martes, 12 de junio de 2012

La constante deshonra,


Manuel Aguirre Lavarrere

(Mackandal

He aquí las fuerzas que nos hacen vivir: la dignidad, la libertad y el valor.

José Martí

Confieso que si algo me causa dolor es sentir mi impotencia como ciudadano de raza negra cada vez que veo la estatua de José Miguel Gómez, ubicada en El Vedado.

La estatua está justo en la Avenida de los Presidentes, vía con un flujo permanente de ciudadanos y hermanos de lucha. De cierta manera, comparto la opinión de los que creen ver en ella un insulto a los negros y mulatos cubanos, porque José Miguel Gómez, como presidente, fue el principal causante de la masacre racista ocurrida en 1912.

Hasta ahí los acompaño. Pero exigir la demolición de dicha imagen, va contra la verdad histórica, y crearía un precedente negativo para la nación y para los que aspiramos a vivir algún día en una Cuba con libertad y democracia.

No se puede nadar contra la corriente. José Miguel Gómez, quiérase o no, fue el segundo presidente de Cuba. Fungió como tal de 1909 a 1913, inmediatamente después de la intervención de Estados Unidos, amparados por la Enmienda Platt, tras los disturbios provocados por la reelección fraudulenta de Estrada Palma, período en el que se desempeñó, de 1906 a 1909, como gobernador militar, Charles Magoon.

Desmontar la estatua de José Miguel Gómez sería como borrarlo de los anales de la historia. Se le estaría haciendo el juego a lo mismo que hace el régimen cubano cuando un deportista o artista de cierta relevancia popular, decide cambiar el rumbo y abandona el país: son borrados de todas las listas, sacados de la radio y la televisión, convertidos en no personas, como si nunca hubiesen existido.

Entonces, ¿a qué se juega? Creo que la oportunidad no puede ser más propicia, para saber, si aún alguien no lo sabe, de qué están hechos nuestros dirigentes y el grado de responsabilidad que tienen para la permanencia del racismo y la exclusión de los negros y mestizos.

La estatua está donde debe estar, como también está la de José Francisco Martí, el hijo del Apóstol, que fue el segundo al mando del general Monteagudo en la masacre racista de 1912, y que a todo bombo y platillo inauguró el historiador de la ciudad, Eusebio Leal, en el Centro de Estudios Martianos, pero sin llegar a decir, que sin lugar a dudas, también arrancó cabezas de negros y mestizos.

La perspectiva histórica que ofrece el régimen respecto a los negros y mestizos en Cuba, está tergiversada con el objetivo de sembrar en este segmento poblacional el odio sobre el pasado, la duda y el miedo terrible a lo que les pueda pasar de llegar a desaparecer el actual sistema.

Se puede criticar, y emplazar la conducta impropia que tuvieron tanto José Miguel Gómez como José Francisco Martí, pero nunca negar su existencia. Quedaría inconclusa la historia de la nación si no fueran incluidos, aún cuando nos duela y la entendamos injusta.

No obstante, mantener la estatua de José Miguel Gómez, con lo cual estoy muy de acuerdo, así como la de José Francisco Martí, y no levantar

unas cuantas estatuas de hombres y mujeres de piel negra, que con sobrados méritos deben ser sacados de la injuria histórica, pone sobre el tapete lo que este régimen, como los anteriores, han negado siempre: su naturaleza racista y el compromiso clasista de que los negros y los mestizos cubanos se mantengan en el fondo.

Son símbolos constantes de la desfachatez y el miedo al negro, que no precisamente es quien debe abochornarse, pues hay condecoraciones que deben causar vergüenza, tanto para quien la lleva, como para quien las entrega.















Foto: Manuel Aguirre Lavarrere

Monumento a José Miguel Gómez

Publicado por Primavera Digital, 2012/05/24

www.primaveradigital.org No.221

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miércoles, 23 de mayo de 2012

La verdadera cara de la historia

 
Manuel Aguirre Lavarrere
                (Mackandal)
 A cien años de cumplirse la masacre de los Independientes de Color, el más horrendo crimen que se haya cometido en Cuba contra negros y mestizos que sólo buscaban el reconocimiento de sus derechos después de haber peleado por más de tres décadas en la manigua para al final quedarse sin nada y que fueran sus mismos hermanos de lucha los que los masacraron, creo necesario sacar a la luz algunos sucesos que los historiadores escamotean o tergiversan para incrementar aún más el lodo de la historia nacional.
Cualquier estudio que se haga sobre si hubo petición de los Independientes de Color para que los norteamericanos mediaran en el conflicto que se había desatado entre ellos y el gobierno de José Miguel Gómez, y Martín Morúa Delgado como carabinero de los intereses del Partido Liberal, si pretende ser serio, debe partir de realidades sólidas.
En primer lugar, preguntarse qué representaba Estados Unidos en aquellos momentos. Bien, era el paradigma de la libertad y la democracia representativa.
La segunda pregunta debe ser, ¿qué era Cuba en aquel entonces? Cuba, recién salida de la guerra de independencia y constituida como república en 1902, siguió siendo un país dependiente del exterior. Fueron siglos de dominio español sin que el país tuviera la menor autonomía. Cuanto conflicto sucedió en Cuba fue España quien los resolvió. No existía todavía en el cubano un sentido de pertenencia. Cualquier cosa que viniera de afuera le parecía buena.
Por tanto, no fue un error ni una traición de los Independientes de Color pedir la mediación de los Estados Unidos, como afirma Rolando Rodríguez, autor del libro “La conspiración de los iguales”, el texto más racista y antinegro que se hayan editado en Cuba después de 1959.
Era lógico que solicitaran la ayuda de los Estados Unidos. La aspiración era llegar a ser como ellos en lo que a desarrollo y libertades civiles se refiere.
Así lo vieron también durante las luchas por la independencia hombres de la más regia estirpe patriótica, como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramante y otros héroes que hoy son verdaderos iconos en la historia de Cuba. Ni a ellos ni a los Independientes de Color se les puede juzgar de traidores.
Pero sí cabe el calificativo de traidores para otros.
Domingo del Monte, quien tanto se lamentaba de que la esclavitud de los negros desapareciera por los esfuerzos de Inglaterra y Francia, fue un connotado racista y correveidile de la Metrópolis. Su Memorial enviado al gobierno español deja constancia de su vergonzosa sumisión. Este distinguido humanista y anfitrión de tertulias literarias, fue quien con sus sobresaltos y su miedo al negro, propugnó la incertidumbre, que trajo en
1844, la masacre de la todavía nebulosa Conspiración de la Escalera.
Narciso López, recalcitrante propietario de esclavos, a quienes hacia trabajar hasta el límite de la resistencia humana y bajo el látigo de sus
mayorales, fue quizá el más ferviente anexionista de todos los que con este pensamiento componían la crema y nata de la burguesía cubana.
Los alzamientos y las masacres de negros se sucedieron en la historia de Cuba. Hubo un alzamiento y una masacre por la emancipación de siglos de esclavitud y explotación forzada. Hubo un alzamiento y una masacre por la traición de muchos de los principales coroneles blancos, como Gaspar Betancourt Cisneros, Manuel Sanguily, y más de un centenar de ellos que utilizaron al negro como carne de cañón para después tirarlo con las manos vacías y sin derecho a reclamos. Hubo un alzamiento y una masacre para evitar que el negro alcanzara status de ser humano y lograra superar con su esfuerzo, la abismal brecha de desigualdades y aniquilamiento cívico.

 Publicado por Primavera Digital, 2012/05/03
No.218
primaveradigital@gmail.com
HECHO EN CUBA CON ESPACIO PARA TODOS
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Estructura de clases y poder.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
En los primeros años de la revolución, el estado sacudió la mata, como decían entonces, pero dejó algunos frutos podridos que han germinado y hoy le defecan en la cara.
En las dos últimas décadas se ha producido un viraje mental en sentido negativo. El lucro, el individualismo, el egoísmo, conjuntamente con el racismo, son enfermedades sociales que aun cuando estaban aparentemente dormidas, hicieron daño. Hoy andan sueltas, con amplio espacio en el entramado social y con un poder nada despreciable. Han triunfado y traerán, en un corto periodo de tiempo, la exclusión absoluta de negros y mestizos.
Sucede lo anterior producto de lo que muchos analistas observan pero que ninguno se atreve a plantear con claridad. He aquí el alto grado de autocensura y miedo existente todavía en lo más excelso de la intelectualidad cubana.
En Cuba, como fenómeno frustrado de transformación social, una revolución fue traidora de si misma. Las esperanzas, las ansias democráticas, se vieron traicionadas por el triunfalismo que hizo trizas los ideales martianos y maceístas con respecto al proyecto de nación, que irremediablemente debió ser la no imposición ideológica y la plena inclusión política y social de todo el componente racial de la nación.
Traidora en sí misma es la revolución que al desplazar a la clase oligárquica y racista, forma la elite burguesa del socialismo. Los niveles de aceptación están dados por el grado de comprometimiento político y el color de la piel, focalizados con fuerza en tres sectores fundamentales, que son la alta clase gobernante y sus ramificaciones en los cuerpos represivos y la militarocracia, devenidos en gerentes y otros cargos de poderosa solvencia económica.
Ocupan los mismos espacios habitacionales expropiados a los burgueses que fueron desplazados a la fuerza. Hoy moran en barrios exclusivos acorde al rango de cada cual, donde en muchos casos está prohibido el acceso peatonal de la ciudadanía.
¿Qué ha cambiado? El gato pardo me da la respuesta: ha cambiado todo para que nada cambie.
Pero más importante que los cambios en el andamiaje estructural son los impactos que generan al interior de la sociedad y en la mentalidad colectiva.
A eso le teme el régimen, debido a que el proceso que se implantó en Cuba fue mediante la fuerza y la imposición, aprovechando la coyuntura populista del momento y el alto grado de analfabetismo en la población, para hacer prevalecer sus ideas, olvidando el compromiso de igualdad y libertad contraídos con el pueblo y sus compañeros de lucha, hecho que llevó a muchos de esos mismos rebeldes que vieron claramente la traición al pueblo y a la palabra empeñada, a la cárcel o el paredón de fusilamiento.
Le teme al reordenamiento psíquico de una nación que ha vivido el flujo y reflujo de un régimen que unilateralmente, hasta que pudo diseñar una constitución acorde a sus conveniencias, gobernó por más de quince años por decretos, y en el que hoy, como siempre, la nueva clase, con su sádica ambición de poder, fomenta estructuras de atrincheramiento ante la verdadera voluntad popular.
Publicado por Primavera Digital, 2012/05/10, No.219
www.primaveradigital.org






jueves, 19 de abril de 2012

La mala política.



Por: Manuel Aguirre Lavarrere

(Mackandal)

El cubano se levanta y se acuesta con la política. En Cuba, la política, lejos de ser un ejercicio ciudadano, constituye un modo de vida y una necesidad partidista. Siempre fue así, hoy lo es también, la única diferencia

es que la política y los políticos halan siempre para un mismo lado.

En Cuba es el estado quien marca las pautas de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que se puede o no decir y hasta de los momentos apropiados para decirlo, siempre que esos momentos y ese mínimo espacio no afecten en lo más mínimo el discurso oficial, que en definitiva es el que debe imperar por encima de la voluntad ciudadana.

Es decir, la soberanía se concentra en lo que disponga el estado. Lo que el ciudadano deba decir o no, siempre debe estar de acuerdo a lo el .estado, el soberano, mediante sus propios intereses disponga.

De modo que una sociedad donde los derechos primordiales y universales del ser humano son violados continuamente y la amenaza a la disidencia interna es un goteo invariable plagado de calumnias y de intenciones que llaman al atropello físico contra personas que sólo portan como arma la palabra y el derecho a disentir, tiene forzosamente que recurrir a la mala política y a la mentira. Tiene forzosamente que deformar la historia y valerse de unos cuantos sicarios intelectuales dispuestos a poner su pluma y sus conocimientos al servicio de la depravación.

Sometida está toda la población cubana. Pero los negros y mestizos, a pesar de que existen algunos beneficios como es el sistema educacional y donde éste segmento de la población se instruye y se gradúa puesto que el balance educacional está parejo y eso lo han demostrado estudios recientes, no goza de los mismos beneficios con los que cuentan los blancos.

En un pasado fue el miedo al negro. Hoy, no están superados del todo los prejuicios raciales. El color de la piel y cierto resentimiento, odio y desconfianza, cuando el control político, social, económico y cultural de la nación están en manos de una sola raza, contribuyen irremediablemente a que el negro sea excluido y que traten a la vez de neutralizar sus aspiraciones de progreso, para como sucede siempre, someterlo y crear un ser humano dependiente y sin más derecho que el de la obediencia al régimen blanco y racista.

Publicado por Primavera Digital, 05/04/2012.

martes, 3 de abril de 2012

Alfa y omega.

Por: Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)

Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores.
José Martí

Al triunfo de la revolución, la mayoría de los cubanos pensaron que se había alcanzado por fin la democracia y que la patria sonreiría para todos. Muy pocos dudaron del compromiso hecho por Fidel Castro con el pueblo cubano durante el juicio del Moncada. Los negros y mestizos pensaron que había llegado la hora de la inclusión ciudadana. Pero todo eso, y lo que vino después, no pasó de ser un desvarío.
Cuando ya el descontento se agudizó y el espejismo de entonces dejó ver la realidad, ya se había contribuido a la traición y fuimos cómplices indirectos de los encarcelamientos políticos, los fusilamientos y los muertos en huelgas de hambre.
Ni siquiera los que en un momento de lucidez se les encendió la luz del entendimiento y optaron por el exilio, pensaron que todo aquel pasado de odio y barbarie, ideado y activado por un régimen, llegaría a ser el presente en el día a día de una Cuba que clama por cambios sustanciales para una ciudadanía obligada a una realidad impuesta para beneplácito de un grupo de ambiciosos y depredadores del derecho patrio y la inclusión de todos sus habitantes.

Fue entonces que la patria retrocedió y devino de una sociedad de clases en una sociedad de castas. Turistas extranjeros con muchos más derechos que los nacionales; militares que acaparan prebendas y poder; y un apellido clavado en el alma de la nación como símbolo de reverencia eterna, alfa y omega de la nación toda, donde la crítica hacia él no cuenta y mucho menos la verdadera historia: Cuba empieza y termina con él.
No obstante, a pesar de las mentiras en los medios de difusión y de existir comandos antimotines equipados con las más modernos equipos de represión, incluidos gases lacrimógenos, la oposición cubana, aun cuando todavía no acaba de unirse en su totalidad, ha logrado llamar la atención y serrucharle el piso a la dictadura.
Todos en Cuba conocen el verdadero sentir popular, ese que los medios oficialistas no muestran. Se aspira a una Cuba martiana y pluripartidista, en la que ningún otro timador haga carrera política al precio del sufrimiento de los cubanos.
Son muchas las atrocidades políticas que se han cometido bajo la protección del ilustre apellido, atentatorio contra todo asomo de equidad ciudadana durante más de cinco décadas. Se pretende justificar la injusticia echando pestes contra los opositores a un régimen nacido de la barbarie y la brutalidad.
La oposición ha contribuido al esclarecimiento de estos hechos mediante una toma de conciencia contra la discriminación al ciudadano. No encaja en la conciencia de los cubanos nada que sea impuesto a base de la traición y el olvido histórico.

Publicado por Primavera Digital, 2012/03/08

San Pedro Claver.

Por: Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Sin querer justificar para nada la complicidad de la iglesia Católica con la conquista y colonización de América, y mucho menos adherirme al entusiasmo por la próxima visita a Cuba del Peregrino de la Caridad, como llaman al Papa Benedicto XVI, quien se reunirá con algunos de la cúpula gobernante y no con sencillos miembros de la oposición, pues parece que así lo manda su dios, sí creo necesario tender un puente para marcar las diferencias entre el monopolio católico y algunos sacerdotes renuentes y abochornados de pertenecer a una entidad que fue cómplice del sostenimiento del régimen esclavista.
Uno de estos sacerdotes lo fue San Pedro Claver, un misionero jesuita nacido en España. Después de haber pasado por Cuba, y ver las atrocidades que se cometían contra seres humanos engañados por el catolicismo que les ofrecía descanso en el más allá, pasó a Cartagena de Indias, Colombia, donde con amor y paciencia supo dar de sí lo mejor y ganarse el cariño y la confianza de los oprimido, al realizar la titánica labor de educarlos y hacerlos sentir seres humanos y también hijos de dios, salvando la honra que otros como él desprestigiaron.
La misma iglesia que sirvió de vigía a los negreros que iban tras los cimarrones, que delató a muchos de los negros que huían del látigo y el bocabajo e iban en busca de refugio hacia el cura y éste los entregaba como perros extraviados de sus dueños, supo también dar hombres como San Pedro Claver.
El Padre Claver; desde 1610 fecha en que llega a Cartagena de Indias hasta 1651, año en que enfermó, realizó su labor diaria en la evangelización y catequesis de los esclavos africanos que llegaban y ya asentados en tierra firme, no tardaba en hablarles del amor a Cristo y de la redención ayudándose de estampas y dibujos y auxiliado por intérpretes negros a los que ya había bautizado.
Consagrado de por vida al servicio espiritual y al sostén material de los negros, fue tanto su amor por esta raza que cuando cesó la trata casi por completo, intentó irse a las costas africanas para seguir
su misión en la misma tierra donde habían cazado como bestias a aquellos que él había conocido y amado como ningún otro después de Cristo.
Viejo y tomado por la epidemia de peste de 1651, por la que quedó casi paralitico, reducido a una maltrecha enfermería, solo ayudado por un negro bozal, murió el Padre Pedro Claver el 8 de septiembre de 1654 en plena fiesta de la Virgen de la Moreneta, por la que sintió siempre gran devoción, allí, en Cartagena de Indias donde dejó su impronta misionera como sólo lo saben hacer los hombres y mujeres de auténtica fertilidad cristiana.
Fue canonizado en 1888 por el Papa león XIII, quien dijo de él: “Después de la vida de Cristo, ninguna ha conmovido tan profundamente mi alma como la del gran apóstol San Pedro Claver.”
Publicado por Primavera Digital, 2012/03/15

jueves, 29 de marzo de 2012

Un libro necesario.




Por: Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales es el título que bajo el sello editorial de Ciencias Sociales se ha puesto a disposición de los lectores cubanos.
Por un panel integrado por personalidades de la cultura y de la temática racial en Cuba, como Tomás Fernández Robaina, la licenciada en historia del arte y cineasta Gloria Rolando, y la teatróloga Inés María Martiatu Terry, el público asistente a una sala a lleno completo en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, pudo debatir y conocer de mujeres afrocubanas que continúan olvidadas por la historiografía nacional.
Especial atención merecen para este periodista los trabajos, En torno a los estereotipos respecto a la afrocubana, de la etnóloga e historiadora María Ileana Faguaga Iglesias, y Mujeres en torno a Minerva, de la doctora en Ciencias Históricas María del Carmen Barcia, este ultimo basado en una rigurosa investigación sobre la primera publicación impresa en Cuba ideada y mantenida por negras y mulatas.
En 1879 fue aprobada por España la ley de imprenta, que a partir de la nueva Constitución dio la oportunidad que afloraran diferentes y variadas publicaciones sociales y políticas. Es en este marco que surge la revista Minerva, publicación encaminada a la educación y al reclamo de derechos de las Afrodescendientes en Cuba, la cual alcanzó en su corto período de existencia una aceptada popularidad y conllevó a una conciencia de sí y a un alto sentido de pertenencia.
Con respecto al primero la autora hace un profundo análisis entre la clase de poder dominante y como éste se inserta, como grupo de presión en la memoria colectiva y en el subconsciente también de la persona humana, fenómeno que conlleva a causar la denigración del individuo y a una autoflagelación del sujeto.
Se asiste entonces a una reflexión que toca fondo con respecto a los problemas de las relaciones raciales y de etnicidad en Cuba, donde se percibe la realidad de la violencia de género por color de la piel y el marginalismo constante al que está expuesta la mujer negra y mestiza mediante una constante construcción y deconstrucción de mitos emanados desde la conciencia del poder dominante.
Libro que aunque editado de forma oficial no puede prescindir de mostrar el racismo que persiste en la Isla y que a diario sufren, a través de viejos y reciclados estereotipos las negras y negros, de una Cuba que hacia afuera se muestra humana y solidaria, mientras que hacia adentro sufre la metamorfosis de una política xenófoba que trae hermanada y por defecto, la mentalidad del cuero y el negro cimarrón.
makandalmm@yahoo.com