martes, 5 de julio de 2011

Por una Cuba cubana.

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Aceptar como realidad el hecho de que la revolución heredó prácticas de exclusión fundamentalmente racistas y económicas, no justifica el reordenamiento del actual racismo que vive y sufre la población más marginada del engranaje social cubano, que son sin duda, los negros y mestizos. Ahora no se vive un racismo de linchamiento físico. Lo que está mayoritariamente en boga es el racismo de linchamiento psíquico. Es el llamado racismo de patria o muerte en el actual modelo socialista cubano.
Las políticas que tratan de analizar y combatir esta enfermedad sociopolítica no lo hacen con capacidad de miras y mucho menos con voluntad política. La voluntad en este caso parte de un segmento de la sociedad civil cubana, donde blancos y negros, alejados de los estertores del poder, tratan de hacer conciencia y llamar la atención sobre uno de los peores daño que padece la nación.
El poder exige fidelidad y agradecimiento como si tales términos fueran una obligación y no un derecho que se gana con transparencia y equidad política. El racismo, tanto como el sexismo y la homofobia son enfermedades políticas descargadas con mea culpa a la sociedad toda.
Los males que hereda la sociedad cubana, son por defecto, males de un poder político y económico en efervescente y putrefacta destrucción, y se reorganizan, como mecanismos de sobrevivencia los que más daño hacen a la sociedad, que son, en el caso de la Cuba actual, un ensayo de apartheid político y económico, donde el negro es forzado a aceptar un paternalismo que lo aniquila, como ser humano, psíquica y mentalmente.
No se debe confundir la leche con la magnesia. Cuando del bienestar y la estabilidad de la nación se trata, hay que tener en cuenta a toda su gente. Igualdad de derechos no conllevan precisamente a la igualdad de oportunidades, y eso es lo que más le falta al negro en Cuba. Raza que no llegó por voluntad propia pero que sí ha hecho aportes fundacionales para el cuajo definitivo de la nación cubana.
Una Cuba verdaderamente cubana, que cumpla con los anhelos históricos de la equidad ciudadana, no lo será nunca si en ella no se alista, irremediablemente, quiérase o no, a los que hoy constituyen el 62% de la población, que son los negros y mulatos.