martes, 8 de abril de 2014

Homenaje a un esbirro historiador


Por: Manuel Aguirre Lavarrere
        (Mackandal)

Está próximo a celebrarse una nueva feria del libro. Miles de cubanos la esperan con la esperanza de encontrar algún texto que se salga un poco del adoctrinamiento político y a través de la lectura dar escape a las tantas y diarias tensiones que se viven en Cuba.
Esta vez la feria estará dedicada a una emblemática dama de la literatura infantil, la pinareña Nercy Felipe Herrera, cuya obra es disfrutada a plenitud por niños y adultos, y al aburrido historiador Rolando Rodríguez.
Entre ambos autores, la disparidad no es solamente de género literario, sino también de valía intelectual: el segundo dista bastante de la primera.
En Rolando Rodríguez es congénita la manía de desacreditar a figuras cimeras, como lo ha hecho con Manuel Moreno Fraginals, el cual por estar muerto, no puede defenderse de tan baja calumnia como decir que no había escrito su monumental obra investigativa El Ingenio.
La cada vez más pésima manera de historiar de Rolando Rodríguez sólo puede gustar a los irracionales que le dan el crédito para que sea uno de los intelectuales homenajeados en un evento tan esperado y seguido por el pueblo como lo es cada febrero la Feria del Libro de La Habana.
Descendiente de una familia propietaria de esclavos y racista de Santa Clara, Rolando Rodríguez vio su oportunidad de engreimiento cuando fue escogido al dedo para viceministro de Cultura en 1976, y luego escogido por Fidel Castro, junto a otro grupo de historiadores de valía y credibilidad, para escribir la historia de Cuba, la que el comandante quiso leer y que así quedara para la posteridad. Es esa lamentable historia que hoy se imparte en todos los niveles de enseñanza en Cuba.
Sobre el componente negro de la sociedad cubana, ahí está su libro La conspiración de los iguales. No supo ser original ni en el título. En dicho libro sobre los Independientes de Color, muestra su desapego por los esfuerzos de una raza cuyo afán único era que reconocieran todos sus derechos y ser tratados como seres humanos. No le importa tampoco, porque no lo analiza, la situación tan miserable de los afrodescendientes en el momento del alzamiento simbólico, porque no fue otra cosa aquella protesta armada, que fue ahogada en sangre a diferencias de otras que habían ocurrido en ese tiempo.
Tampoco toma Rolando Rodríguez en cuenta la apatía institucional ante el legado del apóstol, ni su sueño por una Cuba verdaderamente integrada, algo que no se ha logrado jamás y cada día luce más distante.
A Rolando Rodríguez sólo le importa la institucionalidad: toma partido por la represión y el racismo.
Cuando se ha peleado por treinta años en la manigua y se han dejado 82 000 muertos en los campos de batallas, y la institucionalidad no reconoce el esfuerzo de esa raza y todos los beneficios se inclinan para un solo lado, hay sobradas razones para protestar.
Son aspectos de la historia de Cuba que Rolando Rodríguez se aferra en no reconocer.
Aunque es dedicada fundamentalmente para los que ejercen el oficio periodístico, no deja de ser válido para cualquier investigador, y le viene como anillo al dedo a Rolando Rodríguez esta sentencia moralizadora de nuestro Apóstol José Martí, que ojalá sirva para la restauración de la vergüenza de aquellos que convertidos en bufones de una dictadura despreciable, hacen hasta lo imposible por llamar la atención, aun cuando sea, y es el caso de Rolando Rodríguez, como esbirros de la historia patria: “Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones, y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conveniencia, que está en el honor, y nunca fuera de él… No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballero”.
Manuel Aguirre Lavarrere
        (Mackandal)
Movimiento de Integración Racial Juan Gualberto Gómez

mal26755@gmail.com
Publicado por Primavera Digital