martes, 12 de agosto de 2014

No tener patria,


Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
 El descontento con el gobiel rno castrista es a todas luces mayoritario entre la población, más aun después de la adopción
de impopulares medidas económicas.
Las necesidades básicas son cada día más difíciles de resolver y el margen de la pobreza alcanza niveles inquietantes.´
Solamente el que posee dinero puede darse algún respiro y aliviar las precariedades de las circunstancias actuales.
No todo recae en la quiebra de la economía nacional, sino más bien en la mala repartición de la riqueza. Un análisis riguroso mostraría las mentiras del castrismo para mantener al pueblo sobresaltado a base de miserias y disloques.
Ayer, los cubanos aplaudieron de forma eufórica discursos y decretos de Fidel Castro. Alabaron incansablemente sus ideas y apoyaron irresponsablemente sus decisiones. Jamás se pensó que al dejar el destino de una nación en manos de un solo hombre, que maniobraba a su antojo al margen de la ley, se apostaba por la tiranía. Tiranía que hasta hoy cruza rampante todo el entramado de la nación de forma autoritaria y deja a su paso solo desasosiegos y miserias, y han retomado el rumbo y el espíritu de aquellos gobiernos anteriores que tanto criticaban, a los que han sobrepasado en corrupción y violación de derechos.
Las intenciones políticas del castrismo han cuajado gracias a la ignorancia ciudadana de lo que beneficia a un país el conocimiento de sus razones, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y el no saber cómo exigir políticamente un estado en concordancia con las aspiraciones ciudadanas.
Cuando el nacionalismo permite a sus ciudadanos ser parte de un proyecto común, puede ser positivo. Pero no cuando con malas intenciones se baraja de espaldas al pueblo al que se le hace creer que es parte de ese proyecto, pero se aísla a favor de las diferencias convenientes a un segmento de la sociedad.
Cuando los más débiles no tienen la oportunidad de expresarse, cuando el poder es absoluto, sin el concurso del pueblo, ejercido por un solo hombre que impone sus decisiones y criterios, es tiranía.
Es esta la realidad de Cuba: la usurpación de los derechos por parte de una tiranía que ha fortalecido su autoridad en detrimento de lo que corresponde al pueblo, ejerce a fuerza de imposiciones su poder y niega la participación a quienes les corresponde.
Tiranía radical y emblemática a la que todo un pueblo, cómplice o no, simpatizantes o contestatarios, están sometidos bajo la designación del continuismo político de aquellos que responden sumisamente a las aberraciones de un tirano, usurpador de históricos legados y de la equidad plural de la nación, sin otra salida que no sea la muerte o el exilio.
En un discurso en Camagüey, el 4 de enero de 1959, Fidel Castro dijo: “¿Cómo vamos a decir, ésta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria״.
Recordar estas palabras de Fidel Castro, dan la medida de la maldición que significa para el pueblo cubano la implantación del castro-comunismo.
‟Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder  vivir. No tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Ustedes saben que es verdad”.
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