martes, 18 de septiembre de 2012

Educación y violencia sexcual.

Por: Manuel Aguirre Lavarrere


           (Mackandal)


La contracción que ha tenido la educación en Cuba en los últimos años no ha sido precisamente por la falta de recursos materiales, que si bien escasean bastante, no son el obstáculo principal para ofrecer una educación de calidad.

No hay problema material que no pueda ser resuelto, como la estimulación salarial a profesores plenamente calificados para colocarlos frente a un aula.

Justamente, debido a la falta de estímulos, muchos profesores de probada formación académica y profesional optaron por trabajar en el turismo u otras áreas de mejor rentabilidad económica.

El régimen se ha visto en la necesidad de poner el futuro intelectual de la nación en los maestros emergentes, que son alumnos captados en las secundarias y preuniversitarios a quienes colocan, con un bajísimo sueldo, en las escuelas primarias, secundarias y en preuniversitarios.

Esto ha traído como consecuencia la ya nada invisible depravación sexual en las escuelas. Algunos de estos profesores han abusado de sus alumnas. Se sabe de casos en que les exigen levantarse la saya con el pretexto de ver si tienen debajo el short para la educación física. Otros han presionado a sus alumnas para que tengan sexo con ellos.

Hace varios días en el politécnico del Cayo de la Rosa, en el municipio de Bauta, localidad que ahora pertenece a la provincia de Artemisa, a pocos kilómetros de la capital del país, donde se estudia la carrera de informática y comunicaciones, dos alumnas declararon haber sido violadas por sus profesores.

La violación deja profundas huellas en las víctimas, que nunca salen recuperadas totalmente. Repercute en las familias, pero también en el barrio y la sociedad: las personas quedan en vilo porque su hija o hijo pudiera ser la próxima víctima.

Si malo es el excesivo conocimiento de un fenómeno que puede afectar a las personas, como es el caso de la droga, por ejemplo, mucho peor es el desconocimiento: al no existir los mecanismos de defensa se puede caer fácilmente en esta dependencia.

Igual sucede con el sexo. Es necesaria una educación sexual plena y constante donde los jóvenes y adolescentes tengan un amplio conocimiento y darles rienda suelta, tanto a hembras como a varones, para que hablen y denuncien cualquier atropello, ya sea hacia él o hacia cualquier otro. Pero para ello se necesitan profesores de un rigor profesional confiable y de una moral a toda prueba, que sean capaces, tanto como los padres, de conducir al alumno por un camino de vergüenza y decoro, a fin de sanear a la sociedad.

No sería justo culpar al gobierno de los abusos cometidos en cada centro de trabajo o escuela. Pero si es de su total responsabilidad la educación, que en Cuba depende totalmente del estado.

Hay que saber escoger mejor al personal que se pone frente a un alumnado.

Aunque fue racista, si algo bueno nos dejó el educador José de la Luz y Caballero, fue su sentencia: “Enseñar puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo.” Es precisamente ese evangelista de la educación el que hace falta en las aulas cubanas.



Publicado por Primavera Digital, septiembre 6 de 2012, año 5