martes, 6 de enero de 2015

El negro y la constitución de 1940,


 Manuel Aguirre Labarrere
  (Mackandal)          De izquierda a derecha,             Salvador García Agüero y Juan Marinello

“Alrededor de nuestros esfuerzos se ha hecho el vacío blanco. Es un procedimiento para que se nos ignore y hace de este modo ineficaz nuestra labor. Así se trabaja para que venga el desaliento a nuestro ánimo. Se quiere que nos veamos solos: que nuestra voz no tenga ecos de esperanza, que se pierda y desvanezca en el árido desierto del desencanto y la desilusión./…/ Ese vacío blanco, lo llenaremos con la constancia en la reclamación de nuestros derechos, con la perseverancia en nuestros procedimientos ecuánimes, sin que prescindamos de la virilidad y la energía que hagan posible la consecución legítima de nuestros derechos. (Labor Nueva, 1916) Lino D´Ou (1871-1939)
La década del cuarenta fue por muchas razones de una amplia vitalidad en el camino por la integración racial en Cuba. Después de años de vaivenes y altas y bajas, los derechos sociales encontraron el espacio idóneo para su realización.
Y no podía ser otro el marco y el espacio que el Parlamento, donde En los debates para la aprobación de la Constitución de 1940, saldrían a la palestra pública, con amplio sentido de humanismo y de higienización social, leyes que contemplarían los derechos de la mujer y el negro.
En Cuba desde 1868 se ha prometido libertad, igualdad, y soberanía para todos los estratos sociales de la sociedad. Sólo que estos conceptos no fueron universales.
La esclavitud no fue abolida hasta 1886, y las mujeres, tanto negras y mulatas libres como blancas, fueron más que objeto de placer, propiedad de sus maridos.
La década del cuarenta, bastante desconocida en nuestros días y tenida a menos por no pocos historiadores y analistas políticos es de suma importancia por constituir un fragmento importante de la historia nacional.
Hay problemas coyunturales que persisten hasta hoy, en la economía, la enseñanza y la cultura.
Otro de estos problemas es la discriminación racial.
En la Constituyente, en la bancada del Partido Unión Revolucionaria, se encontraban figuras como Juan Marinello y Salvador García Agüero, otro gran olvidado de la historia cubana, que se lució como nadie en los debates en la defensa de los derechos del negro.
Hubo intervenciones apasionadas y muy interesantes por la eliminación de las prácticas racistas y la segregación a la que era sometida la población negra y mulata del país.
El Partido Conjunto Nacional Democrático, una rama desmembrada del conservadurismo, explicaba que la centralización del poder político había sido el causante de las mayores discordias sobre el racismo.
Decía nuestro Apóstol que a veces “la política se convierte en vaho de buitre y pudre todo lo que toca”.
No basta solo la voluntad de la ciudadanía para obtener derechos, también hay que derrocar las barreras políticas que por intereses creados y de espaldas al pueblo, mangonea todo lo que a este corresponde, por la ambición de mantenerse en el poder al precio del hambre y la sangre de sus pueblos.
Son tres los artículos de la Constitución del 40 que abordan el fenómeno de la discriminación. El que se refiere a la ciudadanía explica que “el ciudadano tiene derecho a residir en su patria sin ser discriminado por su color de piel, sin que importe cual sea su raza, clase social, tendencia política ni creencia religiosa a la que pertenezca”.
Sobre los derechos individuales, la Constitución declaraba “ilegal y punible toda discriminación por motivo de sexo, color de la piel o cualquier clase lesiva a la dignidad humana”. Y advertía: “se establecerá las sanciones que estime pertinente en que incurran los infractores de este precepto”.
En cuanto al problema de la raza, en la Asamblea Constituyente se produjo un amplio debate. Ya don Fernando Ortiz había demostrado la inexistencia de las razas humanas, por lo que el uso de la palabra “raza” en un documento de tanta importancia para la nación, mostraba todo lo contrario y era un viraje negativo en el camino de la igualdad social. De lo que se trataba era del debate en cuanto al color de la piel.
Salvador García Agüero introdujo el problema del color como un elemento a tener en cuenta.
El tercer artículo se refería al trabajo y la propiedad. Planteaba que “el Ministerio del Trabajo cuidará como parte esencial entre otras de
sus políticas sociales permanentes, de que en la distribución de oportunidades en la industria y en el comercio, no prevalezcan prácticas discriminatorias de ninguna clase. En la remoción de personal y en la creación de nuevas plazas, así como en las nuevas fábricas, industrias o comercio que se establezcan, será obligatorio distribuir las oportunidades sin distingo de raza o color, siempre que se satisfagan los requisitos de idoneidad. La Ley establecerá que toda otra práctica será punible y perseguida de oficio o instancias de partes afectadas.”
La Constitución del 40, invalidada por el régimen castrista, continúa siendo la Carta Magna más avanzada que ha tenido Cuba y una de las más altruistas del mundo.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com

Salvador García Agüero y Juan Marinello