miércoles, 1 de octubre de 2008

TOCAR EL CORAZÒN

Por Manuel Aguirre Lavarere
(Mackandal)
El huracán Ike entró a Cuba por Baracoa en la provincia de Oriente y por las mismas aguas de Nipe donde hace más de un siglo fue encontrada la virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional y recorriendo de punta a punta todo el archipiélago cubano con un saldo destructivo impresionante, cuyo monto se calcula en alrededor de cinco mil millones de dólares, dinero no disponible, al menos para la población, en las estragadas arcas del estado cubano. Más de doscientas mil viviendas en derrumbe total o parcial, campos de cítricos, plátanos y otros cultivos de ciclo corto colapsaron ante el empuje de las aguas y la fuerza de los vientos.

Ayuda de diferentes países llegan a la Isla, tales son los casos de Venezuela, Rusia y la disposición del gobierno brasileño para aminorar en algo esta calamidad nacional; ayuda muy oportuna en momentos indescriptibles, y para los que estamos pasando esta amarga experiencia sabemos el valor que representa si con ella no se especula y llega de forma decorosa y transparente a los damnificados. Ayuda que en momentos tan cruciales no deben rechazarse, venga de donde venga si es avalada por la buena voluntad y despojada de componendas y arbitrariedades políticas para sacar de ella un triunfalismo pírrico en detrimento del bienestar común y de un pueblo que se sabe despojado de lo mínimo indispensable para la vida. Ayuda que debe estar por encima de encontronazos políticos y fundamentalismos ideológicos, porque lo que importa es el bienestar y la vida, bienestar que jamás ha tenido el pueblo cubano, y una vida que se fuga a canto por la maltrecha alimentación de tantos años y un envejecimiento que en pocos años convertirá a Cuba en asilo.

Lo que se juega ahora es el bienestar y el sobrevivir de los cubanos. Y cuando los principios que sostienen a una ideología no son compatibles con ese bienestar, ¿dónde está la dignidad? Cuando ante él se anteponen la apología triunfalista y peroratas paternalistas, cuando se prioriza el capricho y la soberbia, entonces salen sobrando.