martes, 10 de septiembre de 2013

Lidia Cabrera,

   
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)







Recientemente la editorial Letras cubanas publicó Cuentos negros de Cuba, de Lidia Cabrera.
Gran conocedora de los ritos afrocubanos, Lidia Cabrera, junto a Fernando Ortiz (que fue su cuñado) y Rómulo Lachatañeré, completa el trío de los principales etnógrafos cubanos.
Según Alejo Carpentier, lo real maravilloso se encuentra a cada paso en Cuentos negros de Cuba.
En estos cuentos, la autora hace gala de sus amplios conocimientos lingüísticos al mezclar el castellano, la lengua conga y remanentes de las lenguas de las etnias carabalí, mina, mandinga, arará y lucumí.
Nacida el 20 de mayo de 1900, Lidia Cabrera sentía profundo orgullo de haber nacido con el siglo.
Lidia Cabrera, que era autodidacta, dejó un legado de obligada consulta para las ciencias etnográficas. Descuella como una especie de gurú en el campo de las religiones afrocubanas. Su monumental investigación El Monte, se convirtió en una referencia obligada. Hasta hoy no ha sido superada por ninguno de los investigadores que le han sucedido y más bien sirve de vínculo para nuevas investigaciones que se adentran en el campo de la Regla de Ocha, también conocida como Santería, la Regla Conga o Palo Monte y los misterios de la secta Abakuá-
Con El Monte, Lidia Cabrera creó un método muy personal de investigación como científica social. Como señala el historiador Jorge Castellanos, “las técnicas empleadas por ella son distintas en cada caso”. Hecho que valida más su trabajo científico, que lleva la carga de una precisión impecable.
Cuentos negros de Cuba fue publicado primero en Francia. Traducido al francés por el crítico Francis de Miomandre, quien quedó fascinado por la magia y el encanto que brotan de sus páginas, la editora Gallimard los publicó con el título Contes négres de Cuba, en 1936.
La primera edición cubana data de 1940, en Ediciones Nuevo Mundo. En el prólogo, Fernando Ortiz expresó: “Este libro es un rico aporte a la literatura folklórica de Cuba, que es blanquinegra, pese a las actitudes negativas que suelen adoptarse por ignorancia, no siempre censurable, o por vanidad tan prejuiciosa como ridícula. Son muchos en Cuba los negativistas: pero la verdadera cultura y el positivo progreso están en las afirmaciones de las realidades y no en los reniegos. Todo pueblo que se niega a sí mismo está en trance de suicidio. Lo dice un proverbio afrocubano: Chivo que rompe tambor con su pellejo paga”.
En desacuerdo con el régimen castrista, Lidia Cabrera se fue de Cuba en 1960. Los primeros tiempos fuera de su patria, fueron muy tristes para ella. Pasarían diez años antes de que publicara su primer libro en el exilio, en 1970, Otán Iyebiyé, las piedras preciosas. En lo adelante, no dejaría de escribir. Sobresalen títulos como Ayapá: cuentos de jicotea, Cuentos para adultos, niños y retrasados mentales, Vocabulario congo: el bantú que se habla en Cuba, Francisco y Francisca, chascarrillos de negros viejos y un sin número de enjundiosas investigaciones.
Murió de neumonía, a los 91 años, el 19 de septiembre de 1991. Abandonó el mundo de los vivos para reunirse con los espíritus que tanto la halagaron en su quehacer religioso.
Nunca dejó de pensar en su patria y de lamentar el haber tenido que dejar atrás a sus nanas, sus tatas y a tantos negros que la ayudaron sin reparar en el color blanco de su piel y su linaje burgués, para servirles de informantes y báculos; guiados por los orishas del panteón africano, la ayudaron a convertirse en luminaria de la etnografía afrocubana.
Un sistema mezquino y cruel privó a Lidia Cabrera de reposar en su amada tierra.
Para Cuba actualidad