miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ni para blancos ni para negros dignos.

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Es pues preciso dejar que el régimen apriete más y más y que hambreé al pueblo hasta el máximo, para que haya una gran crisis y se produzca la gran conmoción
Juan René Betancourt
Desde la proclamación en plena plaza pública de revolución socialista después de los sucesos de playa Girón, el proyecto revolucionario cubano perdió el Faro de la libertad para convertirse en una libertad sin faro. La revolución que prometió acabar con todo vestigio de desigualdad y racismo devino en la anti ̵revolución de las migajas tomando como referencia a sus bochinches, cualquier altercado surgido con los Estados Unidos primero y con la Unión Europea después, el régimen cubano hace uso de los mismos para repeler contra sus propios conciudadanos, sus errores y falta de tacto, pueblo al que ha sido incapaz de brindar decentemente una existencia con decoro sustentable.
Es por ello, que en esta imaginaria democracia donde nos sumergimos casi doce millones de cubanos, la pluriètnica sociedad cubana, en la lucha por la sobrevivencia bajo un régimen que no la facilita, ha ido posponiendo, por fuerza de la misma vida, sus derechos inalienables fundamentales para el crecimiento del espíritu y la toma de conciencia individual y colectiva en aras de una existencia plena como sociedad civilizada.
Por cuanto democracia imaginaria, patente y únicamente creíble en la mente calenturienta de quienes conducen y desorientan los destinos de la nación, involucrando al pueblo a regañadientes en sus caprichos y ambiciones de poder, la libre expresión del pensamiento, ya sea de izquierda, de centro o de derecha están prohibidos y rigurosamente penalizados.
makadalmm@yahoo.com