martes, 3 de mayo de 2016

No tan ciegos como desleales a la patria,


Manuel Aguirre Labarrere
        (Mackandal)
Jamás me cansaré de repetir las verdades que brotan del corazón ni me cansaré de recordar con altruismo y hombradía, las verdades que sabidas por unos, ignoradas por otros y tenidas a menos por algunos, constituyen la fuente fundamental para el gozo de las libertades de las que hablara José Martí.
Los expertos en temas martianos, como Luis Toledo Sande, que negó la filiación masónica de Martí y lo pintó de rojo estalinista para su utilización por el castrismo, solo hablan de la faceta antiimperialista de José Martí. Se refieren siempre a la consabida frase “viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, pero obvian como también supo ver del “monstruo” la parte buena de su corazón. De eso no hablan. Se quedan sin argumentos cada vez que alguien se ha atrevido a destacar el tema.
Si de anexión y anexionistas se trata, en Cuba los hubo, los hay y los habrá siempre. Y plattistas. El tema debe tratarse con sinceridad. Ver quiénes son los verdaderos plattistas, si los opositores al castrismo o los comprometidos con el régimen que violan los derechos y la dignidad ciudadana y justifican sus fracasos y errores culpando al vecino del Norte.
José Martí, con un alcance visionario que solo es dado a los hombres nacidos para la gloria y no el que se atribuyen algunos, en un profundo análisis concordó plenamente con el sociólogo Herbert Spencer, que “la futura esclavitud es el socialismo”.
También el Apóstol habló de los intelectuales, que como Toledo Sande, son sumisos y canchanchanes, que “mueren antes de haber vivido”. De ellos dijo: “No hay en verdad espectáculo más repugnante que el de los talentos serviles”.
Indigna conocer estas verdades y no poderlas expresar libremente porque a un régimen se le subió el poder a la cabeza y prohíbe derechos y libertades.
Indigna comprobar que muchos de los que más hablan de José Martí siempre tratan de fusionar su pensamiento humanista y libertario con el esquema repulsivo y egoísta de Fidel Castro.
Se puede participar con un régimen sea cual sea su esquena político, pero cuando es un mecanismo de los intereses de unos pocos contra la voluntad de la mayoría, no es de hombres dignos defender tales villanías.
Si el castrismo ha dado ciertos beneficios ha sido a costa de la anulación de toda forma de libertad que no esté acorde con los estatutos castrocomunistas
y siempre, en nombre de Martí, enarbolando el ficticio peligro que representan los Estados Unidos para Cuba.
Durante la república, el apóstol era solo mencionado para conveniencia de los políticos y oportunistas de turno. Nunca fue citado de otra manera que no fuera para bochinches politiqueros.
Con el castrismo el Apóstol ha sido traicionado en toda la extensión de sus ideales humanistas y de pluralidad política No soporta un análisis serio lo que dicen los castristas de Martí y sobre lo que significa su doctrina en cuanto a la plena igualdad y diversidad de opinión política.
“Siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido”, dijo Martí.
En 1893, en los Estados Unidos, país donde vivió la mayor parte de su exilio, Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano. Era un hombre y no podía fundar más que un solo partido, pero no hubiese impedido que otros cubanos fundaran otros partidos.
Martí vio a Estados Unidos como el paradigma de la democracia, pero eso no lo llevó ni remotamente al anexionismo.
El Apóstol aspiraba a que Cuba fuera un país independiente, democrático y con oportunidades para todos.
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