miércoles, 27 de agosto de 2008

AZULES Y PLEBEYOS.
Nada ya es importante con respecto a lo que se dice y se hace. De pronto da la impresión de estar viviendo en un país idílico para la mentira. Y de echo lo es, pues el sólo comprobar que los cubanos tenemos, por fin, derecho a la obtención de un DVD en moneda convertible, es para abstenerse, y que ya, por fin, podemos alojarnos en hoteles que antes como ahora son exclusividad para los turistas extranjeros, y que podemos, por fin, tener nuestra computadora en casa sin que nadie nos moleste y sin que a nadie le importe sobre lo que en ella escribimos, es sencillamente, una colosal y abusiva mentira.

Los que pueden comprar y gozar en Cuba de lo que en ningún país del mundo es un privilegio para nadie, algo que si hubiera beneficiaría siempre al nacional, son los mismos que hasta ahora, y desde que fueron concebidos, lo han tenido, salvo algunos campesinos que gracias al apego a la tierra y un constante batallar contra las adversidades climáticas y delictivas, se han labrado, a fuerza de trabajo, una sólida fortuna.

Pero a los que me refiero son a esos que antes como ahora el pueblo los sigue llamando los ‘’hijos de papá’’ y para los que no hay que romperse mucho el coco para saber y distinguir en la avalancha de descamisados y marginados, quienes son. Ellos sí pueden labrarse un presente sin sobresaltos y un futuro que les viene asegurado desde la cuna, algo prohibido para los que quizá, y no en pocos casos, podrían tener más capacidad y entereza, aunque no sean de familias reales ni tenga la sangre azul.

La caída del comunismo en Europa, principalmente en Rumania y la ex Unión Soviética, mostró, en bandeja de plata, la hipocresía de los más connotados defensores de la doctrina marxista. Esos que proclamaban como único antídoto para el mundo el establecimiento globalizado del socialismo real, hoy son los que poseen buena parte de las mayores riquezas del país y se han convertido en los abanderados y doctrinarios del más crudo e irreverso capitalismo monopolista al haberse zampado la mayor cantidad de bienes y despeluznar las arcas gubernamentales. Dinero que sus pueblos ayudaron a forjar para el bien común a base de sacrificio y ceguera política.

Cuba no será diferente, la mentalidad consumista del cubano le viene de la cuna. Hoy más penetrada al verse privado de lo mínimo indispensable para la subsistencia, icono que lo ha hecho relegar valores tan fundamentales como el compartimiento, la bondad y el compañerismo pleno. Hoy cada cual ala para sí, no hay tiempo ni lugar para ver la pobreza del vecino, no hay tiempo ni lugar para el justo socorro a la miseria.

Y en esta agudizante crisis de valores humanos y escasez, los únicos que salen ilesos de semejante bochorno político-social, son los mismos que ahora pueden, muchos sin haber tirado un tiro al aire, disfrutar de hoteles que desde siempre han disfrutado, comprar algo que ya poseían cuando era delito y otros artículos liberados para la población cubana. Ellos son los que mañana, como en Rumania y la ex Unión Soviética, se creerán con el derecho del control y apropiación de los bienes de la nación si el pueblo lo permitiera y no los rastreara donde quiera que se metan, algo que de seguro ocurrirá. Porque nada da más confor al alma que ver cumplida la justicia, y a los esbirros descabezados a los pies.