Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
En Cuba se habla mucho de inclusión ciudadana y de oportunidades. Nada difícil resulta ver muchas veces por la televisión a especialistas hablando de los planes que se llevan a cabo a fin de hacer viable este propósito que cada día se distancia más de la realidad y del día a día que padece el cubano de a pie.
Nunca es tarde si realmente existiera una conciencia de inclusión ciudadana, donde, como dicen los medios y políticos, todos tenemos derecho. He aquí la parte que no se concreta, la que siempre tiene un pero atravesado y una coletilla partidista y política.
En Cuba es un hecho que los negros y mestizos viven en permanente exclusión en muchos factores de la vida laboral y constituyen el sector poblacional más empobrecido, llegando a un cálculo por debajo del nivel de pobreza principalmente en las provincias de Pinar del Río y la zona oriental del país.
No es mentira ni nada inventado. Cualquier ciudadano comprobará la afirmación de este artículo con solo llegar a Oriente, donde en cualquiera de sus vericuetos aflora una población mayoritaria negra y maximizada en la pobreza y la falta de oportunidades. Pinar del Rio constituye el otro eslabón, que gracias a la ayuda de Venezuela y tras los ciclones que sufrió, se construyeron algunas casas solidarias, pero donde los negros fueron los menos favorecidos con la repartición de las mismas, teniendo incluso mayores afectaciones por los fenómenos naturales que azotaron a la provincia que agudizaron la miseria en este segmento poblacional pinareño.
Nuestra televisión se cuida mucho de mostrar la realidad del país, pero a veces se le escapan algunas imágenes que constituyen por sí misma el colofón de un país sumido en la pobreza y la falta de incentivo, acompañado de un inmovilismo político como jamás ha vivido Cuba en sus años como república, supuestamente liberada.
jueves, 21 de julio de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
De los miedos concéntricos.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
De las revoluciones que en el mundo han sido, ninguna ha proliferado a favor de las clases desfavorecidas a pesar que han sido por ellas las causas que han llevado a tales contiendas. En América Latina, incluyendo la de Bolívar[1], que dicho sea de paso tuvo una hija mestiza con una esclava a la que reconoció siete años después, han sido todo un fracaso social y un alto precio político para los pueblos de la América de José Martí.
Lo cierto es que la que más cerca estuvo de bombear los tan ansiados beneficios para el pueblo, fue la cubana. Y digo fue, usando el vocablo en pasado porque realmente pasado es la oportunidad que tuvo la revolución para llevar a cabo una autentica y democrática reforma social en la Isla.
Con todo a su favor y un alto grado de simpatizantes en el mundo, pues era la primera en enfrentarse a cara descubierta a la potencia más temida y envidiada del mundo por su desarrollo y sus ganas de crecer, trajo a fin de cuentas el marginalismo e impulsó una discriminación política y racial que deja sin parangón a los otros anteriores gobiernos que ha tenido la nación cubana, a pesar de reconocerse sus avances en materia de salud y educación, y esto para llevarlos bien, donde ninguno de los anteriores avanzó tanto como la llevada a cabo por los gestores de la contienda bélica de 1959.
Pero, ¿dónde quedan los derechos humanos?
En un pueblo cuya cultura totalitaria le inculcó el odio al otro, incluso dentro de las mismas familias por conceptos de disparidad política, donde el rompimiento familiar se cuenta por millones, visible en el éxodo de cubanos que abandonan el país, y donde no pocas madres se convierten en uno y trino para poder ver a sus hijos, dispersos muchas veces en más de un país, ¿dónde quedan los derechos humanos?
Pero aquí no queda el fenómeno de desarraigo patrio. El insilio abarca a buena parte de la población mayoritariamente negra y mestiza, que ha decidido colgar los guantes y no hacerle más el juego a la dictadura. Esta población ha perdido la esperanza y las ganas de vivir son pura quimera en la gran mayoría de los jóvenes de esta raza, donde el presente no les brinda otra cosa que vagancia y jineterismo[2] masculino, con un futuro de obediencia y encarcelamiento. Ahí están las antiguas escuelas en el campo convertidas en prisiones. Aumenta la represión y la resistencia a no dejarse reprimir por un régimen que no admite libertad ciudadana ni política.
Hay una cultura del miedo y un recogimiento a la verdad. Hay un miedo que fluye y una voluntad que lucha por imponer sus verdades, aunque la hora y el ahora del infeccioso polo oficialista, demoren algo más que lo previsto.
[1] En 1829, en la hacienda Mulaló, cerca de Cali, Bolívar reconoce y bautiza a su hija mulata de siete años de edad, María Josefa, fruto de sus amores con la esclava Ana Cleofé Cuero, con la que mantuvo relaciones amorosas en 1821.
[2] Nombre que se le da a los que se dedican a ejercer la prostitución, ya sea femenina o masculina. En Cuba, debido a la falta de oportunidades reales para la población negra y mestiza, existe un por ciento considerable de jóvenes dedicados a ejercer esta práctica.
(Mackandal)
De las revoluciones que en el mundo han sido, ninguna ha proliferado a favor de las clases desfavorecidas a pesar que han sido por ellas las causas que han llevado a tales contiendas. En América Latina, incluyendo la de Bolívar[1], que dicho sea de paso tuvo una hija mestiza con una esclava a la que reconoció siete años después, han sido todo un fracaso social y un alto precio político para los pueblos de la América de José Martí.
Lo cierto es que la que más cerca estuvo de bombear los tan ansiados beneficios para el pueblo, fue la cubana. Y digo fue, usando el vocablo en pasado porque realmente pasado es la oportunidad que tuvo la revolución para llevar a cabo una autentica y democrática reforma social en la Isla.
Con todo a su favor y un alto grado de simpatizantes en el mundo, pues era la primera en enfrentarse a cara descubierta a la potencia más temida y envidiada del mundo por su desarrollo y sus ganas de crecer, trajo a fin de cuentas el marginalismo e impulsó una discriminación política y racial que deja sin parangón a los otros anteriores gobiernos que ha tenido la nación cubana, a pesar de reconocerse sus avances en materia de salud y educación, y esto para llevarlos bien, donde ninguno de los anteriores avanzó tanto como la llevada a cabo por los gestores de la contienda bélica de 1959.
Pero, ¿dónde quedan los derechos humanos?
En un pueblo cuya cultura totalitaria le inculcó el odio al otro, incluso dentro de las mismas familias por conceptos de disparidad política, donde el rompimiento familiar se cuenta por millones, visible en el éxodo de cubanos que abandonan el país, y donde no pocas madres se convierten en uno y trino para poder ver a sus hijos, dispersos muchas veces en más de un país, ¿dónde quedan los derechos humanos?
Pero aquí no queda el fenómeno de desarraigo patrio. El insilio abarca a buena parte de la población mayoritariamente negra y mestiza, que ha decidido colgar los guantes y no hacerle más el juego a la dictadura. Esta población ha perdido la esperanza y las ganas de vivir son pura quimera en la gran mayoría de los jóvenes de esta raza, donde el presente no les brinda otra cosa que vagancia y jineterismo[2] masculino, con un futuro de obediencia y encarcelamiento. Ahí están las antiguas escuelas en el campo convertidas en prisiones. Aumenta la represión y la resistencia a no dejarse reprimir por un régimen que no admite libertad ciudadana ni política.
Hay una cultura del miedo y un recogimiento a la verdad. Hay un miedo que fluye y una voluntad que lucha por imponer sus verdades, aunque la hora y el ahora del infeccioso polo oficialista, demoren algo más que lo previsto.
[1] En 1829, en la hacienda Mulaló, cerca de Cali, Bolívar reconoce y bautiza a su hija mulata de siete años de edad, María Josefa, fruto de sus amores con la esclava Ana Cleofé Cuero, con la que mantuvo relaciones amorosas en 1821.
[2] Nombre que se le da a los que se dedican a ejercer la prostitución, ya sea femenina o masculina. En Cuba, debido a la falta de oportunidades reales para la población negra y mestiza, existe un por ciento considerable de jóvenes dedicados a ejercer esta práctica.
martes, 5 de julio de 2011
Por una Cuba cubana.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Aceptar como realidad el hecho de que la revolución heredó prácticas de exclusión fundamentalmente racistas y económicas, no justifica el reordenamiento del actual racismo que vive y sufre la población más marginada del engranaje social cubano, que son sin duda, los negros y mestizos. Ahora no se vive un racismo de linchamiento físico. Lo que está mayoritariamente en boga es el racismo de linchamiento psíquico. Es el llamado racismo de patria o muerte en el actual modelo socialista cubano.
Las políticas que tratan de analizar y combatir esta enfermedad sociopolítica no lo hacen con capacidad de miras y mucho menos con voluntad política. La voluntad en este caso parte de un segmento de la sociedad civil cubana, donde blancos y negros, alejados de los estertores del poder, tratan de hacer conciencia y llamar la atención sobre uno de los peores daño que padece la nación.
El poder exige fidelidad y agradecimiento como si tales términos fueran una obligación y no un derecho que se gana con transparencia y equidad política. El racismo, tanto como el sexismo y la homofobia son enfermedades políticas descargadas con mea culpa a la sociedad toda.
Los males que hereda la sociedad cubana, son por defecto, males de un poder político y económico en efervescente y putrefacta destrucción, y se reorganizan, como mecanismos de sobrevivencia los que más daño hacen a la sociedad, que son, en el caso de la Cuba actual, un ensayo de apartheid político y económico, donde el negro es forzado a aceptar un paternalismo que lo aniquila, como ser humano, psíquica y mentalmente.
No se debe confundir la leche con la magnesia. Cuando del bienestar y la estabilidad de la nación se trata, hay que tener en cuenta a toda su gente. Igualdad de derechos no conllevan precisamente a la igualdad de oportunidades, y eso es lo que más le falta al negro en Cuba. Raza que no llegó por voluntad propia pero que sí ha hecho aportes fundacionales para el cuajo definitivo de la nación cubana.
Una Cuba verdaderamente cubana, que cumpla con los anhelos históricos de la equidad ciudadana, no lo será nunca si en ella no se alista, irremediablemente, quiérase o no, a los que hoy constituyen el 62% de la población, que son los negros y mulatos.
(Mackandal)
Aceptar como realidad el hecho de que la revolución heredó prácticas de exclusión fundamentalmente racistas y económicas, no justifica el reordenamiento del actual racismo que vive y sufre la población más marginada del engranaje social cubano, que son sin duda, los negros y mestizos. Ahora no se vive un racismo de linchamiento físico. Lo que está mayoritariamente en boga es el racismo de linchamiento psíquico. Es el llamado racismo de patria o muerte en el actual modelo socialista cubano.
Las políticas que tratan de analizar y combatir esta enfermedad sociopolítica no lo hacen con capacidad de miras y mucho menos con voluntad política. La voluntad en este caso parte de un segmento de la sociedad civil cubana, donde blancos y negros, alejados de los estertores del poder, tratan de hacer conciencia y llamar la atención sobre uno de los peores daño que padece la nación.
El poder exige fidelidad y agradecimiento como si tales términos fueran una obligación y no un derecho que se gana con transparencia y equidad política. El racismo, tanto como el sexismo y la homofobia son enfermedades políticas descargadas con mea culpa a la sociedad toda.
Los males que hereda la sociedad cubana, son por defecto, males de un poder político y económico en efervescente y putrefacta destrucción, y se reorganizan, como mecanismos de sobrevivencia los que más daño hacen a la sociedad, que son, en el caso de la Cuba actual, un ensayo de apartheid político y económico, donde el negro es forzado a aceptar un paternalismo que lo aniquila, como ser humano, psíquica y mentalmente.
No se debe confundir la leche con la magnesia. Cuando del bienestar y la estabilidad de la nación se trata, hay que tener en cuenta a toda su gente. Igualdad de derechos no conllevan precisamente a la igualdad de oportunidades, y eso es lo que más le falta al negro en Cuba. Raza que no llegó por voluntad propia pero que sí ha hecho aportes fundacionales para el cuajo definitivo de la nación cubana.
Una Cuba verdaderamente cubana, que cumpla con los anhelos históricos de la equidad ciudadana, no lo será nunca si en ella no se alista, irremediablemente, quiérase o no, a los que hoy constituyen el 62% de la población, que son los negros y mulatos.
viernes, 24 de junio de 2011
Oportunismo y medio de vida





Oportunismo y medio de vida
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Con la presencia del Ministro de cultura, Abel Prieto Jiménez, concluyó el Coloquio sobre el racismo que durante tres días tuvo lugar en el Centro de Estudios para el desarrollo y la cultura, Juan Marinello, en la capital de Cuba.
Evento que en los días que lo precedieron se realizó a cal y canto, con personalidades cubanas escrupulosamente escogidas y algunos estudiosos del tema negro venidos de Puerto Rico, Venezuela y Estados Unidos, los cuales tuvieron el privilegio de exponer sus criterios sin ser interrumpidos y criticar hasta el periódico Granma, órgano oficial al servicio del Partido comunista cubano, derecho que para los cubanos es inadmisible
Pero no fue un evento como el que esperaban muchos de los que tuvieron la oportunidad de ser invitados y otros colados al azar, algo que ocurrió sólo en el último día del programa debido a la brecha que dejaron algunos que decidieron abandonar la sala antes de que se diera por terminado el encuentro.
No era para ellos el derecho a la palabra. Era un derecho destinado solamente a los organizadores del encuentro y a los que éstos considerasen confiables para expresarse.
Se trata de definir el destino de alguien sin que ese alguien tenga derecho a participar. Los grupos independientes de lucha contra el racismo han sido excluidos de los debates que por estos días van teniendo lugar en la Isla. A nombre de los marginados de esta Cuba, han hablado otros, negros y blancos pertenecientes a una clase elitista y de apego sumiso al régimen cubano.
Hoy, a raíz de las constantes denuncias y sanciones impuestas por la ONU que ha recibido el régimen por el abuso constante hacia la población negra y mestiza del país, han surgido muchas personas, algunas con conocimiento consciente del problema y otras sin ninguno, que han aprovechado la temática racial, no para dar solución ni para exponer, corazón adentro, las verdades que agobian a este segmento de la sociedad; sino como un medio de vida que les permita publicar artículos y en nombre de los negros cubanos, ganar viajes al extranjero como un medio de subsistencia, y desconociendo a aquellos, que por su militancia contestataria, pero sobre todo hombres y mujeres dignos que desde hace tiempo han hecho posible el enfoque del problema racial en Cuba.
La credibilidad del evento deja mucho que desear. Y pone en claro que el racismo en Cuba es focalizado, mantenido y alentado desde el centro del poder, con factores negros y blancos, que aunque dicen luchar por la integración racial, lo único que logran es la denuncia constante y el descrédito.
No lo hacen corazón adentro, y mucho menos con la firmeza y valentía que amerita el tema. Hablan, no para el afrocubano ni para blanco alguno. Lo hacen para ser escuchados por el poder, y ganar votos de confianza, para como sucede siempre, resolver lo nuestro desde afuera, viajando y llevar sus desmentidas opiniones a la opinión pública internacional, confundir, y lograr, que los que no viajan, porque no se les permite, puedan llevar al mundo la verdadera situación del negro en Cuba. Que se avergüencen ellos. Los independientes y opositores a un sistema político de esclavitud, seguirán la batalla, por el reconocimiento digno de la hombradía del negro en Cuba.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Con la presencia del Ministro de cultura, Abel Prieto Jiménez, concluyó el Coloquio sobre el racismo que durante tres días tuvo lugar en el Centro de Estudios para el desarrollo y la cultura, Juan Marinello, en la capital de Cuba.
Evento que en los días que lo precedieron se realizó a cal y canto, con personalidades cubanas escrupulosamente escogidas y algunos estudiosos del tema negro venidos de Puerto Rico, Venezuela y Estados Unidos, los cuales tuvieron el privilegio de exponer sus criterios sin ser interrumpidos y criticar hasta el periódico Granma, órgano oficial al servicio del Partido comunista cubano, derecho que para los cubanos es inadmisible
Pero no fue un evento como el que esperaban muchos de los que tuvieron la oportunidad de ser invitados y otros colados al azar, algo que ocurrió sólo en el último día del programa debido a la brecha que dejaron algunos que decidieron abandonar la sala antes de que se diera por terminado el encuentro.
No era para ellos el derecho a la palabra. Era un derecho destinado solamente a los organizadores del encuentro y a los que éstos considerasen confiables para expresarse.
Se trata de definir el destino de alguien sin que ese alguien tenga derecho a participar. Los grupos independientes de lucha contra el racismo han sido excluidos de los debates que por estos días van teniendo lugar en la Isla. A nombre de los marginados de esta Cuba, han hablado otros, negros y blancos pertenecientes a una clase elitista y de apego sumiso al régimen cubano.
Hoy, a raíz de las constantes denuncias y sanciones impuestas por la ONU que ha recibido el régimen por el abuso constante hacia la población negra y mestiza del país, han surgido muchas personas, algunas con conocimiento consciente del problema y otras sin ninguno, que han aprovechado la temática racial, no para dar solución ni para exponer, corazón adentro, las verdades que agobian a este segmento de la sociedad; sino como un medio de vida que les permita publicar artículos y en nombre de los negros cubanos, ganar viajes al extranjero como un medio de subsistencia, y desconociendo a aquellos, que por su militancia contestataria, pero sobre todo hombres y mujeres dignos que desde hace tiempo han hecho posible el enfoque del problema racial en Cuba.
La credibilidad del evento deja mucho que desear. Y pone en claro que el racismo en Cuba es focalizado, mantenido y alentado desde el centro del poder, con factores negros y blancos, que aunque dicen luchar por la integración racial, lo único que logran es la denuncia constante y el descrédito.
No lo hacen corazón adentro, y mucho menos con la firmeza y valentía que amerita el tema. Hablan, no para el afrocubano ni para blanco alguno. Lo hacen para ser escuchados por el poder, y ganar votos de confianza, para como sucede siempre, resolver lo nuestro desde afuera, viajando y llevar sus desmentidas opiniones a la opinión pública internacional, confundir, y lograr, que los que no viajan, porque no se les permite, puedan llevar al mundo la verdadera situación del negro en Cuba. Que se avergüencen ellos. Los independientes y opositores a un sistema político de esclavitud, seguirán la batalla, por el reconocimiento digno de la hombradía del negro en Cuba.
jueves, 16 de junio de 2011
Verdades que brotan solas.

Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Ella es Delia Hernández, una anciana que vive en el municipio de Arroyo Naranjo. Tiene noventa años. Agobiada por la situación habitacional que presenta y con los achaques propios de su edad, esta mujer, de raza negra, no sabe que vuelco darle a su vida
Sabe que en Cuba existe un Bienestar Social que está en el deber de velar por la prosperidad ciudadana. “Sí, lo hay, lo hay, pero yo nunca lo he visto”. El deterioro de las paredes de su casa, parte de madera y parte de bloques está corroído y el techo lleno de huecos. “Han pasado ciclones y nunca me han dado nada, ni una teja ni nada. Todo tiene facultad, que hoy que mañana que pasado porque todo vale dinero”
. Dado el índice de envejecimiento de la población cubana, el gobierno creó desde hace algunos años escuelas de adiestramiento destinadas a auxiliar a las capas más desposeídas de la población. En Cuba existe un número considerable de personas de la tercera edad sin amparo filial. Delia ha sido visitada en algunas ocasiones por los trabajadores sociales. “Sí, pero vienen y qué. Vinieron cuando la cuestión esa de los fogones de gas y esas cosas que dieron, fue cuando vinieron”. “Y no me llevaron el mío, porque estaba roto”. “Tampoco yo quiero televisor, si yo siempre he vivido sin eso”..
Ella cree que no es bueno contar estas cosas, teme tener problemas con la justicia. “Y porque yo hable no me meten presa…Bueno, uno tiene derecho a defender lo suyo.” “Al principio recogían los rotos, pero después los rotos no los recogieron más, porque entonces tenían un complot entre ellos, que si tú trillaba, (dar dinero) entonces te daban el televisor”.
Delia es viuda desde hace años y tuvo cinco hijos, de los cuales perdió a uno. “Bastante trabajo pasó, el pobre. No tenía una colcha, un cuarto bueno, y enfermo. Luchando con lo que yo tenía. Y así. La vida ha sido muy dura, en el otro gobierno y en este”.
Ella recuerda las primeras consignas de la revolución que decían que esta revolución se hizo por los pobres y para los pobres. “Sí, se hizo para los pobres. Pero es que yo veo que los pobres…, algunos pobres vivirán regular, pero yo, que tengo yo. Otra gente no tiene de dónde voy a tener yo. Los demás no me interesan me interesa a mí, bueno, los demás también, pero yo, qué tengo yo.”
“Yo pienso que nunca voy a resolver nada. Creo que me voy a morir y nunca voy a resolver nada.”
A pesar de todo lo que dice todavía le quedan fuerzas para la esperanza. “Yo aspiro a mejorar un poco, salir un poco de la miseria, tener una colcha con que taparme y que no me falte la comida. No quiero más nada”.
(Mackandal)
Ella es Delia Hernández, una anciana que vive en el municipio de Arroyo Naranjo. Tiene noventa años. Agobiada por la situación habitacional que presenta y con los achaques propios de su edad, esta mujer, de raza negra, no sabe que vuelco darle a su vida
Sabe que en Cuba existe un Bienestar Social que está en el deber de velar por la prosperidad ciudadana. “Sí, lo hay, lo hay, pero yo nunca lo he visto”. El deterioro de las paredes de su casa, parte de madera y parte de bloques está corroído y el techo lleno de huecos. “Han pasado ciclones y nunca me han dado nada, ni una teja ni nada. Todo tiene facultad, que hoy que mañana que pasado porque todo vale dinero”
. Dado el índice de envejecimiento de la población cubana, el gobierno creó desde hace algunos años escuelas de adiestramiento destinadas a auxiliar a las capas más desposeídas de la población. En Cuba existe un número considerable de personas de la tercera edad sin amparo filial. Delia ha sido visitada en algunas ocasiones por los trabajadores sociales. “Sí, pero vienen y qué. Vinieron cuando la cuestión esa de los fogones de gas y esas cosas que dieron, fue cuando vinieron”. “Y no me llevaron el mío, porque estaba roto”. “Tampoco yo quiero televisor, si yo siempre he vivido sin eso”..
Ella cree que no es bueno contar estas cosas, teme tener problemas con la justicia. “Y porque yo hable no me meten presa…Bueno, uno tiene derecho a defender lo suyo.” “Al principio recogían los rotos, pero después los rotos no los recogieron más, porque entonces tenían un complot entre ellos, que si tú trillaba, (dar dinero) entonces te daban el televisor”.
Delia es viuda desde hace años y tuvo cinco hijos, de los cuales perdió a uno. “Bastante trabajo pasó, el pobre. No tenía una colcha, un cuarto bueno, y enfermo. Luchando con lo que yo tenía. Y así. La vida ha sido muy dura, en el otro gobierno y en este”.
Ella recuerda las primeras consignas de la revolución que decían que esta revolución se hizo por los pobres y para los pobres. “Sí, se hizo para los pobres. Pero es que yo veo que los pobres…, algunos pobres vivirán regular, pero yo, que tengo yo. Otra gente no tiene de dónde voy a tener yo. Los demás no me interesan me interesa a mí, bueno, los demás también, pero yo, qué tengo yo.”
“Yo pienso que nunca voy a resolver nada. Creo que me voy a morir y nunca voy a resolver nada.”
A pesar de todo lo que dice todavía le quedan fuerzas para la esperanza. “Yo aspiro a mejorar un poco, salir un poco de la miseria, tener una colcha con que taparme y que no me falte la comida. No quiero más nada”.
jueves, 9 de junio de 2011
Pobre negro Guillermo.
Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
A Guillermo Solórzano Quiñones se le cayó la casa. No fue un mal tiempo ni un huracán lo que provocó el colapso de la vivienda. El deterioro progresivo por tantos años de penurias y limitadas posibilidades para arreglarla incitó su total derrumbe. Guillermo tocó las puertas de los encargados de resolver su situación y ninguno le dio el frente.
Era un habitáculo de apenas cuatro metros y se quedó en la calle, pues nunca los encargados de vivienda del municipio Bauta pudieron cumplir con ofertarle el material que necesitaba para levantarla y seguir quieto en su rincón, yendo a las asambleas de su religión y viviendo como siempre ha vivido, honradamente.
Fue una hermana de su fe religiosa la que le tendió la mano. Estaba enferma y se vio en la necesidad de acogerse a un asilo de ancianos pero con la ilusión de volver. Entonces le dijo a Guillermo que la ocupara hasta que ella pudiera regresar, algo que nunca ocurrió, pues murió en el asilo unos meses después y Guillermo continúo viviendo el habitáculo con la esperanza de verla algún día como bien reza la doctrina de los testigos de Jehová, a la que ambos pertenecían.
Después de permanecer por algo más de once años habitando la casa, o para precisar las cosas, en su cuarto de apenas unos cuatro metros, pues anteriormente había sido dividido para dar cobijo a otra familia.
Pero Guillermo se sentía bien en aquella estrechez. Nunca aspiró a más y lo satisfacía el hecho de saber que al menos no tenía que dormir en la calle ni se sintió molesto al ver que en unos meses, en el lugar que había sido su vivienda, se levantaba ahora una fortalecida mansión gracias al poder económico de su primo que prometió ayudarlo y nunca lo hizo.
Después de once años de vivir aquella casa, las autoridades se le aparecieron un día. Fue una visita relámpago. Pero no para resolverle su caso; sino para comunicarle que necesitaban el habitáculo para dárselo a la vecina de al lado, pues según le comunicaron, hay una ley disponible que consiste en cuando se vive en habitaciones de usufructo gratuito, es decir en ciudadelas o cuarterías como es el caso de él y la persona de al lado se ausenta definitivamente o muere, esa parte se le agrega a la del lado con el objetivo de ir disminuyendo las cuarterías.
Guillermo no sabe nada de leyes y no consiguió a nadie que lo orientara en ese caso y tuvo que desalojarse y volver de donde había sido recogido por esa hermana de religión: La calle. Y en la calle permanece hasta hoy. Ahora con sesenta y cuatro años a cuesta, sin trabajo y sin jubilación, viviendo más de la caridad pública que de algún que otro trabajo que pueda realizar como chapear un patio o hacer algún que otro mandado a domicilio, y sin esperanza de resolver su caso, sin que hasta hoy ningún funcionario de la localidad lo haya llamado ni siquiera para saludarlo.
(Mackandal)
A Guillermo Solórzano Quiñones se le cayó la casa. No fue un mal tiempo ni un huracán lo que provocó el colapso de la vivienda. El deterioro progresivo por tantos años de penurias y limitadas posibilidades para arreglarla incitó su total derrumbe. Guillermo tocó las puertas de los encargados de resolver su situación y ninguno le dio el frente.
Era un habitáculo de apenas cuatro metros y se quedó en la calle, pues nunca los encargados de vivienda del municipio Bauta pudieron cumplir con ofertarle el material que necesitaba para levantarla y seguir quieto en su rincón, yendo a las asambleas de su religión y viviendo como siempre ha vivido, honradamente.
Fue una hermana de su fe religiosa la que le tendió la mano. Estaba enferma y se vio en la necesidad de acogerse a un asilo de ancianos pero con la ilusión de volver. Entonces le dijo a Guillermo que la ocupara hasta que ella pudiera regresar, algo que nunca ocurrió, pues murió en el asilo unos meses después y Guillermo continúo viviendo el habitáculo con la esperanza de verla algún día como bien reza la doctrina de los testigos de Jehová, a la que ambos pertenecían.
Después de permanecer por algo más de once años habitando la casa, o para precisar las cosas, en su cuarto de apenas unos cuatro metros, pues anteriormente había sido dividido para dar cobijo a otra familia.
Pero Guillermo se sentía bien en aquella estrechez. Nunca aspiró a más y lo satisfacía el hecho de saber que al menos no tenía que dormir en la calle ni se sintió molesto al ver que en unos meses, en el lugar que había sido su vivienda, se levantaba ahora una fortalecida mansión gracias al poder económico de su primo que prometió ayudarlo y nunca lo hizo.
Después de once años de vivir aquella casa, las autoridades se le aparecieron un día. Fue una visita relámpago. Pero no para resolverle su caso; sino para comunicarle que necesitaban el habitáculo para dárselo a la vecina de al lado, pues según le comunicaron, hay una ley disponible que consiste en cuando se vive en habitaciones de usufructo gratuito, es decir en ciudadelas o cuarterías como es el caso de él y la persona de al lado se ausenta definitivamente o muere, esa parte se le agrega a la del lado con el objetivo de ir disminuyendo las cuarterías.
Guillermo no sabe nada de leyes y no consiguió a nadie que lo orientara en ese caso y tuvo que desalojarse y volver de donde había sido recogido por esa hermana de religión: La calle. Y en la calle permanece hasta hoy. Ahora con sesenta y cuatro años a cuesta, sin trabajo y sin jubilación, viviendo más de la caridad pública que de algún que otro trabajo que pueda realizar como chapear un patio o hacer algún que otro mandado a domicilio, y sin esperanza de resolver su caso, sin que hasta hoy ningún funcionario de la localidad lo haya llamado ni siquiera para saludarlo.
martes, 7 de junio de 2011
Asumir al negro desde el negro.
Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
Cuando los afrocubanos logren asumirse como tales y tomar conciencia de su valía racial y dejen de asumir los patrones que nos vienen impuestos desde la colonia, que inculcan y sugieren lo bello, siempre impuesto desde afuera y con puntos de vista que denigran lo negro como foco negativo, y logran que nos veamos feo y rechacemos nuestros rasgos auténticos, como boca, nariz, cabello, en lugar de asumirlos con el orgullo que debe asumirse, estaríamos mejor condicionados para enfrentar el rechazo y el miedo al negro.
No están más cerca de los ideales de belleza, aquellos que desesperadamente, asumen sin mirar las consecuencias, los rasgos europeos como punto culminante del concepto de divinidad y perfección física y de inteligencia, originado por los promotores del racismo y las categorías raciales en América, que fueron precisamente los europeos, y especialmente los españoles,
No fue Estados Unidos quien trazó las líneas de las diferencias raciales entre blancos, negros y mestizos, donde ciertamente, en esta categoría del mestizaje, fueron precisamente los españoles los protagonistas principales, que olvidaron que en la prolongada guerra de la Reconquista de España, árabes e ibéricos se esclavizaban mutuamente.
En América también lo fueron, bien por deseo propio de la negra cautiva, o violada como sucedió en la mayoría de los casos por hacendados y sus descendientes. Historia que se repite en la Cuba de hoy, dada la crisis económica que atraviesa la nación, que obliga a muchas jóvenes afrocubanas, a asumir como mecanismo de autodefensa ante el rechazo y menoscabo a sus capacidades, la prostitución con extranjeros como vía de sobrevivencia.
Es precisamente el afrocubano quien debe cambiar todas las ideas y visiones negativas del negro sobre el mismo negro. De esta manera estaríamos asumiendo una posición que facilite la igualdad entre todos los componente étnico de la nación, y no caer bajo ningún concepto en un marasmo de autosegregación a todo lo que no sea negro, algo que puede resultar peligroso e irracional y nos alejaría del propósito fundamental de nuestra lucha, que es buscar la igualdad y la inclusión de todos los cubanos. Hay que estar consciente de que la lucha no es fácil, pero estamos en el camino para repensar nuestra lucha contra el racismo desde nuestra propia visión como negros. Interiorizar como bello nuestros rasgos fisiológicos y asumirlos, no por defecto, porque no lo son, sino como autenticas características de la belleza negra. Porque no hay duda de que somos bello.
(Mackandal)
Cuando los afrocubanos logren asumirse como tales y tomar conciencia de su valía racial y dejen de asumir los patrones que nos vienen impuestos desde la colonia, que inculcan y sugieren lo bello, siempre impuesto desde afuera y con puntos de vista que denigran lo negro como foco negativo, y logran que nos veamos feo y rechacemos nuestros rasgos auténticos, como boca, nariz, cabello, en lugar de asumirlos con el orgullo que debe asumirse, estaríamos mejor condicionados para enfrentar el rechazo y el miedo al negro.
No están más cerca de los ideales de belleza, aquellos que desesperadamente, asumen sin mirar las consecuencias, los rasgos europeos como punto culminante del concepto de divinidad y perfección física y de inteligencia, originado por los promotores del racismo y las categorías raciales en América, que fueron precisamente los europeos, y especialmente los españoles,
No fue Estados Unidos quien trazó las líneas de las diferencias raciales entre blancos, negros y mestizos, donde ciertamente, en esta categoría del mestizaje, fueron precisamente los españoles los protagonistas principales, que olvidaron que en la prolongada guerra de la Reconquista de España, árabes e ibéricos se esclavizaban mutuamente.
En América también lo fueron, bien por deseo propio de la negra cautiva, o violada como sucedió en la mayoría de los casos por hacendados y sus descendientes. Historia que se repite en la Cuba de hoy, dada la crisis económica que atraviesa la nación, que obliga a muchas jóvenes afrocubanas, a asumir como mecanismo de autodefensa ante el rechazo y menoscabo a sus capacidades, la prostitución con extranjeros como vía de sobrevivencia.
Es precisamente el afrocubano quien debe cambiar todas las ideas y visiones negativas del negro sobre el mismo negro. De esta manera estaríamos asumiendo una posición que facilite la igualdad entre todos los componente étnico de la nación, y no caer bajo ningún concepto en un marasmo de autosegregación a todo lo que no sea negro, algo que puede resultar peligroso e irracional y nos alejaría del propósito fundamental de nuestra lucha, que es buscar la igualdad y la inclusión de todos los cubanos. Hay que estar consciente de que la lucha no es fácil, pero estamos en el camino para repensar nuestra lucha contra el racismo desde nuestra propia visión como negros. Interiorizar como bello nuestros rasgos fisiológicos y asumirlos, no por defecto, porque no lo son, sino como autenticas características de la belleza negra. Porque no hay duda de que somos bello.


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