martes, 30 de agosto de 2011



Martí Y las razas

La raza es una patria mayor, a la que deben pagar tributo, como hijos a madres, las patrias pequeñas que de la raza madre se derivan.

Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.
Trae cada raza al mundo su mandato, y hay que dejar la vía libre a cada raza, si no se ha de estorbar la armonía del Universo.

Por sobre las razas, que no influyen mas que en el carácter, está el espíritu esencial humano, que las confunde y unifica.

No hay odio de razas porque no hay razas. Los hombres canijos, los pensadores de lámpara, enhebran y recalientan las razas de librería que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color.

En raza latina no hay pesadumbre mayor que un deseo pueril no satisfecho.
Es estéril el consorcio de dos razas opuestas.

La raza es un altar de comunión, y quien la niega, o la desconoce o la vicia, o se quiere salir de ella ─ desertor es, traidor como el que plega la bandera y huye ante el enemigo en hora de batalla y se pasa a sus huestes.

La raza negra es de alma noble.