jueves, 19 de enero de 2012

Racismo desde la cultura

Por: Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Recortar las orejas al mulo, no le hace caballo
José Martí

El tema del racismo por finllegó a los debates que a finales de diciembre se sucedieron en el parlamentocubano. Varios parlamentarios, incluso el presidente de la Asamblea Nacional,Ricardo Alarcón de Quesada, han hecho referencia a las prácticas racistas y dediscriminación que todavía subsisten en el accionar y la conciencia de un númeromayoritario de personas tenidas como de raza blanca. Digo tenidas pues como bien lo planteó Gustavo E. Urrutia, en Cuba es blanco todo el que no parece negro.
La cultura juega un papel fundamental en esta lucha antidiscriminatoria. Pero de la cultura se habla sin tener en cuenta que es precisamente desde la cultura donde germina y crece el rechazo al negro y al mestizo en Cuba.

Este rechazo está presente en la historia impartida hoy en los centros docentes del país, donde los negros son invisibles o quedan siempre como segundones. En el desprecio con el que se asume, incluso por estudiosos, la religión afrocubana y la literatura de temática negra. Está presente en las fuerzas armadas y el Consejo de Estado; en la educación que muchas veces reciben los hijos de algunos altos funcionarios, a los que se les puede llamar niños bien, aunque sus padres sean delincuentes de cuello blanco.
Pasa lo mismo con los medios audiovisuales. En el caso de la televisión, bastaría con sólo señalar el serial Los pequeños campeones, una puesta racista, pues donde debió primar el concepto multirracial, como lo son en realidad el deporte y la nación cubana, excluyó a los niños negros y mestizos, y presentó sólo chicos blancos.
Este accionar de productores y directores de los medios, con el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista a la cabeza, ha convertido el audiovisual cubano en una herramienta de poder panfletario de un egocentrismo repugnante.
Aquellos que se denominan dirigentes revolucionarios, muchos investidos de parlamentarios, gracias a esa doble moral que caracteriza a las dictaduras y en la cual son expertos, seguidos por un séquito poblacional que, a pesar de ser componentes de lo que Ortiz denominara ajiaco cubano, echan al negro fuera de la cazuela.

Durante muchos años, el negro fue un luchador incansable por sus derechos. Supo, desde los centros de instrucción y recreo y desde las sociedades negras, alzar su voz contra el indecoro público de los gobiernos de turno. Hoy, esa lucha heredada de nuestros predecesores encierra el reconocimiento merecido al aporte de negros y mestizos en todos los campos de la vida nacional. Constituye un estímulo para seguir adelante, dando lo mejor, enfrascados en esta batalla contra un gobierno que no cesa de discriminarnos, y para demostrar a las presentes y futuras generaciones que sólo con lucha y el reclamo de nuestros derechos podremos alcanzar la igualdad y ser tomado en cuenta.
Publicado por APLP, 12 de enero de 2012