos de lo que significó la incomprensión y el avasallamiento durante el llamado Quinquenio Gris.
La frase de Fidel Castro “dentro de la revolución, todo, fuera de la revolución, nada, fueron muy bien interpretadas por algunos ventajistas y seudo intelectuales que troncharon la vida y el crecimiento cultural de la nación durante más de una década.
En Matanzas, se organizó un asalto contra un recital de Casilda Oliver Labra porque algunos la percibían como una poetisa contestataria.
Se arremetió contra la revista Pensamiento Crítico por considerarla propagadora de diversionismo ideológico. Varios de sus más brillantes investigadores fueron avasallados por la boca de Raúl Castro. Al respecto, años más tarde diría Fernando Martínez Heredia: “El pensamiento social recibió un golpe abrumador. Se cerró de tal manera el espacio que las corrientes no marxistas fueron malditas y se trató de erradicarlas, se consideró incorrecto conocerlas y aún más, tratar de utilizarlas. Dentro de las corrientes marxistas se afirmó que sólo la soviética era la aceptada y la correcta”.
Otro estigmatizado fue César Gómez Barranco, quien a pesar de todo se mantuvo firme en sus convicciones y llegaría a ser el líder de la agrupación musical Moncada.
Personalidades como Fernando Martínez Heredia y Eugenio Hernández Espinosa, a pesar de su incondicional apego al régimen castrista, son algunas de las figuras más respetadas del pensamiento social en la Cuba de hoy que fueron víctimas de aquellas nefastas políticas culturales de los años 70.
Para Cuba actualidad:

mal26755@gmail.com

jueves, 14 de agosto de 2014

El racismo en Cuba, un tema recurrente y sin solución,


 Por:  Manuel Aguirre Lavarrere     
          (Mackandal)
“…de todas las formas de discriminación racial la peor es aquella que limita el acceso del cubano negro a las fuentes de trabajos. Porque es cierto que ha existido en nuestra patria en algunos sectores, el bochornoso procedimiento de excluir al negro del trabajo” Fidel Castro Ruz
De inquietante pudiera calificarse el debate sobre el racismo en días pasados en el programa Mesa Redonda, del canal Cuba Visión.
Los exponentes, Ana Cairo, Jesús Guanche, y el periodista del oficialista periódico Granma Pedro de la Hoz, dieron un viraje tembloroso a una problemática que gravita de forma constante sobre la población negra y mulata de Cuba.
Para tratar de solventar el descontento ciudadano por las prácticas discriminatorias, de vez en cuando el oficialismo decide permitir estos debates sin aspirar a otra cosa que no sea a más de lo mismo.
Ana Cairo, sin abordar a profundidad las manifestaciones racistas, fue la única que de alguna manera dio una explicación racional sobre el asunto, pues Jesús Guanche, uno de los antropólogos y etnólogos más divulgados de los últimos años, no dijo nada que no fuera recurrir a las mismas justificaciones que ha planteado en otros momentos, evitando rasguñar al régimen por la falta total de acciones afirmativas, que de alguna manera devuelvan la esperanza de pensar en una nación verdaderamente inclusiva.
Al señalar la moderadora Arlen Rodríguez, “hablan del racismo en Cuba como si en otras partes no existiera”, por supuesto, una clara alusión a los Estados Unidos, Pedro de la Hoz, quien funge también como vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), dijo que el caso de esta acusación bien merece una Mesa Redonda.
Lo cierto es que no está para nada equivocado Pedro de la Hoz, ese ventrílocuo del oficialismo en su cada vez más sumisa manera de contar.
La incógnita sería si en este debate propuesto por Pedro de la Hoz tendrían cabida aquellos, opositores o no, que ven el problema racial desde otro punto de vista y con diferentes aristas.
Pensar y llevar a debate un tema, por álgido que sea, diferente a como lo analiza el oficialismo, no hace a nadie un traidor a la patria. En cambio, sí lo son aquellos que por compromiso y beneficios pírricos, niegan la realidad y son al final, mal mirados y despreciados, tanto por el régimen que defienden, como por aquellos a quienes humillan en desigualdad de condiciones, y a los que desgraciadamente, vivos y residentes en la Isla, se les niega el derecho de defenderse, y de poner sobre la mesa la problemática racial en Cuba, y de cómo inciden las política castristas en su realimentación.
Nuevos estereotipos negativos en detrimento de negros y mulatos, prejuicios sutiles, segregación laboral, modos de vida deleznables, marginalidad, encarcelamientos por causas que en muchos casos no los ameritan y una visión maniquea del régimen respecto al racismo en la hora actual, son algunos de los temas que activistas independientes y entendidos sobre la historia del racismo en Cuba, pondrían sobre la mesa, en un debate franco y respetuoso, donde tanto los ponentes como el pueblo saldrían fortalecidos y con una mirada diferente sobre un tema que no debe perderse de vista.
Solo llegado ese momento, se harán realidad las esperanzas de acabar con el racismo.
Walterio Carbonell, con sobradas razones, al criticar a José Antonio Saco, escribió: “Mal puede ser un liberal quien solo era partidario de la libertad de unos pocos. Hagámosle justicia a ese tiempo del siglo XIX, tan libre y ancho, que en la mente limitada de Saco no pudo caber”.
Para Cuba actualidad:

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martes, 12 de agosto de 2014

No tener patria,


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
 El descontento con el gobiel rno castrista es a todas luces mayoritario entre la población, más aun después de la adopción
de impopulares medidas económicas.
Las necesidades básicas son cada día más difíciles de resolver y el margen de la pobreza alcanza niveles inquietantes.´
Solamente el que posee dinero puede darse algún respiro y aliviar las precariedades de las circunstancias actuales.
No todo recae en la quiebra de la economía nacional, sino más bien en la mala repartición de la riqueza. Un análisis riguroso mostraría las mentiras del castrismo para mantener al pueblo sobresaltado a base de miserias y disloques.
Ayer, los cubanos aplaudieron de forma eufórica discursos y decretos de Fidel Castro. Alabaron incansablemente sus ideas y apoyaron irresponsablemente sus decisiones. Jamás se pensó que al dejar el destino de una nación en manos de un solo hombre, que maniobraba a su antojo al margen de la ley, se apostaba por la tiranía. Tiranía que hasta hoy cruza rampante todo el entramado de la nación de forma autoritaria y deja a su paso solo desasosiegos y miserias, y han retomado el rumbo y el espíritu de aquellos gobiernos anteriores que tanto criticaban, a los que han sobrepasado en corrupción y violación de derechos.
Las intenciones políticas del castrismo han cuajado gracias a la ignorancia ciudadana de lo que beneficia a un país el conocimiento de sus razones, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y el no saber cómo exigir políticamente un estado en concordancia con las aspiraciones ciudadanas.
Cuando el nacionalismo permite a sus ciudadanos ser parte de un proyecto común, puede ser positivo. Pero no cuando con malas intenciones se baraja de espaldas al pueblo al que se le hace creer que es parte de ese proyecto, pero se aísla a favor de las diferencias convenientes a un segmento de la sociedad.
Cuando los más débiles no tienen la oportunidad de expresarse, cuando el poder es absoluto, sin el concurso del pueblo, ejercido por un solo hombre que impone sus decisiones y criterios, es tiranía.
Es esta la realidad de Cuba: la usurpación de los derechos por parte de una tiranía que ha fortalecido su autoridad en detrimento de lo que corresponde al pueblo, ejerce a fuerza de imposiciones su poder y niega la participación a quienes les corresponde.
Tiranía radical y emblemática a la que todo un pueblo, cómplice o no, simpatizantes o contestatarios, están sometidos bajo la designación del continuismo político de aquellos que responden sumisamente a las aberraciones de un tirano, usurpador de históricos legados y de la equidad plural de la nación, sin otra salida que no sea la muerte o el exilio.
En un discurso en Camagüey, el 4 de enero de 1959, Fidel Castro dijo: “¿Cómo vamos a decir, ésta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria״.
Recordar estas palabras de Fidel Castro, dan la medida de la maldición que significa para el pueblo cubano la implantación del castro-comunismo.
‟Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder  vivir. No tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Ustedes saben que es verdad”.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com

jueves, 7 de agosto de 2014

Guanajay, un macondo en el occidente de Cuba


Por: Manuel Aguirre Labarrere
           (Mackandal)
     (

 Guanajay cuenta con uno de los mayores índices de cólera que se hayan registrado en la parte occidental del país.


En Guanajay había hospital desde hacía 102 años, al que asistían personas de todos los pueblos colindantes, incluso de la provincia de Pinar del Río, pero en 2013 fueron suspendidos sus servicios para dar prioridad al de Artemisa, la capital de la provincia recién constituida. Artemisa. El hospital de Guanajay quedó como hospital pediátrico.
En realidad, el hospital que debió ser desmantelado fue el de Artemisa, que no cuenta ni con la calidad profesional de sus galenos ni con las condiciones higiénico-sanitarias con que contaba el "José Ramón Martínez" de Guanajay.
Pero muchas más desgracias le ha traído al pueblo de Guanajay la anexión a la nueva provincia Artemisa.
El abasto de agua, ese elemento fundamental para la vida, se ha visto seriamente afectado. Alegan que se debe a los motores rotos. Afecta también a los poblados contiguos de Caimito y Bauta. Miles de familias tienen que arreglárselas como puedan, o esperar por una pipa en manos de particulares, que cobran entre 60 y 100 pesos. El estado, el gobierno provincial de Artemisa, no cuenta con un parque de pipas capaz de ponerle freno a la recua de bandoleros que lucran con un producto que se ha privatizado en esta parte de la región occidental. Pipas que fueron propiedad del Estado y que hoy, por medios de apropiaciones nebulosas, forman parte del patrimonio privado de aquellos que más tienen.
El agua que le llega a buena parte de la comunidad cuenta con una problemática dosis de contaminación, debido a los salideros de aguas albañales.
En Guanajay hay una cárcel de alto rigor donde varios opositores cumplen severas condenas.
Cuenta Guanajay con algunos renglones importantes para la economía nacional, sin que haya podido disfrutar de forma visible los bienes que genera. Tiene una de la más importantes fábricas de bebidas y licores del país, una fábrica de calzados para la exportación, una conformadora de pieles, un teatro, el Vicente Mora, único de su tipo en Cuba y el segundo en América, donde antiguamente venían los capitalinos a disfrutar de la variada programación que ofrecía, y hoy está destartalado después que dejó de funcionar para convertirse en un almacén de papas. También cuenta con una empresa metalúrgica y de montaje, una ensambladora de ómnibus, una fábrica de bloques y de mosaicos, una fábrica de hielo, un taller de confecciones textiles, una procesadora de productos agrícolas y una fábrica de implementos para la construcción.
Contaba también este municipio con dos fábricas de refresco, La Jupina y La Alonso, y una de caramelos. Pero ya no existen.
En Guanajay han cerrado consultorios médicos para dárselos como viviendas a personal del gobierno provincial en detrimento de la salud del pueblo,
Pero lo que más abochorna a los pobladores de Guanajay es comprobar que este Macondo del occidente cubano, adolece desde hace años de una dirección que influye directamente, de forma negativa, sobre el progreso y bienestar de la ciudadanía. Los que por decreto oficial o al dedo, fungen como dirigentes no son más que lacras que solo responden a sus intereses, sin sentido de pertenencia ni conciencia ante los retos y demandas de sus comunidades.
Y así, con humanos chatarras como dirigentes, honrará el próximo 26 de julio este gobierno a sus mártires, aquellos que cayeron en la masacre de Cabañas, en 1958, y en el asalto al Cuartel Moncada, en 1953, aquella gesta sangrienta provocada por Fidel Castro, donde estuvieron todos, menos él.
Para Cuba actualidadmal26755@gmail.com



jueves, 5 de junio de 2014

El exilio y la temática racial.


Por: Manuel Aguirre Lavarrere         
           (Mackandal)
Las restricciones de la libertad de expresión fijadas en las Palabras a los intelectuales, reminiscentes del pensamiento de Stalin, Mussolini o Hitler, aquel “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”, daría paso una década después a aquella cacería de brujas conocido como el quinquenio gris. El desarrollo de las letras y otras manifestaciones artísticas en Cuba fue retrasado por
algo más de una década.
Los artistas e intelectuales que no pudieron soportar la humillación de ver como la política se apoderaba de la cultura, marcharon al exilio, donde  pudieron, de alguna manera y siempre con la carga a cuesta de las nostalgias que acarrea tal empresa, continuar con sus labores.
El tema negro quedó al margen de los primeros momentos en la creación de la mayoría de los escritores y artistas exiliados. Pero no fue invisible gracias a los que con un prestigio ganado en este campo, se dieron a la tarea de continuar sus labores etnológicas y socioculturales, como lo haría Lidia Cabrera, Juan Benemelis, Iván César Martínez, y como Carlos Moore.
Este último, desde su exilio primero en Estados Unidos y África y actualmente en Brasil, completa el grupo de los que con asiduidad y certeza se adentran en las asperezas de un tema tan complejo y siempre vigente en la conciencia nacional, como lo es el racismo y sus ramificaciones.
Justo es reconocer la labor que dentro de este pequeño grupo juega Alejandro de la Fuente. Sus investigaciones sobre el tema han devenido en magníficos textos.
Otras dos figuras insignes de la temática racial cubana en el exilio lo son sin duda, Juan Antonio Alvarado, y Jaqueline Arroyo, sin cuya
perseverancia en la creación de la revista Islas sería imposible la mayor visibilidad del tema.
En Islas, escritores y especialistas cubanos y extranjeros publican textos de reflexión y debate con una sostenibilidad racional y desprejuiciada a favor del derecho de los afrodescendientes cubanos.
La cuestión de raza y los estudios etnológicos sobre la racialidad en Cuba no han quedado al margen de la comunidad intelectual cubana en el exilio. Pese a ser mayoritariamente blanca, se ha sensibilizado de alguna manera con el tema y han puesto las cartas sobre la mesa en cuanto al racismo y la marginalidad en la Cuba actual.
Ellos demuestran, tanto como los que desde Cuba se adentran en este tema, que enmarcar a una comunidad por el color de la piel, su origen étnico, la herencia de expropiación y sometimiento, el lugar donde les tocó vivir y desarrollarse por las malas pasadas del destino, son prejuicios que gravitan de forma negativa en la solución del problema.













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