Manuel
Aguirre Labarrere
(Mackandal)
El descontento con el gobiel
rno castrista es a todas luces mayoritario entre la población, más aun después
de la adopción
de impopulares medidas económicas.
Las necesidades básicas son cada día más difíciles de resolver y
el margen de la pobreza alcanza niveles inquietantes.´
Solamente el que posee dinero puede darse algún respiro y aliviar
las precariedades de las circunstancias actuales.
No todo recae en la quiebra de la economía nacional, sino más bien
en la mala repartición de la riqueza. Un análisis riguroso mostraría las mentiras
del castrismo para mantener al pueblo sobresaltado a base de miserias y
disloques.
Ayer, los cubanos aplaudieron de forma eufórica discursos y
decretos de Fidel Castro. Alabaron incansablemente sus ideas y apoyaron irresponsablemente
sus decisiones. Jamás se pensó que al dejar el destino de una nación en manos
de un solo hombre, que maniobraba a su antojo al margen de la ley, se apostaba
por la tiranía. Tiranía que hasta hoy cruza rampante todo el entramado de la
nación de forma autoritaria y deja a su paso solo desasosiegos y miserias, y
han retomado el rumbo y el espíritu de aquellos gobiernos anteriores que tanto
criticaban, a los que han sobrepasado en corrupción y violación de derechos.
Las intenciones políticas del castrismo han cuajado gracias a la
ignorancia ciudadana de lo que beneficia a un país el conocimiento de sus razones,
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y el no saber cómo exigir políticamente
un estado en concordancia con las aspiraciones ciudadanas.
Cuando el nacionalismo permite a sus ciudadanos ser parte de un
proyecto común, puede ser positivo. Pero no cuando con malas intenciones se
baraja de espaldas al pueblo al que se le hace creer que es parte de ese
proyecto, pero se aísla a favor de las diferencias convenientes a un segmento
de la sociedad.
Cuando los más débiles no tienen la oportunidad de expresarse,
cuando el poder es absoluto, sin el concurso del pueblo, ejercido por un solo hombre
que impone sus decisiones y criterios, es tiranía.
Es esta la realidad de Cuba: la usurpación de los derechos por
parte de una tiranía que ha fortalecido su autoridad en detrimento de lo que corresponde
al pueblo, ejerce a fuerza de imposiciones su poder y niega la participación a
quienes les corresponde.
Tiranía radical y emblemática a la que todo un pueblo, cómplice o
no, simpatizantes o contestatarios, están sometidos bajo la designación del continuismo
político de aquellos que responden sumisamente a las aberraciones de un tirano,
usurpador de históricos legados y de la equidad plural de la nación, sin otra
salida que no sea la muerte o el exilio.
En un discurso en Camagüey, el 4 de enero de 1959, Fidel Castro
dijo: “¿Cómo vamos a decir, ésta es
nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no
me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no
es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo.
Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al
ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es
patria״.
Recordar estas palabras de Fidel Castro, dan la medida de la
maldición que significa para el pueblo cubano la implantación del
castro-comunismo.
‟Precisamente la tragedia de
nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba de que no tenemos
patria es que decenas de miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro
país, para poder vivir. No tienen
patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Ustedes
saben que es verdad”.
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