miércoles, 3 de febrero de 2010

CAÑONES A LA CALLE

MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)

CAÑONES A LA CALLE
MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)
Aun cuando el coloniaje haya engendrado las diferencias socioeconómicas y heredadas y profundizadas profusamente por la republica mediatizada, su sobre vivencia y reproducción hoy día después de triunfar una revolución que arraso de cuajo con la propiedad privada y por efecto domino trunco la libertad de expresión y los derechos ciudadanos a través del partido comunista, el único con voz y mando en las sociedades cerradas, el negro en apariencia fue beneficiado a la par que perdía buena parte de su participación ciudadana como núcleo fundacional de la sociedad cubana y siguió discriminado por su color de piel y una enraizada mentalidad esclavista de inferioridad genética. Vio reducido de manera vergonzante su por ciento en puestos claves de la política, que aunque constitucionalmente tenga los mismos derechos, la Constitución misma lo disminuye y segrega cuando por medio de ella se cabildea y se hace inconmovible con pretextos de asimilaciones ideológicas nada que ver con su realidad.
La herencia revolucionaria no fue solo tortura, machismo y segregación por color de la piel. Pero el compromiso contraído con el pueblo la obliga, histórica y moralmente a la permanente valoración y ejecución en favor de esos postulados que tan ufanamente hizo publico antes y después del triunfo revolucionario.
Lo que en los últimos años se ha dado en llamar acción afirmativa, en Cuba cae en saco roto con respecto al avance del negro dentro de la sociedad cuando no pasa de la cháchara y el debate infecundo que en cerrados círculos de intelectuales y algún que otro representante del régimen se lleva, de vez en cuando como para advertir que algo se está haciendo.
Rescatar su tradición de lucha y dignificarlo es una actitud de amor al prójimo y a quienes más se han sacrificado por la patria, incluso, desde su condición de esclavo. Y en toda esta lucha el afrocubano jamás ha sido renuente, pero nunca ha ocupado, como le corresponde, el justo reconocimiento que su altruismo merece. Negros que han sido despedidos de forma abusiva de sus centros laborales por intereses de enriquecimiento administrativo y porque muchos han dicho públicamente de las estafas, desvío y corrupción de quienes los administran.Rescatarlos y llevar a juicio a estos depredadores del bienestar colectivo es una obligatoriedad del régimen. Y disminuir la miseria a las que han sido llevados y el malestar y rechazo al sistema es su meta, pero de ahora mismo. Un sentimiento reprimido, lastrado por la injusticia y el racismo es más peligroso que enseñarle los cañones con los que pueden ser acribillados, si cansados de lo mismo deciden protestar por lo que les corresponde.