lunes, 23 de mayo de 2016

Recordar el pasado,


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
No hay en verdad espectáculo más repugnante que el de los talentos serviles, José Martí
Una serie de artículos publicados en el rotativo Granma y otros medios informativos rigurosamente controlados por el régimen cubano, unos mandando y otros mandados, bueyes cornetas y negros tíos Tom, se han dado a la tarea de censurar el discurso del presidente estadounidense Barack Obama en el Gran Teatro “Alicia Alonso” de La Habana.
Tratan de encontrar faltas donde hubo transparencia y sinceridad. Fue uno de los mejores discursos de un presidente norteamericano en muchos años, y aunque el teatro estuvo lleno de partidarios del régimen y no de integrantes de la real sociedad civil, arrancó aplausos y sembró esperanza.
De todos estos artículos mal intencionados y esclavizantes, el único que valdría la pena analizar es el de Fidel Castro, publicado en el órgano partidista Granma bajo el título “El hermano Obama”.
Y vale la pena, tanto por su bien articulada prosa como por su desacertado argumento.
En un momento en que la mayoría del pueblo cubano vive una profunda crisis económica y espiritual y trata de olvidar los momentos traumáticos que ha vivido, cuando manifiesta abiertamente su voluntad de estrechar relaciones con el pueblo y el gobierno norteamericano, aparece, como por arte de magia, el artículo del comandante intentando dar un viraje brutal a todo lo logrado hasta hoy entre ambos gobiernos.
Para hablar del pasado hay que hacerlo de forma justa, transparente y sin ventajismo. Hay que hablar a camisa quitada.
Hay que recordar los miles de muertos que causó el castrismo a numerosos pueblos hermanos con las guerrillas que armó y entrenó.
Hay que recordar que no fue el gobierno de Estados Unidos quien creó las UMAP, que fueron unos verdaderos campos de concentración.
Hay que recordar lo que ocurrió el seis de julio de 1980, en el río Canímar, en Matanzas, cuando por una orden diabólica, por evitar una salida ilegal del país, protagonizada por dos reclutas que a punta de pistola intentaron desviar un barco, fueron masacradas decenas de personas, incluidos niños.
Hay que recordar a las víctimas del remolcador 13 de marzo, que aun piden justicia.
Hay que recordar los fusilamientos, los encarcelados por razones políticas, los religiosos apaleados en la puerta de los templos, la prohibición de prácticas religiosas de origen africano y los juicios a babalaos y santeros, los bombardeos de piedras, huevos y patadas a los que en 1980 optaron por irse del país en busca de mejores horizontes.
La revolución tuvo un momento plausible en la lucha contra el racismo. Pero que se haya eliminado, no es cierto: el racismo sigue presente en la sociedad cubana.
Varios debates sobre el racismo han tenido cabida en programas de televisión. Grupos independientes no reconocidos por el régimen luchan diariamente contra los prejuicios raciales y la discriminación por el color de la piel.
Hace años, durante un evento sobre pedagogía, el mismo Fidel Castro reconoció que la revolución no había podido ponerle fin al racismo y lo ratificó en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, realizada del 31 de agosto al 8 de septiembre de 2001 en Durban, Sudáfrica.
Entonces, ¿en qué momento se acabó el racismo?
La Patria, como la concibió José Martí, está por construirse todavía, y solo será posible mediante una democracia plena, no bajo un sistema dictatorial que eliminó derechos y libertades.
mal26755@gmail.com
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