jueves, 12 de septiembre de 2013

Manuel Calviño y el cambio de mentalidad.

Manuel Aguirre Lavarrere

       (Mackandal)

    No se conocerá a nuestro pueblo sin conocer al negro. Esta influencia es hoy más evidente que en los días de la colonia. No nos adentraremos mucho en la vida cubana, sin dejar de encontrarnos con esta presencia africana que no se manifiesta exclusivamente en la coloración de la piel.
                                                                                                        Lidia Cabrera
El pasado 10 de julio tuvo lugar en el teatro del Instituto de Antropología de la Universidad de La Habana, una conferencia del profesor Manuel Calviño sobre el cambio de mentalidad en la sociedad cubana actual.
Doctor en ciencias psicológicas, Calviño se refirió a la necesidad de que los ciudadanos dejen de ser subsidiados por el estado y que aprendan a vivir en el nuevo modelo económico propuesto por el régimen.
Visto así, y tal como lo plantea, parecería que el estado lleva una carga inaguantable sobre sus hombros y que no tiene cómo recuperarse de tan dadivoso encomio. Pero la situación es bien diferente: durante más de cincuenta años ha sido el pueblo quien ha subsidiado a un gobierno de mano suave hacia afuera y cerrojos infranqueables hasta el abuso para los nacionales.
Calviño, quien se declara marxista por convicción y que tiene entre sus planes inmediatos hacerse un pulóver rotulado que diga, “soy marxista, ¿y qué?”, supo sortear, como un gato, las verdaderas causas del colapso social, económico y político de la nación.
Sin esfuerzo y sin ningún análisis metodológico, cualquier cubano sabe que el único culpable del colapso es el sistema.
Al ser aludido sobre el problema racial, que juega un papel inquietante en la sociedad, dijo, que a pesar de ser ciertas las desigualdades, eso no es comparable con lo que existía antes de la llegada al poder del castrismo. Respuesta que no resiste un análisis riguroso, si se tiene en cuenta que una de las promesas del régimen revolucionario fue precisamente la eliminación de las desigualdades por el color de la piel, algo que ha quedado, si no intacto, más o menos parecido.
En un país como Cuba, multi-racial, donde la la pobreza golpea tanto al blanco como al negro, los afrodescendientes sufren mucho más al estar colocados en el último peldaño de la escala social.
Si algo ha lastrado siempre los conceptos de identidad y nación en Cuba ha sido el problema racial. Cuba no es una nación. Mientras que exista racismo, injusticia y desigualdad, no se puede hablar de una nación verdaderamente construida y cuajada.
Cincuenta años de régimen absoluto demuestran a los cubanos que el cambio de mentalidad debe partir de esos mismos que hoy piden al pueblo más sacrificio y no ofrecen nada que pueda al menos mejorar en algo el nivel de vida de la población. Los mismos que han malgastado el erario público a su antojo, con beneficios para un mínimo sector blanco de la sociedad cubana. Para una mayoritaria población negra en la miseria, la esperanza en un futuro mejor es cada vez más distante.
Para Cuba actualidad
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