martes, 8 de enero de 2013

El racismo del negro.

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Por: Manuel Aguirre Lavarrere
            (Mackandal)
Desde el momento en que el Estado funciona sobre la base del bio-poder, la función homicida del Estado mismo sólo puede ser asegurada por el racismo”.
Michel Foucault.
La cuestión racial en Cuba no constituye solamente el menosprecio entre actores con distinta pigmentación de piel. El racismo, en el contexto de la identidad política y civil, es observado también entre negros y lleva una carga de desprecio y odio por la misma raza.
No es una aseveración virtual. Muchísimos negros rechazan a sus semejantes de forma peyorativa y violenta con palabras bárbaras que no son siempre el fruto del contexto social donde se han criado ni constituyen por su naturaleza una invención del racismo político en ninguna de sus etapas.
Constituyen variables de diferencias que si bien pudieran tener una justificación motivada por el grupo dominante hacia el dominado, no es una realidad del presente. No se le pueden achacar todos los estigmas y estereotipos negativos al dominador, cuando son en diversas ocasiones los negros y mestizos los que contribuyen a este fenómeno y aplauden el sometimiento como puros esclavos del siglo XXI.
Quizá el afán de no pocos negros por parecer blancos sea una de las tantas causas que conlleven al desprecio propio para alcanzar una mejor posición social. Su gran error es pretender un supuesto adelanto racial mediante un blanqueamiento: nunca dejarán de ser mestizos.
Mi hija no se casa con un negro”… “En Cuba no hay racismo porque mi mujer es blanca”… “Yo soy negra pero mi hija es blanca”… Son algunas de las expresiones que se escuchan a diario provenientes de esos pobres negros y negras sumisos hacia quien los pisotea y se burla de ellos porque no han sabido emanciparse de la esclavitud mental. Esas expresiones solo sirven para afianzar lo que piensa el blanco de ellos, y frenan la búsqueda de una patria inclusiva dentro de la diversidad y el equilibrio social.
La prueba de la gota de sangre en Estados Unidos para comprobar si una persona es blanca o negra, pudiera catalogarse de racista si solamente nos atenemos a su práctica. Pero esa prueba dio también sentido de pertenencia a los afronorteamericanos, que viven con orgullo la parte africana que les corresponde y han sabido sacarle provecho, en una sociedad que, aún cuando no haya superado todos los prejuicios, está entre las primeras del mundo en reconocer y darle cabida a las diferencias.
En Cuba, donde grupos independientes luchan ahora mismo contra el racismo y la exclusión de género, debemos aprender a reconocernos, entendernos y saber que nuestro punto de partida fue el mismo para todos. Debemos dejar de creer que todos somos iguales cuando vivimos una realidad que lo desmiente.
Publicado por Primavera Digital, diciembre 13 de 2012 • año 5
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