miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿PACIFISTA?




Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Luego de cuatro años alejado de la arena política, resurge, como el Nostradamus del siglo veintiuno, el ex gobernante cubano Fidel Castro, artífice de la más antigua y prolongada dictadura que pueblo alguno haya conocido. Ahora, después de una satisfactoria recuperación médica, pero apegado al dictamen de su mentalidad totalitaria extendida a la arena internacional. Lo hace con un análisis sobre una posible guerra a Irán provocada por Estados Unidos.
Sorprende, inquieta sobremanera a la memoria histórica recordar al que reiterativamente pide al mundo proyectarse contra un enfrentamiento entre Estados Unidos y el país árabe; y como el “papa upa” visionario del tiempo que vendrá, fue el autor intelectual del surgimiento y forja de las guerrillas en América Latina. Honduras, El Salvador, Guatemala y Bolivia dan fe de las decenas de muertos que causó este tipo de enfrentamiento armado, llevando a la economía y bienestar de esos pueblos a un retroceso insalvable hasta el momento actual.
Pero en 1962 cuando la crisis de los misiles y la crispación política entre Estados Unidos y Cuba llegaba a su clímax, fue Fidel Castro Ruz, quien en un arranque de arrogancia absoluta avivó la llama de la discordia y en carta dirigida al entonces gobernante de la desaparecida Unión Soviética, Nikita Jroschov, lo alienta para que diera el primer golpe nuclear contra Estados Unidos, usando a Cuba como trampolín y a su pueblo como las seguras victimas patriotas de su arrebato histérico, agudizado cuando Jruschov, en carta que data del 30 de octubre de 1962, le dice:
“En su cable del 27 de octubre usted propuso que deberíamos ser los primeros en llevar a cabo un ataque nuclear contra el territorio enemigo. Naturalmente, usted comprende a dónde nos hubiera llevado. No hubiera sido un simple golpe, sino el comienzo de una guerra mundial termonuclear”
“Estimado camarada Fidel Castro, encuentro su propuesta equivocada, aunque comprendo sus razones”
Esa fue la intención y verdaderos propósitos de quien ahora se conduele de una inminente guerra mundial con resultados catastróficos para los pueblos del mundo y quien, salvo alguna que otra migaja, nunca se preocupó ni se preocupa por el bienestar del propio. Y no quiere pasar a mejor vida sin antes, para orgullo propio y satisfacción de su ego, llevarse consigo el tan acariciado Premio Nóbel de la ‘Paz, algo así como para decirle a Obama: Si tú puedes, yo también. Y ver, como colofón, desmoronarse el buque insignia del desarrollo mundial.
Quizá por eso, en reunión con líderes de Irán como Khatami y el Ayatoyá Khomeini, Fidel Castro les manifestó: “Irán y Cuba pueden poner de rodillas a los Estados Unidos”[1]
Los medios diplomáticos y federales de Estados Unidos han manifestado reiteradamente que el régimen de Cuba intercambia información con varios países árabes.
Con esos truenos, y en el afán enfermizo de un trabajo de zapa hacia Irán para desviar sus verdaderas intenciones, no hierra en nada quien trate de persuadir al mundo, al contrario de Fidel Castro, del inminente peligro que para los Estados Unidos y las personas de buena voluntad, constituye el armamento nuclear en manos de terroristas probados y confesos. Todo en el nombre de Alá























[1] Agence France Presse, 10 de mayo del 2001