lunes, 23 de mayo de 2016

La verdad sobre Martí y el Partido Revolucionario Cubano,


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
Como humanista y respetuoso de los derechos civiles, y políticos de los ciudadanos, Martí concedió una importancia fundamental a los partidos para el ejercicio de las libertades.
Al referirse a la Constitución los Estados Unidos, país donde vivió la mayor parte de su exilio y donde fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892, expresó el Apóstol: “Yo esculpiría en pórfido las estatuas de los hombres maravillosos que fraguaron la Constitución de los Estados Unidos de América, los esculpiría firmando su obra enorme en un grupo de pórfidos. Abriría un camino sagrado de baldosas de mármol sin pulir hasta el templo de mármol blanco que los cobijase y cada cierto número de años establecería una semana de peregrinación nacional en otoño, que es la estación de la madurez y la hermosura para que envueltas las cabezas reverentes en las nubes de humo oloroso de las hojas secas, fueran a besar la mano de piedra de los patriarcas, los hombres, las mujeres y los niños.”
La formación de partidos políticos fue lo que dio lugar a la creación de una Constitución que todavía sorprende al mundo.
Martí era un hombre y es lógico que no pudiera formar más que un solo partido. Pero eso no quiere decir que impidiera que otros cubanos con visiones políticas diferentes formaran alianzas que devinieran en otros partidos políticos.
La ambición de poder y el totalitarismo de la revolución castrista no solo traicionó la tradición partidista cubana y el legado martiano, sino que también hizo que se traicionara a sí misma.
Martí fue un ideólogo plural, lo que más le interesaba era el bien común y no el de las élites. El partido fundado por él tuvo como principal propósito servir al pueblo y no servirse del pueblo. Tuvo como propósito acatar las demandas populares y no que el pueblo acatara a su partido.
Como si avizorara el secuestro de la patria por el comunismo, idolología que rechazó de cuajo, Martí advirtió: “La futura esclavitud es el socialismo.”
Pero no es el castrismo el único causante de las villanías contra el pensamiento y legado de José Martí y sus ideales consagrados a la suma total de las libertades. Este régimen ha contado con historiadores y analistas que, unos por estar muertos y otros por irrelevantes, no vale la pena siquiera mencionar, aunque se acojan al derecho de réplica que de seguro les será concedido.
Hacer creer que Martí era comunista y apoyaría sin vacilación al castrismo, es, más que un infame engaño, una villanía, que los amantes de la historia sin mentiras y los que tienen sentido de pertenencia y sentimientos patrios no pueden dejar pasar sin levantar su voz en señal de protesta.
A la muerte de Marx, escribió Martí: “Carlos Marx ha muerto. Por haber defendido a los pobres merece honor. Pero no hace bien quien echa unos hombres sobre otros”.
Eso de echar a unos hombres sobre otros ha sido una práctica constante del castrismo.
Al no existir en Cuba otro partido que no sea el comunista, en una sociedad donde se prioriza el papel del gobierno por encima del individuo, tiene que crear estos enfrentamientos. No son capaces de disputar el poder en las urnas civilizadamente. Son incapaces de llegar al poder por medios pacíficos. Usan la fuerza bruta y la confusión para neutralizar iniciativas democráticas.
Cuba debe ser libre de España y de los Estados Unidos”, dijo Martí. Ese anhelo ha sido ´cumplido. .Ahora Cuba debe ser libre del totalitarismo y la dictadura. En eso anda la oposición cubana, para darle al Apóstol el alegrón de una democracia incluyente y participativa, donde no sea como ahora, con todos y para el bien de algunos, sino verdaderamente con todos y para el bien de todos.
mal26755@mail.com