martes, 17 de mayo de 2011

La franja negra del Comité Central

Que Fidel Castro haya asistido a la Conferencia Internacional contra el racismo y la discriminación racial en Durban, Sudáfrica en el 2003.Y que haya estrechado la mano del máximo líder de la dignidad mundial y premio nobel de la paz, Nelson Mandela, no quiere esto decir que el ´régimen que él presidió durante casi cinco décadas haya eliminado el racismo antinegro. Aun con todas las posibilidades para hacerlo y en momentos cruciales de credibilidad para su régimen, faltó el combustible necesario, la espiritualidad y toma de conciencia de los cuadros dirigentes de este país, para, con la manga al codo y sin miramientos, dar el puntillazo final a un flagelo que hoy cobra nuevos bríos de reacomodamiento en la nación cubana, donde el afrocubano fue y sigue sin quererlo, como un ente sujeto al paternalismo racista.
Avergüenza la poca visión que ha tenido el régimen para darse cuenta de la existencia de un racismo creado desde el poder, con nuevos bríos y que se enorgullece de seguir presente en la nación cubana. Presente no sólo en su discurso, sino también en sus manifestaciones siempre tendentes a favorecer al mismo color de siempre como algo vitalicio en la obtención de los derechos, con elogios no siempre muy bien ganados, hacia cuadros dirigentes que luego, y por decirlo de algún modo, le dan la patada a la lata.
Por tanto es inquietante la miopía de algunos investigadores y estudiosos de la problemática racial que se ufanan de que el problema negro ha sido superado en Cuba.
El problema negro. Como si realmente el negro fuera el problema. ¿Por qué no analizar el asunto desde el causante de tanto daño a una raza desposeída y engañada desde el poder? ¿O es que acaso el negro es el provocador de sus problemas y no aquel que se los crea y le hace creer que él es el culpable? Ya nuestro Apóstol, José Martí, señalaba sobre el peligro que resulta para una nación la imposición de unos hombres sobre otros. En Cuba el racismo es un hecho innegable y actuante en todas las esferas del quehacer nacional.
Los afrocubanos no esperan que unos cuantos hermanos en el centro del poder, sean los idóneos para plantear y llevar a vías de extermino el racismo imperante en la Isla, si ello no viene concatenado con la parte más importante que es la población marginal, cuya historia se escribe con tinta invisible. No lo serán ni son representantes de su raza ni de la nación. Sabemos que la incondicionalidad política es uno de las cualidades que exige el régimen para validar a una persona. Por tanto ya esta cualidad es un impedimento para las acciones afirmativas que se deben tener en cuenta en la lucha contra el racismo.
Se sabe también que la unanimidad debe primar por encima de las opiniones personales, lo cual ya lleva una pérdida de la conciencia del yo propio y una sumisión automática a los dictámenes de la voz mandante, lo que conlleva a que estos afortunados afrodescendientes cubanos, que gracias a las innumerables críticas hechas al régimen de la Habana por el abuso constante y la discriminación racial hacia el negro, sean de hecho, la franja negra del Comité Central.
Y tampoco si no se escucha y se consideran los planteamientos de figuras decorosas que de forma independiente y en actuación ilegal por culpa del régimen que no los legaliza, han hecho planteamientos que pueden ayudar a la toma de certeras decisiones para la población negra de Cuba; porque en esta lucha, cualquier opinión digna debe tenerse en cuenta.