lunes, 23 de mayo de 2016

El congreso antes y el negro después,


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)

El Séptimo Congreso de los comunistas cubanos, que optó una vez más por el continuismo y el miedo al cambio, contó con la visita inesperada de Fidel Castro. Salido de Punto Cero, hizo presencia en el acto para darle agua al dominó, cerciorarse por sí mismo de que todo marchaba a pedir de su boca y aguarle la fiesta a quien se atreviera a proponer algo diferente a los acuerdos tomados o contradecir alguno de los puntos acordados.
Siempre es así. El comportamiento excéntrico del Comandante impide que sea ignorado bajo ninguna circunstancia. El hombre de Birán respira todavía lo suficiente para escuchar que es aplaudido hasta la saciedad porque eso le gusta desde que era un estudiante de la Facultad de Derecho en la Universidad de la Habana, donde armó más de una pataleta.
De aquellas pataletas y revueltas una de las más sonada fue la lucha contra el racismo que dirigiera el entonces estudiante también de derecho y su amigo Juan René Betancourt, quien luego del triunfo de la revolución, tras alguna que otra discusión con el emergente Líder, se fue al exilio al ver que todo seguía como al principio para los afrodescendientes.
Salvo algún que otro discurso donde Fidel Castro abordó el tema racial, alusiones que sumadas no pasan de cinco minutos en todo el tiempo que estuvo al frente del gobierno, y las dos veces en que Raúl Castro como presidente ha abordado la cuestión, ningún otro dirigente comunista se ha dignado siquiera mencionar la discriminación racial.
Miguel Barnet y Abel Prieto, asesor del presidente, presidieron una comisión que estuvo integrada por tres personas sin llegar a nada concreto y sin que ningún otro dirigente dé solución o por lo menos dé esperanza a negros y mulatos.
Si la patria es algo que se asume voluntariamente, la nación es un proceso de construcción social y político y son sus ciudadanos los protagonistas y responsables de que sea construida o no se llegue a ella.
Negros y mulatos, que son parte del problema, no forman parte de la solución. He ahí el primer desacierto en la solución de una cuestión tan importante para el país si aspira de veras llegar a ser nación, porque aun no lo es y por el camino que lleva, jamás estos dirigentes actuales coronarán a la patria con esa gloria.
La indiferencia política en abordar el tema racial es un fenómeno que se sufre a diario y los afrocubanos saben que no tendrá solución mientras no se permita en el Parlamento una bancada de parlamentarios independientes que luchen contra el racismo, que presionen y señalen la importancia que tiene para Cuba la eliminación del racismo.
Desde la sociedad civil, un grupo de ciudadanos, sensibles y patriotas, nos reunimos para debatir democráticamente el tema y hacer llegar al más alto nivel del gobierno una serie de propuestas que pueden ayudar, sin duda a la neutralización de las prácticas racistas y las manifestaciones de rechazo al otro. No creemos que nos tomen en cuenta. El gobierno solo hace caso a quienes los adulan y toma a los que lo contrarían como mercenarios, apátridas, gente sin nivel, anexionistas, presidiarios y oportunistas pagados por potencias extranjeras para desacreditar al país
donde nacieron.
En este grupo, ninguno de los reunidos cabe en esas descalificaciones. Somos hombres y mujeres con honor y sentido de pertenencia, que a pesar de las palizas y los maltratos, los encarcelamientos y las detenciones arbitrarias, hemos elaborado un documento para hacerlo llegar a las manos del presidente de la República. Sirvan estas propuestas para el bienestar común y saneamiento social de la Patria.
mal26755@gmail.com
En la foto aparece la Dirección Universitaria de Lucha contra el Racismo, integrada por el Dr. Fidel Castro Ruz, el Dr. Juan René Betancourt Bencomo, Presidente de aquel Comité, el Comandante Calixto Morales, que fue , Presidenta de la sección femenina, el Dr. Aramís Taboada, quien fuera en aquel momento presidente de la Escuela de Derecho, el Dr. Isidro Sosa, conocido líder agrario, el Dr. Rolando Valdés Marín. También aparecen Sergio Lauret, la Dra. Martha Berrayarra, y otros miembros de aquel movimiento.