martes, 2 de diciembre de 2014

Racismo, continuismo político y discriminació



Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
Desde hace algunos años, y luego de comprobada la ineficacia de las normativas del proceso castrista para eliminar las aberraciones racistas, el tema se ha extendido y varios expertos cubanos y extranjeros han hecho énfasis en este problema y volcado sus conocimientos a favor de su eliminación.
Pero nada de esto ha sido bien visto por el régimen de la Habana, que sigue con la maliciosa manía de querer abarcarlo todo sin que nada se resuelva de forma favorable a la ciudadanía.
Aun bajo estas difíciles circunstancias, los grupos y movimientos civiles independientes son mal vistos por este sistema, que ve en cada propuesta opositora la sombra de su descrédito.
Ante esta coyuntura nada favorable al oficialismo, varios cómplices del sistema tratan de arrojar cáscaras en el camino y dar una imagen idílica sobre la actual situación de los negros y los mulatos en Cuba, al poner por delante la creencia en su fidelidad y agradecimiento a la Revolución, sin visibilizar las verdaderas causas del problema y la indignación del silencio de buena parte de la población afrodescendiente abocada en una componenda política que no acaba de hacer justicia y reniega de los planes de verdadera inclusión ciudadana a todos los niveles políticos y civiles que exige una sociedad de los tiempos actuales.
Existe vocación y talento, emprendimiento y altruismo, pero falta la siempre histórica voluntad política. Y llaman desagradecidos y mercenarios a los que ven el problema racial de otra manera y desde otros puntos de vistas.
Hay una raya que negros y mulatos en Cuba no deben desconocer.
En Cuba nada es como debe ser. Pero el racismo continúa de cierta manera apegado a los mismos conceptos de su origen, cuando vio su nacimiento en la Europa del siglo XVIII y en el momento más alto del periodo de la Ilustración.
No se le puede dar crédito de buen gobierno a un sistema político que no lo ha merecido. La persistencia del racismo es una violación a la dignidad humana y mutila el desenvolvimiento pleno de una nación.
En Cuba, las aportaciones pseudo-científicas realizadas por Carlos de la Torre, Luis Montané y otros no vacilaron en exponer la supuesta inferioridad del negro a través de exámenes craneométricos, al aseverar superior el cráneo de la raza blanca con una masa cerebral de mayor alcance sobre todas las demás, dígase la amarilla, la mongol o la negra, donde esta última queda como el eslabón perdido de la cadena evolutiva entre los seres humanos y los monos.
Ellos se apegaron a las ideas racistas europeas donde destaca el filósofo francés Gobineau, y que le sirvieron muy bien al nazismo para sostener la idea de una raza pura.
Estas ideas entraron en la psiquis de un pueblo y alimentó los sentimientos racistas no resueltos hasta hoy de muchos ciudadanos en Cuba y de una cúpula política criada y educada para el continuismo político y discriminador.
Para Cuba actualidad:
mal26755@gmail.com
- -

martes, 4 de noviembre de 2014

José Martí y su proyecto de nación,

,
Manuel Aguirre Labarrere
(Mackandal)
Lo negro no es una categoría que pueda pensarse estática, homogénea, en tiempo lineal. Nuestras dolorosas historias como afrodescendientes han estado englobadas dentro de procesos complejos de poder y exclusión. En un juego de differance. Constantemente desestabilizadas por los que excluyen
Alberto Abreu
Si bien el modelo que diseñó Martí para Cuba no se adscribe al de los Estados Unidos, no es menos cierto que fue en este país donde tuvo la oportunidad de beber gran parte de su saber político.
Martí admiró con entusiasmo la Constitución del país norteño, que daba muestras de verdadera democracia en cuanto a los derechos del ser humano.
Sus experiencias en México, Guatemala y Venezuela lo obligaron a abandonar estos países y a tener una mejor visión de lo negativo que serían para Cuba modelos tan contradictorios y aislados de los verdaderos conceptos de patria y humanidad.
Lo fundamental en Martí es su concepto de la inclusión social y un sentido de pertenencia que abarcara a todos los estratos sociales de la nación, sin caer en caciquismos políticos y mucho menos en el totalitarismo y la politiquería, lo que para desgracia de los cubanos ha sucedido desde que el castrismo le echó manos a los destinos de la patria.
Los cubanos se han quedado sin un proyecto de nación justo y equitativo aunque el régimen trate mediante sus inagotables mecanismos de propaganda de hacer creer al mundo lo contrario.
Para Cuba, el único modelo asequible sería retomar ese que soñó Martí.
Hasta que ese proyecto no sea puesto en la práctica no se sabrá si es o no viable. El del Apóstol jamás ha sido tenido en cuenta para los destinos políticos y sociales de la nación. En ningún momento, bajo ninguno de los gobiernos que ha tenido Cuba.
Tanto en su letra como en el espíritu de sus conceptos, el proyecto de nación martiano sería “con todos y para el bien de todos”, como dijo en el discurso pronunciado en el Liceo de Tampa, el 26 de noviembre de 1891, ante una concurrencia de emigrados cubanos.
Clamaba Martí entonces por lo que los cubanos no hemos conseguido a cabalidad para poner fin al abuso y las restricciones políticas que el castrismo impone a la población cubana.
Martí buscaba la unidad de todos los cubanos, negros y blancos, en aras de la democracia y su fórmula del amor triunfante. Y advertía de no coger a la patria para fines personales o de intereses creados.
Decía: “De altar se ha de tomar a Cuba para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella.”
Martí quería “una Patria con todos y para el bien de todos”; no para el bien de algunos.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com

Los males heredados y su continuida


Manuel Aguirre Labarrere
                   (Mackandal)
 No ha faltado una Constitución en Cuba que no haya echo alusión al problema discriminatorio en Cuba, todo lo cual demuestra una preocupación en aras de alcanzar una igualdad que no esté signada por las diferencias. Pero sin embargo, todo proyecto que se ha propuesto zanjar esta problemática, se ha visto mutilado por disímiles causas, tanto políticas como sociales.
La discriminación racial es un fenómeno que se ha arrastrado en Cuba hasta los tiempos actuales. No hace honor al anhelo martiano de una patria “con todos y para el bien de todos”, ni a su concepto plural de la igualdad, en aras de alcanzar, como el mismo dijera en carta a su fiel amigo Juan Gualberto Gómez, “toda la justicia”.
La revolución castrista heredó males y prejuicios que trató de resolver a conveniencia de sus políticas y en detrimento de la verdadera voluntad ciudadana.
Así, se anuló la Constitución de 1940, con la cual debía regirse la nación. Vino aquello de “¿elecciones para qué?”, y se vivió de espaldas a todo proyecto de Carta Magna y a expensas de los deseos de Fidel Castro.
La persistencia del racismo en Cuba es fruto también de estas amañadas decisiones, que colapsaron toda esperanza de una patria diferente, apegada a la idiosincrasia del cubano y a sus conceptos de lo nacional.
Ya no se le podía echar la culpa del fracaso integracionista cubano a los Estados Unidos, pero la cantaleta se amplificó hasta nuestros días. Involucran ahora a los antirracistas independientes, tildándolos de “mercenarios” y construyendo fábulas de riñas entre grupos luchadores contra el racismo y la discriminación. Toda una falacia para calar en el subconsciente de la ciudadanía, siempre con propósitos malsanos y cobardes.
Los desequilibrios sociales internos de la sociedad cubana a partir de la revolución castrista, sus modos de contención y la nula transparencia de los señalamientos de las causas de los errores, ayudaron a no visualizar el racismo existente.
En el año 2007, cifras oficiales indicaban que el mayor por ciento de presos en Cuba, eran blancos. Pero sin embargo, los negros y mulatos llevaban el mayor peso condenatorio por delitos iguales o similares a los cometidos por blancos, lo que demuestra que el racismo contra este grupo étnico, está ejercido tanto por las esferas particulares como en aquellas oficiales.
En los tribunales, negros y mulatos son juzgados en su gran mayoría por jueces y fiscales blancos. Muchos de ellos están educados bajo una  tradición racista y segregacionista que comienza en el hogar y tiene reafirmaciones en las aulas, donde muchos maestros prejuiciosos no valorizan igual a los alumnos, porque en sus genes sigue como premisa la diferenciación por el color de la piel.
El papel del Estado sigue los mismos patrones tradicionales que se acomodan de forma palpable en la implementación de medidas y la elección de miembros en las políticas públicas. Todo esto contribuye al deterioro psíquico del hombre negro, a quien el bienestar le resulta inalcanzable.
En Cuba, el racismo cuenta con la anuencia del Estado, que es su emisor fundamental.

Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com

martes, 7 de octubre de 2014

Las políticas de la revolución han contribuido a la inferiorización de los negros y mulatos


Por: Manuel Aguirre
(Mackandal)
Movimiento de Integración Racial Juan Gualberto Gómez
mal26755@gmail.com
Expresó José Martí: “El hombre blanco que, por razón de su
raza, se cree superior al hombre negro admite la idea de la raza, y autoriza y provoca al racista negro. El hombre negro que proclama su raza, cuando lo que acaso proclama únicamente en esta forma errónea es la identidad espiritual de todas las razas, autoriza y provoca al racista blanco”.
El triunfo de la revolución castrista trajo para las religiones afrocubanas momentos de verdadera tensión. Se veían mal aquellas prácticas que introducidas en la época esclavista, sirvieron a la población afrodescendiente cubana para atenuar sus penurias y darle la esperanza de un futuro mejor.
Muy tempranamente análisis expuestos por personas blancas identificadas con las ideas de Fidel Castro, se dieron a la tarea de desprestigiar y silenciar las prácticas religiosas de la mayoría de los negros y los mulatos en Cuba.
La revista El Militante Comunista, en octubre de 1968, puntualizaba: “la santería es una mezcla grosera de elementos mitológicos de ciertas regiones africanas”…
La intención era dar una nueva vitalidad a las influencias africanas pero concediéndoles la forma y valor que el régimen estimara conveniente.
Solo querían folklore, presentar el valor puro de las canciones, bailes y poesía vinculados con las religiones. Las creencias mismas quedaban a un lado, prohibidas. Había multas y encarcelamiento para quien osara desobedecer lo establecido por el régimen. Eran obligatorias la obediencia y la sumisión.
Se les negó la posibilidad de estudiar en las universidades o ser miembro del Partido Comunista a todo aquel que practicara una religión. No podía haber en las casas un cuadro del corazón de Jesús. En su lugar se colocaron fotos de Fidel Castro. No se podía creer en otro dios que no fuera Fidel Castro, que se convirtió en el Yahvé de la política y el destino espiritual de todo un pueblo.
No fueron pocos los practicantes de religiones afrocubanas que fueron estigmatizados. Muchos fueron a la cárcel por mantenerse firmes en sus creencias.
Se priorizaron más los mandatos del oficialismo que los sentimientos espirituales de sus practicantes.
Al interior de las familias cubanas se sintió un vacío existencial que duraría décadas, hasta que estas políticas de exclusión fueran cuestionadas por el mismo gobierno, que empezó a interesarse menos por las creencias religiosas de cada cual.
Las creencias y prácticas rituales de las reglas Congas o Palo Monte, la Regla de Ocha o Santería, y de la Sociedad secreta Abakuá, fueron estigmatizadas por el régimen comunista cubano. Templos y casas de cultos fueron perseguidas y desmontadas y sus miembros amenazados con el despido de sus empleos.
Estas prohibiciones provocaron afectaciones psicológicas en muchas de las personas practicantes de estas religiones.
No se tuvo en cuenta la importancia sociológica, etnológica y antropológica de tales prácticas. Y fueron descartadas las contribuciones que europeos y africanos hicieron para forjar una cultura nacional común a todos los estratos sociales de la colectividad cubana, y que por intereses políticos y mangoneos totalitarios fueron silenciados por décadas.
Estas políticas no solo excluyeron a buena parte de la población negra y mulata, sino que contribuyó a crearles un sentimiento de culpa y a la autoflagelación espiritual de los implicados, haciéndolos sentirse inferiores respecto al resto de la población, tanto por sus prácticas religiosas como por el color de la piel.
Publicado por Primavera Digital
www.primaveradigital.net

jueves, 11 de septiembre de 2014

La africanización de la pobreza,


Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
/…/ Cuba está obligada a trabajar por la erradicación del racismo en todas sus manifestaciones, pues no es tan solo el racismo contra el negro, aunque este sea el más agobiador en nuestro país. También de cuando en cuando surgen aquí los fantasmas del racismo anti guajiro, anti judío, anti gallego anti español, anti chino, anti americano.
Entrado en el siglo XXI, los debates sobre el racismo en Cuba han estado en su punto más alto. Pero a pesar de ello y de las expectativas de los afectados por este flagelo, ningún medio de difusión masiva -prensa, radio o televisión- se ha dignado en darle seguimiento a un problema que pesa sobre la vida política y social del país de forma permanente.
El racismo persiste tanto en las instituciones como en la vida cotidiana. Cada vez son más los rostros anónimos que a nivel de calle visibilizan el problema.
Tanto negros como blancos ven en el régimen la apatía y el rechazo a darle a esta situación la importancia y el peso que merece. Es más importante el uso del condón y el mostrar las fotos viejas de Fidel Castro, que la práctica amistosa y el respeto a los derechos del otro.
No se trata de una minoría étnica a quien fácilmente se le arrebata los derechos. Negros y mulatos son mayoría poblacional en Cuba. Sólo son invisibles para el régimen y sus mentirosos censos de población y vivienda. Y sin embargo, no están en ningún puesto que genere beneficios económicos significativos. Las exclusiones selectivas y los prejuicios tradicionales son sufridas por ese segmento, separado por una brecha de otros grupos poblacionales. Eso explica la africanización de la pobreza.
Los afrodescendientes cubanos tienen que esforzarse tres veces más de lo que se esfuerza un cubano blanco, tanto en el sector educacional como en el laboral, para de alguna manera llamar la atención y hacerse visible frente a los que deciden las políticas de empleo, y aun así van siempre en desventaja.
El nivel educacional de blancos y negros en Cuba es parejo. La situación socioeconómica deprimente de los afrodescendientes cubanos se debe a una subestimación que ya es historia y a una política de tutoreo paternalista que ha impedido mejores niveles de vida para esta población.
Para saber del problema racial de Cuba, no hay que conceder crédito a los informes del oficialismo, pues lejos de mostrar la realidad, tergiversan y solapan.
Un trabajo de campo demuestra, de forma irrebatible, las mentiras que tratan de vender como verdades, los que de forma oficial y por encargo analizan este problema.
Don Fernando Ortiz Fernández sentenció una meditación, que debiera dar vergüenza a los que desgobiernan, ciudadana y políticamente la nación cubana, la cual no está completa ni se completará mientras el problema de los racismos y las exclusiones políticas no tengan una solución viable para todos. Dijo: “A esta tarea innoble de mixtificar la verdad natural e histórica han contribuido los políticos, las religiones, las artes, los intereses,
las leyes, y hasta las ciencias cuando se han puesto al servicio de las tiranías y regímenes opresivos”.
Para Cuba actualidad:

mal26755@gmail.com

martes, 9 de septiembre de 2014

Orlando Contreras


Manuel Aguirre Lavarrere
    (Mackandal)

Orlando Contreras

Orlando Contreras es uno de los mejores cantantes que ha tenido la música popular cubana.
“La voz romántica de Cuba”, como se le llamaba, nació el 22 de mayo de 1930 en La Habana. Su carrera se inició en varios grupos habaneros entre los que se encontraba el trio de Arty Valdés. En 1952 ingresó en la orquesta de Neno González, donde se mantendría hasta 1956, alternando con el Conjunto Casino. Alcanzó gran popularidad en esa primera etapa que culminaría con la grabación de un disco que se convirtió en un indiscutible éxito, aclamado en varios países del continente americano.
Era acosado por periodistas y contratistas, que se disputaban el lugar por llegar primero al artista.
No había cumplido los veintinueve años en 1959, cuando triunfó la revolución. Orlando Contreras, ya convertido en solista, fue de los artistas que permanecieron en Cuba, aclamado cada vez más, tanto dentro como fuera de la Isla.
Una de sus emblemáticas canciones, Mi corazonada, no dejaba de escucharse en las victrolas de bares y cantinas a todo lo largo y ancho del país.
Contreras se convertiría por muchas razones en un icono de la cancionística popular cubana.
No hubo un solo productor musical que no deseara tenerlo en sus espectáculos y en la producción de sus discos.
Junto a Benny Moré, Orlando Vallejo, Fernando Álvarez y otros, trabajó en el Alí Bar.
Estuvo en el conjunto Musicuba hasta que en septiembre de 1965 emigró a los Estados Unidos.
Con Daniel Santos, ya en los años 70, realizó giras por América y España.
Se radicó en Colombia, donde él y Daniel Santos estaban entre los cantantes más populares.
En Medellín, a punto de cumplir 64 años, lo sorprendió la muerte el nueve de febrero de 1994 bajo circunstancias nebulosas. Se cuenta que fue envenenado por su empleada de servicio, quien pocas horas después de su muerte apareció casada con él.
El cadáver de Contreras fue cremado a la misma hora en la que supuestamente se casó. Su muerte quedó fuera de toda investigación racional por parte de las autoridades del país que lo acogió en sus últimos años y al que tantas alegrías brindaron sus canciones, esas que seguirán por siempre encantando y multiplicando adeptos en Cuba y Latinoamérica toda.
Las incógnitas sobre su deceso ameritarían que se investigara para saber si son o no ciertas las sospechas que persisten a veinte años de su partida definitiva.
Para Cuba actualidad:
mal26755@gmail.com

- -