El mito de la belleza blanca
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Desde siglos se ha infundido el ya mitológico credo de la belleza blanca, subestimando otros modelos de la amalgama étnica universal. La televisión cubana apuntala este prejuicio. Lejos de reconocer en cada raza su patrón de belleza- y la negra lo tiene-, lo escamotea, y lo vuelve chota.
Siendo así, habrá que esperar que mentalidades más justas y humanas, lo reconozcan, como ya es visible en los Estados Unidos. La joven de ascendencia africana y de raza negra, Noemí Campbell, considerada la mejor modelo del mundo, pone al alcance de la opinión pública mundial, la justeza a la cual no estamos acostumbrados. Y es por ello que no hemos podido ver en pantalla, un seriado, una telenovela, o simplemente un monotemático donde el rol protagónico lo ocupe un negreo, o una actriz afrocubana. La presencia de locutores afrocubanos, es, además de ínfima, ridícula; incluso, en los programas infantiles, bastante manidos, rara vez un niño negro ha salido diciendo un bocadillo, o simplemente cantando una canción. Y es que, para la mayoría de los guionistas y directores blancos de la televisión cubana, el presentar en roles protagónicos a un actor, o familia afrocubana, constituye un tabú, como si tal raza no fuera historia y un sentimiento
Para nadie es un secreto que la inmensa mayoría de las disciplinas deportivas en Cuba, son predominio absoluto de la raza negra, y no porque nadie los haya puesto para llenar un currículo, ni a buena voluntad. Están ahí porque han demostrado ser mejores. Pero este acontecer deportivo llevado a la pantalla-exento de su ficción-, pierde su vigencia y realidad histórica, se trunca despectivamente la valía de los que han puesto por el mundo el nombre de la patria en el más alto pedestal. Tal es así, que un seriado como "Los pequeños campeones", donde todos los protagonistas son blancos, y sus familias, por supuesto lo son, no hay un solo niño negro en papel de puntería. Y pregunto: ¿refleja esto la realidad deportiva del país? Lejos de reflejarlo, constituye una bofetada y un chantaje indignante al rostro de los deportistas afrocubanos, que analizados a la luz de la razón y el derecho, los han dejado sin historia. Doliendo más el saber que su director, persona de raza negra no supo defender los ideales y la veracidad de la disciplina beisbolera cubana. Pero, por supuesto, no faltan entre la población afrocubana, los renegados y los cruzados en el camino de la buena andanza; y como todo grupo humano, tiene, a sus tíos Tom, y sus Mayotte Capeccia.
miércoles, 20 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
EL COMIENZO DEL BIN
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
A menos de un año que el ex Ministro del Trabajo y Seguridad Social, Esteban Morales Cartaya diera a conocer la propuesta sobre la extensión de la edad para la jubilación, llevada de los sesenta a los sesenta y cinco Años para los hombres y de cincuenta y cinco a sesenta para las mujeres atendiendo a un acelerado envejecimiento de la población cubana, quizá la más avejentada de América en los próximos quince años, con este retroceso en la propuesta y los despidos multitudinario de los asalariados en los centros de trabajos estatales dan al traste con una política de empleo y un modelo de vida incipiente desde el mismo comienzo de su gestación.
En el año 2006 di a conocer un articulo sobre el ñangueteo y sumisión de la Central de Trabajadores de Cuba y su sindicalismo gonorréico, activado únicamente para condenar a sus afiliados y cobrar la cuota sindical sin que falte como primer punto el trabajo voluntario aun cuando no se tenga voluntad para hacerlo, con el propósito de complacer al régimen y dar un punto más a sus dirigentes empezando por su secretario general, que lo único que genera es la desgracia de los trabajadores, y terminando con sus apapipios en cualquier lugar del territorio nacional. Es decir, allanarles el camino para en un futuro a corto plazo, por sus meritos revolucionarios y su desinteresada entrega a la causa comunista, puedan ser nombrados embajadores o ministros y cargar, como hacen los narcos cuando negocian con la DEA, con sus familiares a otra parte y entonces, como Pedro Ros Leal, quien vive una vida plácida como embajador en Angola y no acordándose en nada de sus trastabillaos y desfalcos, a vivir, sin que se les salga el tiro por la culata, la buena vida dejando la huella y el dolor insalvable en buena parte de la clase trabajadora, que no ve un minuto de respiro ni mejora alguna en su nivel de vida.
De nuevo es la CTC quien da la cara y se pliega de forma inquietante a los dirigentes del régimen para el despido de más de un millón de trabajadores después de darlo todo y haber creído tanto en las garantías laborales que proclama la dictatorial Constitución actual de la Republica.
Pero de estos desafortunados ninguno será miembro del Buró Político ni del Comité Central, y mucho menos del ejercito o la policía quienes consumen más de la mitad de la economía nacional y lo único que producen es miedo y sobresalto. No es para repeler un ataque desde el exterior que se preparan, con un equipaje del primer mundo a unas muy buenas y entrenadas tropas antimotines que por la vestimenta y fusiles parecen sacadas de una `película de ciencia ficción, con la única diferencia de que aquí, en Cuba, son reales
(Mackandal)
A menos de un año que el ex Ministro del Trabajo y Seguridad Social, Esteban Morales Cartaya diera a conocer la propuesta sobre la extensión de la edad para la jubilación, llevada de los sesenta a los sesenta y cinco Años para los hombres y de cincuenta y cinco a sesenta para las mujeres atendiendo a un acelerado envejecimiento de la población cubana, quizá la más avejentada de América en los próximos quince años, con este retroceso en la propuesta y los despidos multitudinario de los asalariados en los centros de trabajos estatales dan al traste con una política de empleo y un modelo de vida incipiente desde el mismo comienzo de su gestación.
En el año 2006 di a conocer un articulo sobre el ñangueteo y sumisión de la Central de Trabajadores de Cuba y su sindicalismo gonorréico, activado únicamente para condenar a sus afiliados y cobrar la cuota sindical sin que falte como primer punto el trabajo voluntario aun cuando no se tenga voluntad para hacerlo, con el propósito de complacer al régimen y dar un punto más a sus dirigentes empezando por su secretario general, que lo único que genera es la desgracia de los trabajadores, y terminando con sus apapipios en cualquier lugar del territorio nacional. Es decir, allanarles el camino para en un futuro a corto plazo, por sus meritos revolucionarios y su desinteresada entrega a la causa comunista, puedan ser nombrados embajadores o ministros y cargar, como hacen los narcos cuando negocian con la DEA, con sus familiares a otra parte y entonces, como Pedro Ros Leal, quien vive una vida plácida como embajador en Angola y no acordándose en nada de sus trastabillaos y desfalcos, a vivir, sin que se les salga el tiro por la culata, la buena vida dejando la huella y el dolor insalvable en buena parte de la clase trabajadora, que no ve un minuto de respiro ni mejora alguna en su nivel de vida.
De nuevo es la CTC quien da la cara y se pliega de forma inquietante a los dirigentes del régimen para el despido de más de un millón de trabajadores después de darlo todo y haber creído tanto en las garantías laborales que proclama la dictatorial Constitución actual de la Republica.
Pero de estos desafortunados ninguno será miembro del Buró Político ni del Comité Central, y mucho menos del ejercito o la policía quienes consumen más de la mitad de la economía nacional y lo único que producen es miedo y sobresalto. No es para repeler un ataque desde el exterior que se preparan, con un equipaje del primer mundo a unas muy buenas y entrenadas tropas antimotines que por la vestimenta y fusiles parecen sacadas de una `película de ciencia ficción, con la única diferencia de que aquí, en Cuba, son reales
miércoles, 15 de septiembre de 2010
¿PACIFISTA?
Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Luego de cuatro años alejado de la arena política, resurge, como el Nostradamus del siglo veintiuno, el ex gobernante cubano Fidel Castro, artífice de la más antigua y prolongada dictadura que pueblo alguno haya conocido. Ahora, después de una satisfactoria recuperación médica, pero apegado al dictamen de su mentalidad totalitaria extendida a la arena internacional. Lo hace con un análisis sobre una posible guerra a Irán provocada por Estados Unidos.
Sorprende, inquieta sobremanera a la memoria histórica recordar al que reiterativamente pide al mundo proyectarse contra un enfrentamiento entre Estados Unidos y el país árabe; y como el “papa upa” visionario del tiempo que vendrá, fue el autor intelectual del surgimiento y forja de las guerrillas en América Latina. Honduras, El Salvador, Guatemala y Bolivia dan fe de las decenas de muertos que causó este tipo de enfrentamiento armado, llevando a la economía y bienestar de esos pueblos a un retroceso insalvable hasta el momento actual.
Pero en 1962 cuando la crisis de los misiles y la crispación política entre Estados Unidos y Cuba llegaba a su clímax, fue Fidel Castro Ruz, quien en un arranque de arrogancia absoluta avivó la llama de la discordia y en carta dirigida al entonces gobernante de la desaparecida Unión Soviética, Nikita Jroschov, lo alienta para que diera el primer golpe nuclear contra Estados Unidos, usando a Cuba como trampolín y a su pueblo como las seguras victimas patriotas de su arrebato histérico, agudizado cuando Jruschov, en carta que data del 30 de octubre de 1962, le dice:
“En su cable del 27 de octubre usted propuso que deberíamos ser los primeros en llevar a cabo un ataque nuclear contra el territorio enemigo. Naturalmente, usted comprende a dónde nos hubiera llevado. No hubiera sido un simple golpe, sino el comienzo de una guerra mundial termonuclear”
“Estimado camarada Fidel Castro, encuentro su propuesta equivocada, aunque comprendo sus razones”
Esa fue la intención y verdaderos propósitos de quien ahora se conduele de una inminente guerra mundial con resultados catastróficos para los pueblos del mundo y quien, salvo alguna que otra migaja, nunca se preocupó ni se preocupa por el bienestar del propio. Y no quiere pasar a mejor vida sin antes, para orgullo propio y satisfacción de su ego, llevarse consigo el tan acariciado Premio Nóbel de la ‘Paz, algo así como para decirle a Obama: Si tú puedes, yo también. Y ver, como colofón, desmoronarse el buque insignia del desarrollo mundial.
Quizá por eso, en reunión con líderes de Irán como Khatami y el Ayatoyá Khomeini, Fidel Castro les manifestó: “Irán y Cuba pueden poner de rodillas a los Estados Unidos”[1]
Los medios diplomáticos y federales de Estados Unidos han manifestado reiteradamente que el régimen de Cuba intercambia información con varios países árabes.
Con esos truenos, y en el afán enfermizo de un trabajo de zapa hacia Irán para desviar sus verdaderas intenciones, no hierra en nada quien trate de persuadir al mundo, al contrario de Fidel Castro, del inminente peligro que para los Estados Unidos y las personas de buena voluntad, constituye el armamento nuclear en manos de terroristas probados y confesos. Todo en el nombre de Alá
(Mackandal)
Luego de cuatro años alejado de la arena política, resurge, como el Nostradamus del siglo veintiuno, el ex gobernante cubano Fidel Castro, artífice de la más antigua y prolongada dictadura que pueblo alguno haya conocido. Ahora, después de una satisfactoria recuperación médica, pero apegado al dictamen de su mentalidad totalitaria extendida a la arena internacional. Lo hace con un análisis sobre una posible guerra a Irán provocada por Estados Unidos.
Sorprende, inquieta sobremanera a la memoria histórica recordar al que reiterativamente pide al mundo proyectarse contra un enfrentamiento entre Estados Unidos y el país árabe; y como el “papa upa” visionario del tiempo que vendrá, fue el autor intelectual del surgimiento y forja de las guerrillas en América Latina. Honduras, El Salvador, Guatemala y Bolivia dan fe de las decenas de muertos que causó este tipo de enfrentamiento armado, llevando a la economía y bienestar de esos pueblos a un retroceso insalvable hasta el momento actual.
Pero en 1962 cuando la crisis de los misiles y la crispación política entre Estados Unidos y Cuba llegaba a su clímax, fue Fidel Castro Ruz, quien en un arranque de arrogancia absoluta avivó la llama de la discordia y en carta dirigida al entonces gobernante de la desaparecida Unión Soviética, Nikita Jroschov, lo alienta para que diera el primer golpe nuclear contra Estados Unidos, usando a Cuba como trampolín y a su pueblo como las seguras victimas patriotas de su arrebato histérico, agudizado cuando Jruschov, en carta que data del 30 de octubre de 1962, le dice:
“En su cable del 27 de octubre usted propuso que deberíamos ser los primeros en llevar a cabo un ataque nuclear contra el territorio enemigo. Naturalmente, usted comprende a dónde nos hubiera llevado. No hubiera sido un simple golpe, sino el comienzo de una guerra mundial termonuclear”
“Estimado camarada Fidel Castro, encuentro su propuesta equivocada, aunque comprendo sus razones”
Esa fue la intención y verdaderos propósitos de quien ahora se conduele de una inminente guerra mundial con resultados catastróficos para los pueblos del mundo y quien, salvo alguna que otra migaja, nunca se preocupó ni se preocupa por el bienestar del propio. Y no quiere pasar a mejor vida sin antes, para orgullo propio y satisfacción de su ego, llevarse consigo el tan acariciado Premio Nóbel de la ‘Paz, algo así como para decirle a Obama: Si tú puedes, yo también. Y ver, como colofón, desmoronarse el buque insignia del desarrollo mundial.
Quizá por eso, en reunión con líderes de Irán como Khatami y el Ayatoyá Khomeini, Fidel Castro les manifestó: “Irán y Cuba pueden poner de rodillas a los Estados Unidos”[1]
Los medios diplomáticos y federales de Estados Unidos han manifestado reiteradamente que el régimen de Cuba intercambia información con varios países árabes.
Con esos truenos, y en el afán enfermizo de un trabajo de zapa hacia Irán para desviar sus verdaderas intenciones, no hierra en nada quien trate de persuadir al mundo, al contrario de Fidel Castro, del inminente peligro que para los Estados Unidos y las personas de buena voluntad, constituye el armamento nuclear en manos de terroristas probados y confesos. Todo en el nombre de Alá
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