jueves, 8 de enero de 2015

ARAAC, el régimen y el racismo


Manuel Aguirre Labarrere
     (Mackandal)
Convocado por la oficialista Asociación Regional de Afrodescendientes para los pueblos de América y el Caribe
(ARAAC), y el Ministerio de Cultura de Cuba, se realizó en La Habana un evento que trató de visualizar las desigualdades y el racismo que sufren los descendientes de africanos en el continente americano, y muy en particular, los afrocubanos.
El evento, que debía dar seguimiento a los acuerdos de la Organización de Naciones Unidas, no pasó de ser una convocatoria a personalidades cubanas y extranjeras para debatir, como un problema cultural, un fenómeno que por su alto grado de incidencia social, debiese ser legislado en un parlamento.
El régimen cubano ha insistido de forma reiterada en que el racismo en Cuba es un problema de menor importancia, de tipo cultural, y que para su solución, debe ser tratado como tal. Así, el régimen pone fin a su responsabilidad política y contamina el camino hacia la búsqueda de la igualdad y la real integración.
Esta posición del régimen castrista no sostiene siquiera el más leve análisis del problema y muestra claramente su apatía.
El anti-negrismo no solo es visible en los cargos de relativa importancia de las instituciones oficiales, donde la participación de negros y mulatos es casi nula, sino que ahora se extiende a toda una sociedad multicolor y monolingüe como lo es la sociedad cubana.
Un problema cultural es la discriminación contra la mujer, quien ha sido considerada desde tiempos inmemoriales como un objeto de placer, sometida a los caprichos del macho, que se puede vender negociar y hasta en no pocos casos, privarla de la vida.
Los tabúes machistas masculinos sí contienen elementos culturales, cuya incidencia negativa al interior de las familias cubanas ha sido analizada en el parlamento cubano.
¿Por qué no legislar entonces contra el racismo, cuando Cuba es firmante de lo que al respecto está legislado en la Organización de Naciones Unidas?
El problema del racismo, aunque de forma fragmentaria, ha sido planteado en el Parlamento cubano.
En varios acápites de la Constitución de 1940 se abordaba el problema de la discriminación por el color de la piel. Solo faltó aprobar la ley complementaria. Las constituciones que precedieron a la de 1940 abogaban por la igualdad entre los cubanos. Con poner en vigor esos acápites, sería suficiente para desterrar los tabúes racistas.
Cualquier acuerdo contra el racismo y la discriminación racial que se tome desde la cultura, como se pretende hacer, tiene que ser obligatoriamente aprobado en el Parlamento. Negarse a ello demuestra de forma evidente el anti-negrismo oficial.
Un movimiento como ARAAC, más bien inclinado a intereses personales y a cazar viajes al exterior, no es competente para resolver el problema de la discriminación de los afrodescendientes cubanos.
ARAAC está muy lejos de ser tomado en serio por el oficialismo, aunque haya sido él quien lo creó después de haber desarticulado, a nivel de Comité Central, a su hermano gemelo, Color Cubano.
En casi veinte años de existencia, Color Cubano tampoco dio muestras de seriedad, así haya tenido entre sus integrantes a muchos de los más notables exponentes del pensamiento social cubano. No logró impactar de forma positiva en la conciencia nacional, mucho menos en la responsabilidad que debe tener un gobierno en coyunturas tan especiales para la salud de la nación.
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