miércoles, 20 de agosto de 2008

DEL SAGRADO DERECHO
AUTOR MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)
Correo electrónico:makandalmm@yahoo.com

Pasa que cuando se pierde la vergüenza, cuando la cobardía se envalentona y se hace creíble la mentira, cuando el ciudadano es atropellado, privado de sus derechos constitucionales, que hacen caso omiso al reclamo y sólo prima como estandarte la amenaza, cuando pende sobre el reclamante el encarcelamiento y está privado del derecho a la réplica en los medios informativos oficiales, los únicos permitidos en este país, ¿qué camino le queda?

Cuba, que tanto critica a otros países por estas y otras razones no inherentes a la moral de un gobierno, que se enorgullece de sus avances en los campos de la educación y la salud publica gratuita, algo, según la voz oficial es un logro único en el mundo, que consta en su haber,- y es de admirar- , con numerosas brigadas médicas y deportivas repartidas alrededor del mundo, es incapaz, en muchas ocasiones, de ponerle coto al atropello tanto físico como psicológico que sufren y han sufrido sus con nacionales por parte de cualquier engallado dirigente, o un policía que ha encontrado su plena realización en humillar a los demás, gracias a la credibilidad que da el uniforme azul y la pistola.
Este país ha sido objeto, en innúmeras ocasiones de señalamientos y acusaciones por parte de instituciones internacionales de prestigio sobre violaciones de los derechos humanos, lo que niega y reniega a mandíbula batiente reiterativamente sin sonrojo siquiera, y sin que importe el qué dirán. Y arremete el asunto echando pestes contra países como Estados Unidos, España, Australia o Israel, de ser depredadores insignes cometiendo crímenes contra la población civil. Es su verdad

Pero, ¿con qué moral se exige respeto del uno al otro cuando se han cometido, y se cometen por parte del demandante, abusos de todo tipo, y de frente a las leyes estableadas? Sobran pruebas de activistas de los Derechos Humanos presos y humillados, tanto física como psicológicamente, por el solo hecho de exponer sus verdades, por el solo echo de no estar de acuerdo con el régimen y exponer sus puntos de vista, a contracorriente y sin derecho alguno a la confrontación verbal, ni a disentir, como lo puede cualquier ciudadano del mundo donde exista verdadera democracia y transparencia ideológica, porque en eso radica el principal concepto de una ideología plena, y no en el momo.
Me sobran razones y experiencia de reiterados abusos laborales y verbales cometidos contra mi persona, la pérdida de mi puesto laboral por una simple arbitrariedad de un dirigente mangante, y venido a menos desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en componenda vergonzoso con la jefa de recursos humanos y su y su berreante segunda al mando; en el país que dice proclamar y llevar a vías de hechos el con todos y para el bien de todos, y otros anhelos del apóstol en cuanto a equidad sin distingo de raza, sexo, o religión; cuando se martiriza a Martí con diatribas tergiversas de su legado puro y decoroso.
En una sociedad de derecho yo hubiera tenido derecho a ser escuchado. En una sociedad de derecho me hubiera asistido el derecho de demandar a tales personajes y carearnos de tu a tu frente a un tribunal de derecho por daños y perjuicios. En una sociedad de derecho me hubiera asistido el derecho de pertenecer a un sindicato independiente en aras de hacer justicia..En una sociedad de derecho, no lo niego, también me hubiera quedado sin trabajo, y quizá, por reclamar mi derecho, hubiera tenido que enfrentar a una turba de gamberros asalariados. Pero la diferencia radica en que aquella no dice que no te bota, te alejan del trabajo; pero me hubiera asistido el derecho a la huelga y la indemnización, me hubiera asistido el derecho a disentir. Mientras que este, transparente y justo socialismo dice que ningún obrero queda desamparado, y hace todo lo contrario.


Muy poco o nada se hace, no asiste el derecho al obrero que sufre la aberración sofisticada y canalla de un dirigente chatarra y sus compinches; y se agudiza el conflicto si este hombre es un negro. nada, a no ser el despido despiadado y psicópata, cuando menos, lo que espera a quien se atreva, dentro de las leyes, a reclamar un derecho visible, algo, que por supuesto, en poco o casi nada tiene que ver con el derecho humano, porque un obrero, no es un ser humano, y a él se le pueden violar sus derechos sin que por ello se caiga en tales violaciones, cosa que, por supuesto, nunca o pocas veces llegan y se analizan en el CDH. Y donde el único derecho que me asiste, es el que me quieran dar y nunca llega, que es, una buena y decorosa manera de ser consecuente con el legado martiano.