lunes, 7 de marzo de 2016

La dimensión del excluido.

Por: Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
En los últimos años las investigaciones sobre otros grupos étnicos en el país ha tenido un seguimiento sistemático, como lo demuestran los aportes que ha brindado el Instituto Cubano de Antropología en la búsqueda y esclarecimiento de nuestro primeros pobladores, así también la Cátedra de Antropología Biológica de la Universidad de la Habana, Luis Montané, devienen puntos importantes para la continuidad de estos trabajos, muchas veces en coherencia con trabajos similares en otras provincias y demostrados en eventos de rango internacional ,como lo demuestra el Evento de Afrología, realizado periódicamente en la capital del país y extendido a otras provincias del ámbito nacional.
Pero los resultados obtenidos por especialistas en el ámbito de la sociología y las comunicaciones culturales no son tenidos en cuenta por el alto mando del oficialismo, donde solo prima la opinión del que en ese momento lleva la voz cantante en la política cubana, que como todo el pueblo sabe es siempre la misma desde hace más de cincuenta años para merma y desconsolación de las aspiraciones personales.
Cuba, sociedad pigmentocrática desde los tiempos de la colonia y sigue siendo bajo los parámetros del color una sociedad que conlleva la buena voluntad con el racismo sutil, ese malestar cotidiano y bajo todos los estratos sociales, que permea a toda la sociedad cubana, ya que existen también las diferencias por la tenencia y la no tenencias de ciertos acomodos sociales, focalizados fundamentalmente dentro de la llamada población blanca cubana.
La historia demuestra que los presidentes cubanos tienen la manía de justificar los desaciertos y leer desfavorablemente la realidad social del país y subestimar el sentido común y la memoria colectiva de la población.
En el contexto actual de Cuba donde la experiencia de las ineficacias oficiales es patente, es sin duda el racismo el punto culminante de la política cubana para el cual no tienen respuesta.
Lástima que justo en el momento que el mundo celebra y rinde tributo al aporte africano en el tejido de naciones y la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha declarado el decenio de la herencia africana hasta el 2025, sea Cuba tan remisa a reconocer la parte más importante de su tejido social en cuanto aportes al surgimiento de la nación, al quedar por detrás de países como Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Hondura, Nicaragua y Panamá que ya han reconocido jurídicamente su existencia y la inclusión social se encuentra repartida en todos los sectores sociales de sus respectivos países, que aunque por debajo de su nivel poblacional, la voluntad política que están demostrando hará que las diferencias por el color de la piel sea cada día menos visible.
Todavía está por ver si ese avance económico que se viene anunciando en los últimos tiempos tendrá como destinatario a los bolsones más vulnerables de la sociedad, donde pululan y reproducen como hongos los afrodescendientes, o caerá en manos de las Fuerzas Armadas y la Policía, dirigentes partidistas y descendientes hijos de papá, y se condene cada vez más al olvido a ese importante porcentaje de connacionales, donde el color de la piel los obliga a vivir la invisibilidad política y la dimensión del excluido .
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