martes, 24 de mayo de 2011

DE BLANCO LA DIGNIDAD

Untitled from MOVIMIENTO DE INTEGRACION RACIAL on Vimeo.


Video sobre las aguerridas y pacíficas mujeres que han realizado una importante batalla a fabor de los presos polítios cubanos, frente a un gobierno dictatorial y racista.

martes, 17 de mayo de 2011

La franja negra del Comité Central

Que Fidel Castro haya asistido a la Conferencia Internacional contra el racismo y la discriminación racial en Durban, Sudáfrica en el 2003.Y que haya estrechado la mano del máximo líder de la dignidad mundial y premio nobel de la paz, Nelson Mandela, no quiere esto decir que el ´régimen que él presidió durante casi cinco décadas haya eliminado el racismo antinegro. Aun con todas las posibilidades para hacerlo y en momentos cruciales de credibilidad para su régimen, faltó el combustible necesario, la espiritualidad y toma de conciencia de los cuadros dirigentes de este país, para, con la manga al codo y sin miramientos, dar el puntillazo final a un flagelo que hoy cobra nuevos bríos de reacomodamiento en la nación cubana, donde el afrocubano fue y sigue sin quererlo, como un ente sujeto al paternalismo racista.
Avergüenza la poca visión que ha tenido el régimen para darse cuenta de la existencia de un racismo creado desde el poder, con nuevos bríos y que se enorgullece de seguir presente en la nación cubana. Presente no sólo en su discurso, sino también en sus manifestaciones siempre tendentes a favorecer al mismo color de siempre como algo vitalicio en la obtención de los derechos, con elogios no siempre muy bien ganados, hacia cuadros dirigentes que luego, y por decirlo de algún modo, le dan la patada a la lata.
Por tanto es inquietante la miopía de algunos investigadores y estudiosos de la problemática racial que se ufanan de que el problema negro ha sido superado en Cuba.
El problema negro. Como si realmente el negro fuera el problema. ¿Por qué no analizar el asunto desde el causante de tanto daño a una raza desposeída y engañada desde el poder? ¿O es que acaso el negro es el provocador de sus problemas y no aquel que se los crea y le hace creer que él es el culpable? Ya nuestro Apóstol, José Martí, señalaba sobre el peligro que resulta para una nación la imposición de unos hombres sobre otros. En Cuba el racismo es un hecho innegable y actuante en todas las esferas del quehacer nacional.
Los afrocubanos no esperan que unos cuantos hermanos en el centro del poder, sean los idóneos para plantear y llevar a vías de extermino el racismo imperante en la Isla, si ello no viene concatenado con la parte más importante que es la población marginal, cuya historia se escribe con tinta invisible. No lo serán ni son representantes de su raza ni de la nación. Sabemos que la incondicionalidad política es uno de las cualidades que exige el régimen para validar a una persona. Por tanto ya esta cualidad es un impedimento para las acciones afirmativas que se deben tener en cuenta en la lucha contra el racismo.
Se sabe también que la unanimidad debe primar por encima de las opiniones personales, lo cual ya lleva una pérdida de la conciencia del yo propio y una sumisión automática a los dictámenes de la voz mandante, lo que conlleva a que estos afortunados afrodescendientes cubanos, que gracias a las innumerables críticas hechas al régimen de la Habana por el abuso constante y la discriminación racial hacia el negro, sean de hecho, la franja negra del Comité Central.
Y tampoco si no se escucha y se consideran los planteamientos de figuras decorosas que de forma independiente y en actuación ilegal por culpa del régimen que no los legaliza, han hecho planteamientos que pueden ayudar a la toma de certeras decisiones para la población negra de Cuba; porque en esta lucha, cualquier opinión digna debe tenerse en cuenta.

martes, 10 de mayo de 2011

RACISMO Y DISCRIMINACIÓN EN CUBA

DISCRIMINACIÓN Y RACISMO EN CUBA from MOVIMIENTO DE INTEGRACION RACIAL on Vimeo.

Nada que mendigar

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
La medida de un hombre no está en lo que hace en un momento de comodidad, sino cómo actúa en tiempos de reto y de controversia.
Martin Luther King Jr
A los afrocubanos nadie le regaló la libertad. Ella fue ganada por la entereza y hombradía de miles de esclavos que supieron tomar conciencia, aún con el analfabetismo colgado sobre sus vidas. Tampoco puede hablarse de una conformación de la nación cubana si no se tiene en cuenta, pero bien en cuenta, a sus verdaderos y principales protagonistas. Por encima de cualquier otro grupo étnico, y sin caer en exclusivismos, fue la población negra de Cuba quien dio a esta nación su carácter nacional, en un ajiaco con sabor a África. Y gracias a esta raza, hoy despreciada y llevada al último peldaño de la escala social, pudo este país librarse del coloniaje español y dejar de ser para la metrópolis una de sus principales propiedades de ultramar. Porque eso fuimos, eso fue esta Isla hasta que los negros dijeron basta. Y aunque no cabe duda de que el gran número de jefes mambises fueron blancos, la vida y la sangre que abonó esta tierra, el arrojo en la manigua, el valor contagiado a las caballerías, y los ochenta y dos mil muertos en la guerra, fueron protagonizados por los negros.
Por eso no hay que mendigar derechos, no hay que arrastrarse a ningún poder por dictatorial que sea para exigir lo que se ha ganado a punta de coraje y defendidos a la luz de cualquier época y razón.
Los miedos en las personas fortalecen poderes que se reorganizan y pujan siempre a favor de sus propios beneficios. Por tal razón no necesitamos negros como figuras decorativas en el Comité Central ni en ningún puesto de poder causante de daños y exclusiones. Tenemos derechos a ser los pintores y no modelos de barros.
El flujo de un discreto número de afrocubanos al Comité Central no es para satisfacer las necesidades del afrocubano en colectividad ni para resolver ningún problema inherente a la población en su conjunto con derecho a ser escuchada, sin bridas ni orejeras. Es la insustancialidad de un régimen que ha tenido que esperar más de cincuenta años para darse cuenta de que el negro existe.
Y si el negro existe, pues el negro tiene el derecho que da o quita la Ley en reclamar su soberanía, su autoestima y su estatus de ciudadano libre, como lo son, sin ganarlo, muchos blancos de aquellos descendientes encuevados al primer toque a degüello salido de la garganta de un negro contra España.
Esta selección demuestra algo más importante. Y aunque el afrocubano tiene derecho a participar en todas la decisiones con respeto al presente y futuro de la nación, esto demuestra, no ya una voluntad consciente del régimen, sino una orden de obediencia para continuar dividiéndonos en buenos y malos, apoyado en una ideología importada, blanca y siempre excluyente entre negros confiables y negros mercenarios, apátridas, peones del Imperio y toda una serie de calificativos que denigran al ser humano, a ese que es el único que tiene derecho a exigir lo que le corresponde.
No nos conformamos. Conformarse es seguir arrastrando los estereotipos que por siglos nos han mantenido en la exclusión, que por toda la historia nos ha mantenido obligados a vivir en una patria sin justicia social, en el silencio y la marginalidad. Conformarse con el incumplimiento de un régimen como el actual en Cuba, es otorgarle el crédito que no merece; no ya sobre los negros, sino con una inmensa mayoría ciudadana, obligada a decir sí o perecer en el reclamo y verificación de sus derechos, aunque marchen en la Plaza un primero de mayo. No nos conformamos porque eso sería sembrar la duda entre nosotros mismos, pelear negro contra negro, que es lo que en cualquier momento puede evocar el régimen y lavarse las manos como Poncio Pilatos.
Vivir dignamente es el derecho a reclamar derechos, y a no dejarnos involucrar en el discurso demagogo de un sistema que no cree ni en su propia existencia como fuerza política. Es también la consideración y respeto hacia el blanco digno y antirracista, que es la fuerza que necesitamos. Y el NO progresivo y perenne a una dictadura, que en su discurso político, su engallamiento y su auto impuesto título de ideólogo mundial, nos avasalla y desprecia.

martes, 26 de abril de 2011

IRRESPONSABILIDAD CIUDADANA

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Los cubanos hemos sido responsables de que la Cuba de hoy todavía permanezca bajo las garras de un ´régimen temeroso y antidemocrático. Hemos sido cómplices del deterioro progresivo y del colapso de la autoestima ciudadana.
Nuestra historia, nuestra común historia nos señala esa constante irresponsabilidad. En en un país que primeramente, aunque a regañadientes, aceptó a un Fulgencio Batista que rompió con el orden constitucional de la Nación, coyuntura aprovechada por los asaltantes del Cuartel Moncada en 1953, para seis años después imponer una dictadura que en concepto de derechos humanos, los viola de forma desparpajante y de cara a toda la nación.
Estos hechos constituyen una constante pérdida de soberanía. Nuestra ignorancia política y la irresponsabilidad ciudadana, ha conseguido que hayamos aprobado en el 1976, una Constitución que viola todo derecho de soberanía. Porque el concepto de soberanía no es sólo aquel que le otorga a un país su derecho territorial en relación a otros países. El concepto de soberanía implica también a la persona humana, y cuando esos conceptos de soberanía, con relación a la persona humana, que es la parte más importante de un país, son violados, entonces, ¿de qué soberanía estamos hablando?
La Constitución cubana de 1976 es la máxima exponente de lo que no debe ser una Carta Magna si verdaderamente se es democrático, al permitir de forma constante la violación y perdida de la soberanía ciudadana. Y en el caso cubano la democracia recae como primerísimo orden en los conceptos de nuestro Apóstol José Martí.
Ya en otros artículos hago alusión a este abusivo tratamiento ciudadano. Pero nunca será demasiado para recalcar verdades que deben ser del conocimiento de todo buen cubano.
Esa Constitución muestra la poca madurez política de una nación que se precie libre. No fue un libretazo del régimen para ganar en porcentaje. Fue así. Aprobada por una inmensa mayoría de cubanos, el 97,7% que no sabíamos siquiera lo que estábamos aprobando. No sabíamos que esa Constitución disfrazada de Caperucita y que rige hasta el momento los derechos y deberes de la ciudadanía, era el colapso fundacional de la libertades ciudadana, al no dejar para el pueblo, más que el camino del servilismo instituido por intereses políticos y la ideología del descredito patrio.
El cubano ha perdido su soberanía. El cubano debe y tiene el derecho y la obligación de conquistarla. Y aquí, por la patria, si cabe la máxima de Maquiavelo: El fin justifica los medios

jueves, 31 de marzo de 2011

La traición a la memoria histórica

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Contrario a lo que piensan algunos sobre el pensamiento político de José Martí por el uso malintencionado y tergiversación que se le ha dado a su legado, creo que Martí sigue siendo la fuente de referencia obligada para comprender el rumbo que debe tomar y tiene, la nación cubana , cuyo compromiso histórico así nos lo recomienda.
El principal anhelo martiano en el cual dice inspirarse la Constitución que rige los destinos, deberes y derechos ciudadanos desde 1976, es un insulto al pensamiento y conceptos martianos por constituir la Ley mordaza de la ciudadanía.
Es de hombres muy poco éticos tomar como referencia de sus trastiendas a nuestra más importante figura histórica para hacerle creer al pueblo que el proceso que vive el cubano de hoy se ajusta fielmente a los ideales de nuestro ilustre patricio.
Decir que fue el autor intelectual de los sucesos acaecido en el Cuartel Moncada en 1953, es no decir nada que convenza a alguien que piense, analice y saque conclusiones reales y verídicas sobre su pensamiento y acción; y sobre el bregar infructuoso de una tiranía que cercena los fundamentales derechos del hombre nacido libre y violado en cada parte de su soberanía como ser humano. Y menos justificar el unipartidismo totalitario con el que él formara en Cayo Hueso para llevar adelante, y sólo por eso, la guerra necesaria.
Nos deja claro el Apóstol, y para todos los tiempos, una hermosa sentencia que echa un balde de agua a las mentiras de la dictadura y que debe ser conocida por todos los cubanos, tanto de adentro como de la diáspora, porque es nuestra responsabilidad ciudadana poner en el lugar correcto y en el honor patrio lo que el régimen reniega, engaveta y manipula y que Martí escribió pensando en el pueblo, y para evitar los horrores políticos que vive Cuba: “Siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido. ”
Deja claro su rechazo, no sólo al unipartidismo que tanto combatió, sino que desmiente una y otra vez la idea de que eso pueda ser bueno para el pueblo. Y reafirma sus ansias democráticas fuera de ambiciones personales, que como él mismo dijera, “son enemigo terrible de la grandeza de los pueblos”
Fue este concepto de ambición personal y hambre de poder ególatra, lo que llevó a un sistema que echó por tierra a una tiranía sangrienta, convertirse en la tercera y más férrea dictadura que haya sufrido y sufre el pueblo cubano, enquistado en una Constitución que viola todo vestigio de soberanía ciudadana, lo cual sentencia el apóstol, y dice: “Una Constitución es una Ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos ”
Como Cristo, nuestro Apóstol fue maltratado. Pero no murió en el año de su Centenario. Martí, como Cristo, fue llevado a la conformación del partido único donde recibió la herida de muerte. Y rematado después en la Constitución cubana de 1976 que burla su memoria y su legado histórico. Él ha sido arrancado del mundo de la democracia y llevado a la fuerza frente a los crímenes del totalitarismo.
Creo que los actuales dirigentes cubanos y los que dicen ser fieles defensores del legado martiano y que tienen la obligación de arrojar luz sobre su obra, deben visitar su panteón, arrodillarse, y pedirle perdón al Apóstol, por la traición a su legado histórico, al pueblo, y a la Patria. Entonces, podrán dormir tranquilos.

José Martí, Escenas Mexicanas, vol. 2, p.882.Edición Centenario del Apóstol, año 1953.
José Martí, Escenas Norteamericanas, Vol. 1, p. 1476. Edición Centenario del Apóstol, año 1953.