miércoles, 23 de mayo de 2012




Estructura de clases y poder.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
En los primeros años de la revolución, el estado sacudió la mata, como decían entonces, pero dejó algunos frutos podridos que han germinado y hoy le defecan en la cara.
En las dos últimas décadas se ha producido un viraje mental en sentido negativo. El lucro, el individualismo, el egoísmo, conjuntamente con el racismo, son enfermedades sociales que aun cuando estaban aparentemente dormidas, hicieron daño. Hoy andan sueltas, con amplio espacio en el entramado social y con un poder nada despreciable. Han triunfado y traerán, en un corto periodo de tiempo, la exclusión absoluta de negros y mestizos.
Sucede lo anterior producto de lo que muchos analistas observan pero que ninguno se atreve a plantear con claridad. He aquí el alto grado de autocensura y miedo existente todavía en lo más excelso de la intelectualidad cubana.
En Cuba, como fenómeno frustrado de transformación social, una revolución fue traidora de si misma. Las esperanzas, las ansias democráticas, se vieron traicionadas por el triunfalismo que hizo trizas los ideales martianos y maceístas con respecto al proyecto de nación, que irremediablemente debió ser la no imposición ideológica y la plena inclusión política y social de todo el componente racial de la nación.
Traidora en sí misma es la revolución que al desplazar a la clase oligárquica y racista, forma la elite burguesa del socialismo. Los niveles de aceptación están dados por el grado de comprometimiento político y el color de la piel, focalizados con fuerza en tres sectores fundamentales, que son la alta clase gobernante y sus ramificaciones en los cuerpos represivos y la militarocracia, devenidos en gerentes y otros cargos de poderosa solvencia económica.
Ocupan los mismos espacios habitacionales expropiados a los burgueses que fueron desplazados a la fuerza. Hoy moran en barrios exclusivos acorde al rango de cada cual, donde en muchos casos está prohibido el acceso peatonal de la ciudadanía.
¿Qué ha cambiado? El gato pardo me da la respuesta: ha cambiado todo para que nada cambie.
Pero más importante que los cambios en el andamiaje estructural son los impactos que generan al interior de la sociedad y en la mentalidad colectiva.
A eso le teme el régimen, debido a que el proceso que se implantó en Cuba fue mediante la fuerza y la imposición, aprovechando la coyuntura populista del momento y el alto grado de analfabetismo en la población, para hacer prevalecer sus ideas, olvidando el compromiso de igualdad y libertad contraídos con el pueblo y sus compañeros de lucha, hecho que llevó a muchos de esos mismos rebeldes que vieron claramente la traición al pueblo y a la palabra empeñada, a la cárcel o el paredón de fusilamiento.
Le teme al reordenamiento psíquico de una nación que ha vivido el flujo y reflujo de un régimen que unilateralmente, hasta que pudo diseñar una constitución acorde a sus conveniencias, gobernó por más de quince años por decretos, y en el que hoy, como siempre, la nueva clase, con su sádica ambición de poder, fomenta estructuras de atrincheramiento ante la verdadera voluntad popular.
Publicado por Primavera Digital, 2012/05/10, No.219
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