miércoles, 4 de noviembre de 2009

LA DIGNIDAD DEL NEGRO
MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)
Si nos atenemos concretamente al concepto del vocablo dignidad, encontraremos que el mismo no es algo que nos viene dado por ningún gobierno ni partido político, no es dádiva de ideología ni religión alguna. En Cuba, con el ajetreo de la doctrina marxista y del tanto repetirse en aras de unificarla y hacerla propio de algo dado por el régimen muchas veces se hace creíble el concepto casi generalizado de que gracias a él hemos adquirido dignidad, cuando ella es algo que viene dado al ser humano desde el momento mismo en que viene al mundo, y quizá desde su formación fetal. La dignidad es un don inherente al hombre que para los creyentes es dada por Dios.
Al negro en Cuba se le ha hecho creer este concepto en concordancia con los interese del sistema político cubano, es decir el afrocubano es digno gracias a la revolución que lo ha hecho hombre al equipararlo con el resto de la nación cubana, algo bien visible en algunas opiniones al uso que generalmente dan los blancos en cuanto al status como ser social del negro en Cuba y de ello se pueden escuchar frases como que nunca el negro fue nada y que gracias a la revolución es alguien, o esta que dice que todo lo que tiene el negro se lo debe a l revolución. Y en este todo entra a jugar fundamentalmente el concepto dignidad. Es decir, el negro es digno gracias a la revolución que lo sacó del marginalismo y la explotación. En el marginalismo continúa el mayor por ciento del negro en Cuba y la explotación es algo que permea a toda la sociedad, sólo que si antes de 1959 era la explotación del hombre por el hombre, hoy es el régimen quien explota al hombre sin que haya siquiera el mínimo estímulo a su maltrecha existencia.La falta de un verdadero programa de estudio con respecto a la verdadera historia del negro en Cuba y de lo que éste ha aportado al surgimiento y composición de la nación cubana la hace una verdad histórica llena de mentiras; a la vez que hace que este segmento de la sociedad, sienta y se sienta culpable del atropello, y crea a ojos cerrados la falacia del perenne agradecimiento al sistema, y lo hace increíble, indigno del color que dio luz y honra a la nación cubana.