miércoles, 6 de mayo de 2009

LA MENOR IMPORTANCIA

POR: MANUEL AGUIRRE LAVARRERE
(MACKANDAL)
e-mail: makandalmm@yahoo.com

Consejo, examen tranquilo, indicación desapasionada:
todo esto, y no odio, debe constituir la oposición.
José Martí
Eso de llorar frente al mar parece ser inventado para los cubanos, que a lo largo de la Isla lloran mirando al horizonte como la única solución posible de sus necesidades. ¿Emigrar o no emigrar? He aquí el dilema de más de la mitad de once millones de seres humanos que deambulan autómatas tratando de sobrevivir un día más.
Confieso que nací y crecí oyendo hablar de raíces, de familia, de historia, de compatriotas, de solidaridad y hermandad, de héroes y antirracismo y de miles de ideales que sirvieron de magníficos puntales para mi y mis hermanos. Puntales que hoy, a cincuenta años de una revolución que proclamaba esto y otras consignas de adoctrinamiento todos estos puntales han colapsado de forma estrepitosa en casi toda la población cubana, esa que jura socialismo o muerte y deja para si una reserva mental que es la realidad de lo que sienten y piensan y por miedo no se expresa. El primero fue cuando descubrí que eso de que todos los hombres somos iguales independientemente del color de la piel, es pura utopía.
Para mi fue siempre un sueño tocar los tambores de la banda rítmica de mi escuela primaria. Tenía condiciones para eso. Pero llegado el día de la selección de los que integrarían la banda me percaté de que todos eran blancos. Lloré, tenía nueve años. Mi madre se puso triste y me dijo: ¡eso es racismo!
A partir de entonces supe que ser negro es el primero de los males que puede tocarle a un ser humano nacido en Cuba.
Por estos días la herida ha vuelto abrirse. Debates, polémicas, criticas han salido al posnorma nacional cubano como advirtiendo que algo no anda bien en la sociedad cubana. Pero como todo lo que se deja se queda, el debate sobre la raza y el racismo en Cuba, es sólo eso: un debate, cuya trascendencia jamás la veremos llegar.
Haber olvidado un tema sobre la raza y el color en Cuba es quizá la principal causa del racismo de este minuto. Pretender que sólo existe una raza es negar la historia de cada una de ellas. Y en Cuba, de manera muy particular es negar la dolorosa realidad de más del sesenta por ciento de su población, que ante la máscara de una sola raza han sido los marginados históricos.
Ser negro en Cuba significa ser la lacra, quedar para un puesto de trabajo que raramente haría un blanco en igualdad de condiciones. El negro queda relegado para ser secretario del partido de un núcleo, raramente de un municipio, un cargo como ese pocos lo querrán en los tiempos que corren y fácilmente debe darse como tarea del partido único. Otro trabajo, al que siempre el negro podrá aspirar en Cuba es al de policía, la enfermería y gastronomito en bares de mala muerte y la prostitución. El acceso a la gerencia de algún Oro negro, tiendas Cubalse, TRD, Cadeca, etc. es mentalmente impensable y prácticamente imposible, al estar reservadas para familiares de militares de raza blanca y dirigentes del partido.
Conozco a una joven negra, económica, auditora, contadora y mujer de excelentes modales, que supo, de buena tinta, que en la selección para trabajar en la TRD de su municipio, su nombre no figuraba por no tener buena presencia. La mala presencia no era otra que el color negro de su piel. Ella, no obstante, siguió siendo económica, contadora, auditora, fina, a lo que se le unió preparar a las trabajadoras de esta tienda, que por supuesto, todas de buena presencia.
En un país eminentemente mestizo, desde finales del siglo XVII, la piel blanca siempre ha sido la protagonista en cuanto a oportunidades y saqueo del derecho ciudadano, atropellos que hasta hoy se vienen denunciando contra los negros en Cuba.
Tengo un amigo que para demostrar todos estos prejuicios respecto al tema, hace el mismo cuento: Esta en un hotel porque era “vanguardia nacional”. Un día, en el elevador, una señora mayor apretó su bolso bajo el brazo para que él no se lo robara. ¡No sabía la señora que aquel negro era “vanguardia nacional” por tres veces consecutivas, que el robo jamás seria para un hombre como él, y que a ella misma, la primera vez que estuvo en ese hotel él le devolvió una cartera con una suma considerable de dinero.
Rabel Duarte y Elsa Santos recogen un testimonio de boca de una gerente de turismo sobre un estudio sobre el racismo en Santiago de Cuba. Mujer blanca, de 45 años, dice: Sí, es cierto, en la esfera del turismo hay muchos prejuicios raciales. Desde hace un año, aproximadamente, yo trabajo allí y sé que hay mucho racismo. En mi corporación, por ejemplo, de un total de 500 obreros apenas hay cinco negros…No existe una política expresa que plantee que hay que ser blanco para trabajar en turismo, pero sí está establecido que hay que tener un porte y un aspecto agradable, y los negros no lo tienen…En la tienda de modas más elegante de la ciudad, La Maisson, todos los trabajadores son blancos, y de las 14 modelos que participan en el desfile de modas una sola es mulata. En turismo son tan raras las mujeres negras, que cuando aparece alguna, la gente siempre comenta que debe estarse acostando con un jefe importante. Los pocos negros que hay realizan siempre labores duras, como camioneros o en los grandes almacenes cargando mercancías; pero nunca teniendo que ver directamente con los turistas, ni siquiera hay negros en labores de limpieza. Todo el personal que trabaja para el turismo es blanco. Conozco una negra fea que me contó su experiencia cuando quiso entrar a trabajar en turismo. Ella es licenciada en Economía, y especialista en Computación; habla ingles, francés y alemán. Se presento al a entrevista muy bien vestida, aunque ella misma me confeso que todo era prestado. Pues, bien, fue algo muy desagradable, porque en definitiva no la aceptaron, pero tampoco le dieron un motivo especifico…la persona que la entrevistó no sabía como conducir la situación, porque no podía decirle “no te aceptamos por negra”…Yo pienso que debía haberse tenido en cuenta sus conocimientos; en definitiva, en turismo trabajan algunas blancas que también son feas, aunque sean blancas. Hace unos días, un representante de una corporación de turismo dijo en público que él no quiere negros en su corporación, porque “el negro nunca terminan lo que empiezan”[1]
El odio hacia el negro vive en la mayoría de los cubanos blancos independientemente de su proyección humana. Ello no quiere decir que todos los blancos son racistas. Las conozco de sincero respeto hacia la raza negra, personas que comparten su merienda, un lado en el banco del parque, un cigarro, una taza de café, ante otros que no se toman ni por decoro el trabajo de recoger a un negro sudado por el sol del camino (aunque el carro sea de propiedad estatal) no debe sentirse el más mínimo remordimiento ni llamarlos racista. Basta con mirarlos simplemente como algo que no tiene la menor importancia.

[1] Rafael Duarte y Elsa Santos, El fantasma de la esclavitud, pp. 126-27.