lunes, 7 de diciembre de 2015

Inmigración y derechos


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
Dijo Confucio que como mejor se conoce al mundo es sin salir de casa. Pero a veces ocurre que hay que salir, para conocer el mundo y así viajar al fondo de otros sentimientos además del propio.
La Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba respecto a la inmigración aborda un tema que por político, no deja de tocar el alma. Como se trata de inmigrantes, entonces habrá que salir de casa y volver a ella para poder sopesar las diferencias con el mundo. Conocer las razones del por qué, tantos cubanos quieren abandonar su país.
Mucho antes del llamado Periodo Especial, en Cuba ya muchos ciudadanos optaron por abandonar la patria. Camarioca y el éxodo del Mariel son vivos ejemplos de lo que este artículo manifiesta. Esto ha ido en aumento a medida que las políticas y las restricciones al derecho fueron cada vez más injustas y anti ciudadanas. Esto trajo aparejado escasez de alimentos, salarios de hambre y el incremento de la delincuencia, además de privilegios a los grupos de represión uniformados y las discriminaciones por impedimentos físicos o color de la piel.
Poco tiene que ver con esto, la llamada Ley de Ajuste Cubano o la política de «pies secos- pies mojados» que confiere a los cubanos un tratamiento privilegiado una vez que hayan pisado tierra estadounidense. Se trata todo del encierro y el maltrato psicológico sufrido bajo la tiranía en el poder.
Necesidades y deseos de inmigrar pueden haber habido en Cuba. Pero jamás se había dado un éxodo tan numeroso como este que ocurre desde que se aprobó la reforma migratoria, aprobada por vez primera, desde que se implantó el totalitarismo y la mentalidad estalinista de los dirigentes cubanos. Esa que traiciona el espíritu de patria y los ideales más sagrados gestados en la nación desde la formación de su cultura nacional.
Forzar la realidad es que los cubanos piensen que todos los atropellos que sufren los que desean emigrar, a los que en muchos casos el desespero por llegar a tierras norteamericanas les hace caer en manos de narcotraficantes y matones es culpa del Gobierno de Estados Unidos. Esto desmoraliza cualquier atisbo de razón que pudiera tener el régimen de la Habana en cuanto al tema de la emigración.
Lo desmoraliza porque sería cosa muy rara, que algún cubano con un mínimo de razonamiento y criterio propio creyera semejante barbaridad.
La preocupación del castrismo por los inmigrantes en situación de riesgo no es sincera. Lo hace para sensibilizar a la opinión pública mundial y ganar votos en las próximas discusiones sobre derechos humanos en la ONU.
De no ser así, y viendo como los jóvenes abandonan como bandadas de aves el país, poco le importaría, porque la realidad a lo largo de más de cincuenta años ha demostrado que es el poder y solo el poder lo que no quieren perder. Por eso y para eso hacen cualquier cosa, inventan lo inimaginable, aun cuando ya sepan, que el tiempo que les queda es corto.
El problema es cubano y sobre políticas abusivas. Sobre sus dirigentes, que ya a estas alturas sobran, porque cuando un pueblo emigra dirigentes sobran.
Flexibilizar la cultura política cubana y encaminarla a consagrar el derecho a participar todos de ella, en sus distintos niveles. Legalizar al menos otro partido y tolerar el sagrado derecho a una oposición pacífica, son tres de las cuestiones que deben ser implementadas de inmediato para avanzar civilizadamente hacia la revisión y redacción de una nueva Constitución. Una que realmente se apegue a los conceptos de patria de Martí. Donde los ciudadanos no sean juzgados por lo que son o dejen de ser en términos ideológicos, sino en términos de cubanía y de sus proyectos para el bien común. Porque una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos.
La traición a la Patria y al legado martiano realizada por el castrismo cuya única preocupación ha sido la permanencia en el poder cueste lo que cueste. Sin que importen cárceles ni muertos por defender sus derechos, debe tener un fin. Y ese fin es ahora, para quienes están vivos y no cuando estos hayan pasado a mejor vida.
Cesen las torpezas políticas y las restricciones al derecho y cesarán los deseos de emigrar de los cubanos. En Cuba debe mandar el pueblo y no un grupúsculo viciado, egoísta y altanero.
mal26755@gmail.com
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